La nueva estación de trenes de Atotxa ya va mostrando su configuración final y, a buen seguro, no dejará conforme a muchos ciudadanos, al menos, en lo relativo a la conexión de Egia con el Centro. Llevábamos más de 50 años cruzando la estación a través de un pasaje subterráneo oscuro (o mal iluminado), pintarrajeado (cuando no sucio), siempre con goteras (que se filtraban desde las vías), y a veces hasta inundado (cuando el Urumea se crecía demasiado), por no hablar de la sensación de inseguridad que daba el atravesarlo a altas horas de la noche. Muchos teníamos la esperanza de que entre el Ayuntamiento y los técnicos de Adif encontrarían una solución más acorde con los tiempos y, desde luego, con lo que los vecinos de Egia se merecen.
Atento a esta ocasión de mejorar la conexión peatonal de Egia con el Centro de Donostia, hace ya más de cinco años le sugerí por escrito al Ayuntamiento la idea de una pasarela que conectara en superficie el espacio abierto delante de Tabakalera con la nueva plaza sobre las vías. La respuesta que me dio el Ayuntamiento fue que les parecía una buena idea pero que “podía tener problemas de servidumbres”, lo cual era obvio, pero solucionable.
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Hace ya unos cuatro años que envié al Ayuntamiento otra idea más fácil de realizar. Proponía un bidegorri fijo, dos rampas rodantes de 1,5 metros de ancho y una marquesina protectora de cristal, manteniendo el ascensor para discapacitados y salvaguardando (sin tocarlo), la integridad del edificio de Tabakalera. Entonces era el momento de dejar la estructura de apoyo integrada en la nueva plaza. Me temo que los vecinos de Egia tendremos que seguir otros 50 años más pasando por un túnel más largo y más profundo que el anterior (las pendientes de entrada y salida son notablemente más elevadas). Seguiremos soportando las goteras (algunas, inevitablemente, ya han aparecido). Y, como novedad, tendremos que atravesar a diario la zona comercial de las dos estaciones.
¿Nadie del Ayuntamiento ha visto el verano pasado, durante todas las mañanas, las oleadas de gente entrando hacia la estación de autobuses o saliendo hacia el Centro por la boca que da al Urumea? Gente con maletas, gente con sombrillas y cestas de playa, gente con carritos de niño, gente con patinetes y bicicletas, todos por la misma entrada/salida de siempre. ¿Qué va a pasar cuando a esa gente se sume el flujo procedente del tráfico ferroviario?
Por último, quiero hablar de la seguridad: mi madre tenía que cruzar el viejo túnel todas las noches al salir de su trabajo; muchas, muchas noches prefería coger un taxi que cruzar por él; afortunadamente ya está felizmente jubilada. Pero ahora, ¿alguien se va a atrever a cruzar ese túnel después de las 11 de la noche? Las estaciones, de trenes o de autobuses, siempre fueron lugares propicios a la picaresca y receptáculo de personajes singulares. Ahora los tiempos han cambiado, … y en temas de seguridad no estamos yendo, precisamente, a mejor.
Sinceramente, espero que alguien esté buscando soluciones para todo esto. Habrá que hacer algo.