Mirando a la realidad política vasca lo veo así: vamos dando pasos con futuro, promoviendo avances positivos y alternativas alcanzables, aunque la situación socio-política tiene sus desvaríos. Mirando al mundo internacional, reconozco que la ley del más fuerte es lo que marca, pero no es ni ético ni democrático. Estados Unidos, Rusia y China van marcando, es más, parece que casi quieren dominar al planeta Tierra. Veo a la Unión Europea en declive y en crisis. Aún y todo, es importante no bajar la guardia ni el quehacer democrático. Veo el futuro con cierta esperanza.
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Se suele decir que los niños son realistas y dicen con sinceridad lo que ven. Luego, cuando uno llega a ser joven, se vuelve más idealista y sueña un futuro que todavía no ha alcanzado. Y ya con la madurez se vuelve más escéptico. Los tropiezos y dificultades le hacen dudar de muchas cosas. Y ya mayor, relativiza y afronta el futuro con más calma, paz y serenidad. Realismo, idealismo, escepticismo y mística son cuatro escalones vitales, cada uno con sus luces y sombras, y con sus pros y contras que debemos asumir. El buen político, el estadista de categoría, nace y se hace. No sirve cualquiera para político.
La política es una misión delicada que exige inteligencia, esfuerzo y, sobre todo, aguda intuición para el diálogo, el pacto y la resolución rápida y eficaz de los problemas. Hay que dignificar la política, porque es indispensable para conseguir el bien común. De lo contrario, la política, en general, se desprestigia y no logra alcanzar su objetivo principal, que es el servicio eficaz al bien común.