Javier Hernáez
párroco jubilado de altza-larratxo

Javier Hernáez: "Menudo marrón tiene el obispo que venga en sustitución de Munilla"

08.01.2022 | 00:51
Javier Hernáez en Pasai Antxo, donde reside.

Aquejado de problemas de salud, el sacerdote Javier Hernáez, un cura atípico y discordante con la doctrina de la Iglesia, deja su cargo al frente de la parroquia Altza-Larratxo

pasaia – Las misas, casi idénticas en la mayor parte de iglesias, se convertían con este pasaitarra de 67 años en ceremonias religiosas diferentes. Javier Hernáez deja de estar al frente de la parroquia a la que ha prestado servicio durante más de cuatro décadas. Muy crítico con la gestión del obispo José Ignacio Munilla, advierte a quien tome su relevo: "Ya puede encomendarse a Dios y al diablo".

¿Por qué su prejubilación?

–La jubilación de los curas suele ser a los 75 años y yo lo he hecho a los 67 por problemas de salud. Me encontraba saturado de trabajo. Tuve un cáncer de próstata que se me reprodujo y después sufrí un infarto. Mi vida era muy estresante. Me involucro mucho con la gente, no tengo medida, y por eso he buscado deshacerme de la carga de asumir esas responsabilidades.

Usted es un hombre de acción. ¿Qué nuevos retos se plantea?

–Voy a comenzar como voluntario en el comedor de Aterpe de Cáritas en el turno de tarde-noche. Es ese momento del día en el que las personas que viven en la calle vienen a dormir, destrozadas y cansadas. Se encuentran al límite de la miseria humana y hace falta brindarles una acogida, escucharles. Con la pandemia han aflorado más de 200 personas de vida de calle en Donostia. En Altza me sorprendió saber de chavales que vivían en chabolas.

¿Pero el chabolismo en Gipuzkoa no se había erradicado?

–La realidad dice que no. Fue en marzo del año pasado cuando conocí esa situación, que afloró a raíz de la pandemia. A este respecto, no entiendo por qué se sigue utilizando el criterio de abrir el local municipal del frío solo a partir de una determinada temperatura.

Su voz siempre ha sido discordante. ¿Qué le dijo Munilla cuando le planteó la jubilación?

–Se lo comuniqué el 22 de octubre. Me lo pensé mucho. Llevaba quince años al cargo de las parroquias y vivía muy estresado. "Por favor, vengo a pedirte que me concedas la jubilación anticipada". Se lo dije con mucha educación, le expliqué los motivos y se quedó un poco sorprendido.

¿No le dijo nada más?

–Aunque no se lo dije en ese momento, me molestó que enviaran a la parroquia a un cura nombrado por Munilla en contra de mi voluntad.

¿Lo enviaron para atarle en corto?

–No, qué va. Para Munilla, con tal de que se celebren misas es suficiente, y voy a poner un ejemplo. A mí me sustituyen tres curas de la India, un africano y el párroco de Pasai San Pedro. Munilla les ha dicho que tienen que celebrar una misa diaria en Altza, cuando en realidad a la Parroquia de San Marcial acude a diario una, dos o tres personas a lo sumo. El desacuerdo con Munilla fue el tercer motivo para dejar la parroquia.

¿Se ha sentido presionado durante estos años?

–Bueno, me ha sometido a varias entrevistas por supuestas declaraciones mías.

¿Han sido doce años difíciles?

–Sobre todo al principio, hasta que ves que no hay solución y de alguna manera te adaptas. Es el peor obispo que ha pasado por Donostia de los tres que he conocido durante mi actividad. Es una persona que no ha aceptado la diferencia y que siempre ha tratado de imponer la doctrina y la liturgia por encima de cualquier otra consideración. Ha habido de todo, como la venta o alquiler de patrimonio sin consultar con nadie, o la propia distribución de la diócesis en cuatro arciprestazgos, que es la jugada más rastrera que se puede llegar a hacer.

¿Por qué?

–Porque se ha cargado la capacidad de reunión de los grupos parroquiales. Este hombre ha fomentado la falta de organización eclesial en la base de la Iglesia. Ha sido lo peor, por no decir que ha traído a más de 40 curas –algunos de ellos guipuzcoanos– que ni se han formado ni han vivido aquí. Ha cambiado la fisionomía de la Iglesia guipuzcoana, que ha pasado de ser comprometida y cercana a litúrgica, formal e incluso medieval.

Se le ve enfadado.

–Es que lo estoy.

¿Y qué va a pasar con todos esos sacerdotes de la órbita de Munilla repartidos por el territorio?

–Pues no lo sabemos. En primer lugar, habrá que saber qué obispo va a venir.

¿Un jesuita?

–Ni idea. Hace tiempo que se viene hablando de un claretiano. No lo sé, pero ya se puede encomendarse a Dios y al diablo.

¿Por qué?

–Porque ahora mismo es necesario hacer una auditoría económica. Durante los últimos años no se sabe lo que ha pasado aquí, en la diócesis. Los anteriores gestores económicos aseguran que había dinero suficiente como para no tener que vender nada. Pues bien, en doce años Munilla ha vendido mucho patrimonio. Si se hace, que sea para repartirlo entre el clero. Antes de vender un edificio que es fruto de las donaciones de tanta gente, vendería, por ejemplo, el Museo Diocesano. ¿Para qué coño queremos una cruz de oro o una estatua del siglo XII? Que se venda. No se puede alardear de tener todo ello habiendo situaciones de necesidad. ¿Guardar el tesoro para qué?

Bueno, es el proceder de la Iglesia en los últimos 2.000 años.

–Sí, por eso no me gusta (sonríe).

¿No es curioso que la sociedad, huérfana de fe y vocaciones, se entregue en masa a la celebración de la Navidad?

–La fiesta social nada tiene que ver con la Navidad, que es el nacimiento de un niño. Se mezcla todo. Nochevieja no es Navidad, lo es el 24 y 25. Hay una mezcla de lo civil y religioso que da pie a situaciones curiosas.

¿A qué se refiere?

–Voy a poner un ejemplo de la época en que gobernaba Bildu en Donostia. Nosotros organizábamos la Cabalgata de Reyes en el parque Harria de Altza. Contábamos con una subvención de 300 euros del Ayuntamiento. Pues bien, nos la quitaron. No me lo podía creer. La izquierda abertzale no tuvo la valentía suficiente de eliminar la festividad de los Reyes en el centro de Donostia pero sí lo hizo en nuestro barrio. Hay que ser miserable. Adujeron que no subvencionaban reyes, pero ahí estaban los camellos por La Concha.

Se ha curtido como párroco durante cuatro décadas en un barrio obrero como Larratxo. ¿Qué encontró a mediados de los 80, cuando el obispo emérito Setién le encomendó la tarea de tomar las riendas de la nueva parroquia?

–Me encontré mucho consumo de droga y mucha inseguridad, algo que actualmente no tiene ni punto de comparación. Entonces había patrullas ciudadanas. La gente se organizaba para evitar el robo en comercios. En dos tres años oficié más de 20 funerales de chavales menores de 23 años muertos por la droga. Aquello era un drama. No hacía falta liturgia sino personas al servicio de la comunidad. Lo de menos es que vayas o no a misa. Una realidad así era muy difícil de encontrar en el centro de Donostia. Siempre me he identificado mucho con Altza.

Durante estos años ha tomado parte en múltiples movilizaciones y actos de denuncia ante el problema de la vivienda y el desempleo. ¿El trabajo de la Iglesia está fuera del templo?

–Sí, y actuar fuera de él te da una perspectiva diferente. Cuando solo se le da importancia a la liturgia, a la doctrina y a la Iglesia, se pierde algo tan importante como es la posibilidad de aprender. De puertas adentro haces y deshaces, organizas la misa y das el sermón, pero hace falta salir y escuchar. Si algo le tengo que achacar a este obispo es que no escucha. ¡Oye, pero le da igual!

¿Ve necesario un cambio estructural?

–¡Es que seguimos mandando a Roma el número de bautizos, confirmados y casados de cada parroquia! No es más que estadística que no sirve para nada. Creo que las parroquias como tales tienen que desaparecer y organizarse por grupos comunitarios más reducidos presididos por uno que no sea cura.

¿Y por qué no una?

–Sin duda. En Larratxo hace ya mucho tiempo que los segundos domingos de mes ofician la misa una monja y un seglar, en contra de lo que muchos curas pensaban. No tiene por qué haber un cura en una comunidad que diga lo que tienen que hacer. Hace falta saltarse la doctrina porque casi siempre es opresora y aplastante.

¿Por ejemplo?

–Sin ir más lejos, cuando el obispo llegó diciendo que la homosexualidad era una enfermedad y que había curado a dos chavales. Con ese tipo de manifestaciones estás diciendo a las familias que tienen a un hijo enfermo. Me aturde semejante osadía.

¿Es previsible que el nuevo obispo deje de ver a las personas homosexuales como enfermas?

–Espero, porque el único enfermo aquí es el obispo saliente. Menudo marrón tiene quien le suceda a Munilla con el desbarajuste que ha dejado en la diócesis. Es complicado poner de nuevo todo esto en marcha, con un clero muy envejecido y los más jóvenes con una manera de pensar muy concreta. A Munilla le ha dado igual que hayan dimitido cuatro arciprestes por el camino. Ha actuado como los cabestros.

No deja de hablar de Munilla...

–Es que han sido muchos años trabajando de una manera muy concreta para que venga alguien y lo estropee. Me siento mal. Es como si te dicen con una sonrisa que todo lo que has hecho no sirve para nada.

¿Hay realmente un cambio de ciclo en la Iglesia vasca?

–Creo que sí. El obispo de Bilbao actual no tiene nada que ver con Mario Iceta, y quien venga aquí seguro que tampoco respecto a Munilla. Pero existe un problema que trasciende a la persona. Hay compañeros míos de 75 años que se tenían que haber jubilado y siguen ahí. ¿Con qué fuerzas renovadas van a hacer nuevos planteamientos?

Sus palabras destilan cierta desesperanza...

–Tengo esperanza en las personas de base, que son lo mejor de la Iglesia, pero no en la cúpula eclesial que se siente en posesión de la verdad diciendo lo que le viene en gana. ¿Quién soy yo para decir a una familia que su hijo es un enfermo por su orientación sexual?

¿Falta humildad?

–A este obispo, desde luego. En cierta ocasión en la que señalé que Munilla estaba llevando a cabo prácticas de la Edad Media me llamó para pedirme explicaciones. Le dije que sí, que sus prácticas religiosas eran una reliquia, de la misma manera que antes se veneraba una tela o un trozo de madera de la Cruz. Transcurridos diez minutos, le dije que si tenía algo más que decirme, que no tenía tiempo para más chorradas.

¿La pandemia nos tiene desorientados y sin referentes?

–El papel de la Iglesia pasó a ocuparlo el Estado, pero ambos han corrompido el mensaje originario. Y llega una pandemia que nos hace sentir a todos como pollo sin cabeza. Tampoco los científicos han arrojado demasiada luz. Creo muy necesario fijarse y escuchar a aquellas personas que obran de corazón con generosidad. Es curioso que cada vez que hay un campaña solidaria, la sociedad responde, pero no lo hace en el día a día mediante la escucha a los más vulnerables.

¿Por qué se asocia la ternura o la compasión a la debilidad?

–¿Pero cuál es el problema cuando una persona se muestra débil? ¿Quiénes son los fuertes? ¿Quiénes más poseen y acumulan? Dentro de 50 años van a estar criando malvas, como yo.

¿En medio de todo este desconcierto Jesús sigue teniendo mucho que decir?

–Yo creo que sí. Siempre estará con los débiles, con los más vulnerables, a quienes no se tiene en cuenta. Es un mensaje muy claro pero poco atractivo. Yo no creo en los dogmas de la Iglesia. ¿Cómo voy a creer que la Virgen María fue concebida por orden del Espíritu Santo? ¿Cómo voy a creer semejante estupidez? ¿Cómo voy a creer que María está en el cielo en cuerpo y alma? Los dogmas se establecieron en su día, pero no me interesan, soy protestante. Nadie en su sano juicio puede decir que María está en el cielo en cuerpo y alma, a no ser que esté fumado.

¿Ha atendido a muchos apóstatas?

–Han sido unos diez o doce durante los diez últimos años, cuando antes nadie venía a hacer apostasía. Es una pena que se vayan, que decidan renunciar de la vida de la fe cuando en realidad no han conocido a Jesús.

¿Le vamos a seguir viendo en manifestaciones en favor de los más débiles?

–Sí. Lo que no puede ser es que se dé luz verde en Altza a viviendas de protección oficial a 240.000 euros y luego se plantee un salario social. ¿Por qué se pide semejante suma para acceder a una vivienda social? Es como cuando se pide consumir en el pequeño comercio y a su vez se fomenta un centro como Garbera. Los referentes de la moralidad no existen.

El nuevo obispo de Bilbao, Joseba Segura, es uno de los prelados que ha pedido que se investiguen los casos de pederastia en la Iglesia católica. Aquí el caso más sonado ha sido el de Juan Kruz Mendizabal, 'Kakux', exvicario general de Gipuzkoa. ¿Usted también es de los que sostiene que fue sometido a un linchamiento mediático?

–Sí, me parece un escándalo que apareciera varios días su imagen en los medios.

Pero si ocurrió lo que ocurrió, ¿cuál es el problema?

–Que cuando personas de otros ámbitos incurren en los mismos delitos, no aparecen con tanta profusión porque no son relevantes, no son curas.

¿Quiere decir que hay una doble moral social a la hora de juzgar estos hechos?

–Sí. Vende mucho que un cura vicario general haya tocado a niños.

¿Y no son hechos condenables?

-Sin ninguna duda. Los condeno con rotundidad, pero debe hacerse siempre. De hecho, hace falta que la Iglesia no oculte ni tape estos casos, y además es necesario que se juzguen por un tribunal civil y no eclesial.

¿El papa Francisco tiene margen para el cambio?

–No.

¿Con la Iglesia hemos topado?

–No, con el Vaticano.

 


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