José Antonio Iribarren
jefe de la unidad de enfermedades infecciosas de la osi donostialdea

Coronavirus en Gipuzkoa: "Cuando había 30 o 40 ingresos al día por covid, pensaba: ¿Cuándo va a parar esto?"

16.10.2021 | 00:54
Coronavirus en Gipuzkoa: "Cuando había 30 o 40 ingresos al día por covid, pensaba: ¿Cuándo va a parar esto?"

José Antonio Iribarren es el jefe de servicio de la Unidad de Enfermedades Infecciosas de la OSI Donostialdea, así que pocas voces más cualificadas que la suya para hablar del covid: tanto del último año y medio como de lo que podemos esperar

donostia – El doctor Iribarren lo tiene muy claro y así lo transmite. Si en su momento fue el confinamiento lo que "salvó muchas vidas", ahora la mejoría de la pandemia se debe a la vacunación. Reconoce que la sanidad no estaba preparada para una pandemia "tan explosiva" como la del covid.

Ha pasado año y medio desde el inicio de la pandemia. ¿Cómo son esos comienzos en el hospital? ¿Cuándo se dan cuenta de que iba a ser una cuestión grave?

–A primeros de enero (de 2020) ya tuvimos noticia de lo que estaba empezando a pasar en China y desde finales de ese mes, como unidad y hospital, ya nos fuimos preparando para lo que podía llegar, pero no pensábamos que iba a tener las características de explosividad que ha tenido. Desde la gripe de 1918 no se había vivido una pandemia de estas características y la gravedad de la gripe A de hace unos años fue muy baja, y esto fue un factor que nos tenía, de alguna forma, desentrenados. Además, nos encontramos con una infección silente, que la transmitía gente asintomática. El primer paciente con covid ingresa aquí el 3 de marzo, el segundo el día 9, el tercero el día 12, el 17 ya fueron seis y luego fue algo absolutamente explosivo hasta llegar a los 213 hospitalizados el 29 de marzo. Fue el confinamiento lo que salvó muchas vidas, porque desde el 14 al 29 de marzo iban subiendo los ingresos, y después de esas dos semanas en casa la cifra fue bajando.

¿Un hospital puede estar preparado para eso? ¿Estuvieron desbordados en algún momento?

–Una vez que sucedió, el hospital sí supo dar respuesta. Muchos servicios nos dedicamos a eso, el 80% de nuestra plantilla se dedicó al covid, también parte importante de medicina interna y médicos de otras especialidades. Guardo con cariño un listado de muchos cirujanos de otras especialidades del hospital que se ofrecieron para ayudar si el número de casos iba a más. Sabiendo que era algo inesperado, el hospital supo dar respuesta. Fue más problemática la unidad de intensivos, que tiene la capacidad que tiene. Ahí la unidad de anestesia y reanimación ayudó. Mi impresión es que el hospital supo dar respuesta con mucha profesionalidad.

¿Y a nivel personal, como jefe de la Unidad, cómo lo lleva usted? Muchos ojos estaban puestos en la sanidad pública.

–Hubo sobre todo tres momentos malos. El primero fue cuando un compañero tuvo que ingresar. El segundo fue hacia el 18 de marzo, cuando nos encontramos con que no había mascarillas ni material adecuado. Afortunadamente, tenemos aquí una habitación preparada, de aislamiento de alto nivel, para otras situaciones, y teníamos algo de material. Hubo riesgo de quedarnos sin material de protección. Se solucionó, pero lo pasamos mal. Y el tercero fue esa incertidumbre de que veías 30 o 40 ingresos al día y pensabas: ¿Cuándo va a parar esto? Pero me quedo con esa profesionalidad de todos los compañeros.

¿Una pandemia así era esperable?

–Una pandemia era esperable, lo que no se sabía era cuándo podía llegar. Además, parecía que iba a estar más relacionada con una gripe aviar que fuera grave. En el fondo llegó algo parecido, un virus respiratorio, con una ventaja, si se puede decir algo así: que la mortalidad es inferior que la que tendría una gripe aviar. En su momento, hace quince años, se hizo un planteamiento de trabajo por si llegaba una pandemia de gripe aviar, y algo nos ayudó. Por otro lado, hay una cosa importante. Y es que entre el 8 y el 10% de los infectados con covid necesitaban ingresar, y eso colapsa cualquier sistema sanitario. El confinamiento fue fundamental porque los ingresos habrían seguido aumentando y la saturación habría sido absoluta.

¿Puede venir otra pandemia?

–Este virus nos ha puesto de alguna forma en nuestro sitio, nos demuestra que somos vulnerables. El mundo de los virus es muy amplio. Hay dos grandes familias de virus. Una es la de virus RNA, que cuando se dividen tienen gran capacidad de ir mutando y de adaptarse. Y coincide con que el hombre ha entrado cada vez más en bosques, selvas... y ha hecho aflorar algunos virus. Con la capacidad que tienen para cambiar, es lógico pensar que puede volver a haber una pandemia. En dos, cinco o cincuenta años, eso no lo sabemos, pero en ese riesgo estamos seguro. Una de las cosas que hay que aprender es que necesitamos prepararnos, necesitamos buenos sistemas de salud pública. Cuando uno mira el sudeste asiático , países como Corea del Sur o Taiwan supieron dar una respuesta muy rápida. Estos países estaban entrenados porque hace unos años tuvieron la pandemia del SARS COV 1, que se extendió por muchos lugares del sudeste asiático y se paró. Europa en general tiene que tomar nota de esto y reforzar la salud pública, la epidemiología... y sin olvidar que esto que tenemos no ha acabado.

¿Cuál es la situación actual y qué podemos esperar de estas próximas semanas?

–La vacuna ha sido la salvación. Estamos como estamos gracias a la vacuna, pero esto no ha acabado y hay que animar a la gente que no se ha vacunado, ya sea por dejadez o por miedo, a que lo haga. El mensaje ha calado en la mayoría, pero hay un grupo de gente que no se ha vacunado. La vacuna es segura. No es efectiva al 100%, pero disminuye un 90% el riesgo de hospitalización, eso es muy importante y lo que ha hecho que mejore la situación. Y a la vez sigue siendo necesaria cierta prudencia, porque se ha analizado qué pasa a los seis meses de recibir la vacuna y la protección para la hospitalización sigue siendo del 90%, pero ante la infección baja del 70 y tantos por ciento al 40 y tantos. Así que toca seguir siendo prudentes y vacunarnos con la tercera dosis cuando toque. Las mascarillas, la higiene y la ventilación han sido y seguirán siendo importantes, pero la vacunación nos ha sacado de esto. Es verdad que aún ingresa gente vacunada, pero esta cifra ha bajado drásticamente.

El año pasado no hubo casi gripe, ¿qué podemos esperar este otoño?

–Es difícil hacer predicciones con la gripe, pese a que es una enfermedad común. El año pasado no hubo prácticamente gripe. Un motivo importante fue el uso de la mascarilla, es algo que nos ha enseñado esta situación. Históricamente, tras un año con poca gripe toca un año malo, pero esta vez tenemos la variable de la mascarilla, la ventilación y la higiene. Si seguimos siendo cuidadosos, probablemente podremos limitar el número de casos. Si hay algo bueno del covid, es que nos ha enseñado que cuando uno habla, estornuda o canta, echa gotas de todo tipo de tamaños y algunas quedan en el ambiente. Y esto va a valer para la mayoría de infecciones respiratorias. Vamos a ver, por ejemplo, que en centros de salud y hospitales, al menos en otoño, que es la época de infecciones respiratorias, tanto nosotros como los pacientes tendremos puesta la mascarilla para proteger. No hay por qué seguir teniendo continuamente infecciones respiratorias, el profesional sanitario se tendrá que poner mascarilla porque protege de infectar y de adquirir.

¿Y eso lo extendería a toda la población en lugares interiores?

–En otoño e invierno sería muy razonable, aunque no estemos en pandemia. Habría que tener el civismo de, el que tiene un catarro, ponerse una mascarilla para proteger a los demás, como hemos visto en países asiáticos. Este tipo de cosas tienen que venir para quedarse.

Para ponerlo en contexto, ¿en un año malo de gripe, cuántos ingresos pueden tener?

–No tengo el número. Suele haber tres o cuatro meses complicados, pero si en el covid la necesidad de ingreso es del 8-10% de los infectados, esto en gripe es muy inferior. Puedes tener mucha población infectada y el impacto en hospitalización es menor.

Además de las vacunas, ¿cree que podremos contar pronto con un tratamiento frente al covid?

–El tratamiento fundamental cuando hay un ingreso hospitalario es el oxígeno. Se vio también que poner corticoides mejoraba la supervivencia. Y hay fármacos y un antiviral, remdesivir, que ayuda en casos que coges de forma muy precoz. Además, hay fármacos que se están probando si pueden ser efectivos antes de ingresar el paciente, que de alguna forma ponen anticuerpos que pelean contra el virus, pero tendría que ser un uso muy precoz y la eficacia no es del 100%. Se usarían en gente muy concreta de mucho riesgo y están a la espera de aprobación. Pero igual para evitar un ingreso tienes que tratar a 20 pacientes, así que no son la panacea. Este tema está en fase temprana todavía.

Se están dando casos de covid persistente. ¿Cómo se trata? ¿Qué evolución tiene?

–Eso está en una fase aún más temprana. No se conoce la causa. Es un cuadro que tiene cierta similitud a un virus en el que luego arrastras cansancio. Tampoco tiene un tratamiento. Lo primero es descartar que el paciente no tenga otras cosas, esto es importante. Muchas de estas personas van poco a poco mejorando, la buena noticia es que una parte importante de los que tienen síntomas poscovid van mejorando.

¿Habrá que convivir siempre con el covid o dentro de un tiempo será más leve?

–Es un poco hacer ficción. No se ha acabado, está más claro que el agua. La evolución natural del virus es a sobrevivir, lo natural es hacerse más amable e infectar a más gente para seguir sobreviviendo. Algunos virólogos dicen que mutará, se hará menos grave y será como un catarro, pero no se sabe. Por ahora tenemos este virus, unas vacunas muy efectivas y medidas para no infectarnos. Y así hay que seguir. Y si cambia y es más amable, pues magnífico.

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