Opinión

Dimisiones forzadas

29.02.2020 | 01:39

El acuerdo presupuestario con el PNV también se sometió al refrendo de las bases moradas y el apoyo fue abrumador

Semana convulsa en la política vasca. En apenas cinco días, dos de los cinco máximos responsables de los partidos políticos del país han presentado su dimisión y han dejado a sus formaciones huérfanas de liderazgo a un mes de la celebración de las elecciones autonómicas. El lunes fue Alfonso Alonso quien, humillado por la dirección de Génova, se veía obligado a ceder su puesto a un Carlos Iturgaiz que a duras penas era capaz de disimular su entusiasmo por volver a la arena política vasca y, de paso, cobrarse alguna deuda personal. El jueves fue Lander Martínez, en este caso vapuleado por su propia militancia, quien se "hacía a un lado" para dejar que Miren Gorrotxategi –ganadora de las primarias– encabece, además de las listas electorales de Elkarrekin Podemos-IU en detrimento de su propia candidata, la dirección de la formación.

Al contrario de lo que cabría esperar, mientras que el partido azul ha retransmitido todos y cada uno de los capítulos del enfrentamiento entre la dupla Casado-Álvarez de Toledo y Alonso, lo del partido morado ha sido mucho más inesperado.

Así las cosas, tras el último movimiento de Génova forzando a Alonso a aceptar la sobrerrepresentación de Ciudadanos era obvio que la única salida del exalcalde de Gasteiz era la de la dimisión fulminante y dejar el partido en manos de quienes hasta hacía 24 horas le aplaudían con entusiasmo en su sede de Bilbao. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío y para fría la actual portavoz del PP, quien todavía al día siguiente tuvo la desfachatez de hacer leña del árbol caído. Para que luego digan que nobleza obliga.

Nada nuevo bajo el sol, el antepenúltimo capítulo de la purga inmisericorde por parte de Pablo Casado que, intuyo, espera a los resultados gallegos para acabar de materializar su reconquista partidaria personal.

Algo más inesperada ha sido, sin embargo, la sucesión de los acontecimientos en Podemos, estatutariamente mucho menos personalista que el PP y donde, al menos en teoría, las decisiones se adoptan de manera colectiva y lo importante son las políticas y no las personas. Sorprende por ello que muchos analistas y rivales políticos (de manera interesada, me temo) estén achacando la derrota sin paliativos de Rosa Martínez, y por ende de Lander Martínez, en las primarias de Podemos, al acuerdo presupuestario con el PNV. Es cierto que el adelanto electoral a un mes de apoyar los presupuestos pilló a Podemos con el pie cambiado y que la sensación de haber apoyado unos presupuestos trampa existía, pero no debemos olvidar que este acuerdo también se sometió al refrendo de las bases moradas y el apoyo fue abrumador.

Así pues, habrá que buscar las razones del vuelco electoral interno en cuestiones que más tienen que ver con los apoyos de unos y otras en Vistalegre II y en los apoyos de unas y otras candidaturas, y no tanto en la línea política que, salvo matiz, no parece que fuera tan relevante.

No podemos olvidar que Martínez apoyó en su momento a Errejón y que, de la misma manera que Equo ha quedado fuera de la coalición en Euskadi por el veto de la dirección federal, ha sido esa misma dirección quien, de manera indisimulada, ha apoyado a Miren Gorrotxategi, lanzando así un cohete a la línea de flotación de la dirección de Ahal Dugu y que, vistos los resultados, no difiere mucho del proceso impulsado desde la calle Génova por el PP.

Habrá quien diga que nada tienen que ver una circunstancia con la otra y que mientras que los azules lo hacen todo a golpe de dedazo en Podemos todo se decide de manera democrática y por cuestiones estrictamente ideológicas, pero? ¿De verdad alguien cree que si Pablo Iglesias hubiese dicho que él, como secretario general, no debe intervenir en los procesos autonómicos y que no tenía preferencia alguna por ninguna de las dos candidatas el resultado hubiese sido el mismo? Pues eso.

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