Los 12 miradores más espectaculares de Paradores: un recorrido único para un año de vistas inolvidables
¿Desayunar disfrutando del skyline de Salamanca? ¿Descansar con vistas a uno de los castillos más grandes del Estado? Descubre las escapadas más especiales para marcar en el calendario.
Enero ya está en marcha, pero no hay que preocuparse: aún hay tiempo para planear un año que se mire con otros ojos. Literalmente. Porque si algo hace falta tras el empacho de turrones y propósitos que ya cojean, es levantar la vista. Y qué mejor que hacerlo desde los miradores más espectaculares de Paradores: doce balcones privilegiados para asomarse a la belleza que nos rodea, uno por cada mes. No hace falta hacerlo en orden, pero si el visitante se anima a seguir el calendario, el año pasará volando… y con vistas.
Maravillosas vistas del Tajo de Ronda
Empezamos fuerte. El Parador de Ronda (Málaga) no tiene mirador: es el mirador. Ocupa el antiguo edificio del Ayuntamiento, justo al lado del Puente Nuevo, y desde sus balcones la panorámica es de vértigo. Verás que el Tajo se desploma bajo tus pies y la ciudad se alza sobre el paisaje escarpado.
En el interior, los salones amplios y luminosos invitan a sentarse sin prisa, con ventanales que enmarcan el paisaje como un lienzo. Y al salir, el casco histórico recibe al visitante con callejuelas encaladas, plazas tranquilas y el perfil de la sierra de Grazalema al fondo. Enero es para quien quiere estrenar el calendario con altura… y con vistas. Una excusa perfecta para aprovechar lo que queda del mes.
Paisajes nevados de ensueño
Seguimos con febrero, que pide nieve, y el Parador de Vielha (Lleida) la sirve con cucharón, sobre todo ahora que ha vuelto a abrir sus puertas recientemente, tras un periodo de reforma que ha servido para mejorar sus instalaciones y eficiencia energética. Construido en piedra y madera, se integra con el paisaje de forma natural, como si llevara siglos vigilando el Valle de Arán. Desde sus ventanales se contempla el río Garona serpenteando entre montañas, y al salir, Baqueira Beret queda a tiro de piedra para la práctica de esquí y otras actividades de invierno como snowboard, paseos en trineo o excursiones con raqueta.
Y para un plan más pausado, pueblos como Arties o Bagergue, junto al paisaje pirenaico, se presentan como decorados de película, con sus abetos, cumbres, y ese silencio que solo se rompe con las botas sobre la nieve. Ideal para los que creen que el romanticismo se mide en grados bajo cero.
La mejor forma de admirar las casas colgadas
Las casas colgadas de Cuenca se hicieron para ser admiradas. Y desde el Parador de Cuenca, instalado en un antiguo convento dominico del siglo XVI, y reformado el pasado año, el espectáculo es único. Cara a cara con la ciudad suspendida.
Mientras, en el interior recibe al visitante un precioso y sereno claustro, una capilla convertida en cafetería, el antiguo refectorio de los monjes que hoy funciona como restaurante y además decoración renovada, mejoras en accesibilidad y una muestra de arte contemporáneo que incluye nuevas obras, que conviven en armonía y sin estridencias. El arranque de la primavera es ideal para pasear sin agobios y descubrir esta bonita ciudad y el encanto de sus alrededores. Además, la Ciudad Encantada queda a un paso.
El primer cambio de estación
Con la primavera recién estrenada, el Parador de Molina de Aragón (Guadalajara) volverá a abrir sus puertas tras el letargo invernal. Justo frente al castillo medieval, el segundo más grande del Estado, ofrece una de las vistas a la historia más bonitas del país. Horizonte castellano de capa y espada y universo de caballeros. El contrapunto ideal para ese interior sereno, moderno, y acogedor, pensado para el descanso sin distracciones. Para la recarga total de pilas.
El Parador es el edificio contemporáneo perfecto para una escapada en primavera porque muy cerca existen multitud de opciones para disfrutar del aire libre y la naturaleza. Por ejemplo, sin salir de la localidad de Molina de Aragón esperan infinidad de rincones históricos: la judería, la morería, los palacetes, el puente viejo, el monasterio y las preciosas iglesias. Y a poca distancia también esperan las maravillas del Parque Natural del Alto Tajo, Geoparque Mundial de la Unesco, como el cañón del Barranco de la Hoz, a solo 10 kilómetros del Parador, uno de los más bonitos de nuestro país.
Preciosas vistas con la mejor luz
El mes de mayo viste a Salamanca con su mejor luz. La ciudad universitaria se abre al paseo con días largos y templados, perfectos para recorrer su casco histórico, Patrimonio de la Humanidad, y dejarse impresionar por la Plaza Mayor, las catedrales y las fachadas doradas de la Universidad. Frente a ese horizonte monumental, en la otra orilla del Tormes, se levanta el Parador de Salamanca: un edificio moderno y luminoso que ofrece la panorámica más completa de la ciudad. Desde sus ventanales y terrazas, la silueta histórica se convierte en espectáculo diario.
En el interior, espacios amplios y actuales pensados para el descanso, con un restaurante que reinterpreta la cocina charra y un ambiente sereno que contrasta con la vitalidad de la ciudad. Mayo es el momento ideal para descubrir Salamanca sin agobios, disfrutar de sus calles animadas y, al mismo tiempo, escaparse a su entorno natural. Muy cerca esperan joyas como La Alberca, con su arquitectura popular, o la Sierra de Béjar, con rutas de montaña y pueblos con encanto. Una combinación perfecta: cultura, naturaleza y descanso, todo en un mismo viaje.
La llegada del verano
El comienzo del verano es el momento perfecto para descubrir Arcos de la Frontera (Cádiz), uno de los pueblos más bonitos del Estado y puerta de entrada a la Ruta de los Pueblos Blancos. Sus calles encaladas, sus miradores y su trazado medieval se asoman al río Guadalete desde lo alto de un peñasco, creando una postal única. Justo allí, en el corazón del casco histórico, se encuentra el Parador de Arcos de la Frontera, instalado en la antigua Casa del Corregidor, literalmente colgado del cielo, y ofreciendo desde su mirador unas vistas increíbles a cualquier hora del día.
El interior conserva el encanto andaluz con patios luminosos y espacios acogedores, ideales para descansar tras recorrer la ciudad. Junio es un mes idóneo para pasear sin el calor sofocante del verano, disfrutar de la animada vida local y dejarse llevar por la magia de la sierra gaditana. Y cuando el sol empieza a apretar y pide sombra, aquí se encuentra con vistas y gazpacho. Además, muy cerca esperan tesoros como la Sierra de Grazalema, la Sierra de Cádiz o el Parque Natural de Los Alcornocales, además de localidades con tanto encanto como Zahara de la Sierra o Setenil de las Bodegas.
El sol en su máximo esplendor
Sol, mar y horizonte abierto. Julio pide Mediterráneo y el Parador de Jávea (Alicante), moderno y abierto al mar, se convierte en uno de los miradores más espectaculares para disfrutarlo. Desde sus terrazas y jardines, la bahía se despliega como un anfiteatro natural, con el Montgó vigilando al fondo y el azul infinito que cambia de matiz a cada hora del día.
Dentro, espacios luminosos y actuales pensados para descansar con calma mediterránea. Aquí los amaneceres se disfrutan con café en mano y los atardeceres con esa brisa que parece hecha a medida. Porque, seamos sinceros, ¿qué otro regalo de julio ofrece un asiento en primera fila para ver cómo el sol se esconde detrás del mar? La ciudad invita a perderse por su puerto y casco antiguo, a saborear la cocina marinera y a descubrir calas escondidas como Granadella, Portitxol o Barraca. Y si quieres cambiar la postal de playa por naturaleza, el Parque Natural del Montgó y las rutas de acantilados regalan panorámicas que rivalizan con las del propio Parador. Una escapada de verano en estado puro.
Tranquilidad veraniega
Agosto en la Ilanura alavesa es un secreto bien guardado. Y todo el que visita el Parador de Argomaniz (Álava), lo sabe. Un palacio renacentista que domina, desde su privilegiada ubicación, todo un precioso paisaje de campos dorados que parecen pintados con acuarela. Desde cualquiera de sus bonitos rincones: su terraza, sus miradores interiores, su jardín... se palpa la serenidad y se contempla una panorámica sin igual. Un alojamiento ideal para los que quieren huir del bullicio y reencontrarse con el silencio... y con la rica y tradicional gastronomía vasca que sirven en su acogedor restaurante Aletegui.
Colmado el apetito y relajado el espíritu, no hay nada más apetecible que descubrir los alrededores. Pasear por la cosmopolita Vitoria, a sólo 12 kilómetros, disfrutar del Parque Natural de Garaio y, ya que estamos en agosto, darse un chapuzón en el embalse de Ulibarri-Gamboa, una de las pocas playas interiores con bandera azul de España. Un verano natural, cultural y refrescante al mismo tiempo.
Impresionantes vistas de las sierras andaluzas
Este 2026 despide el verano desde lo más alto. El Parador de Jaén, de nueva planta pero perfectamente integrado con el castillo de Santa Catalina, se levanta junto a este impresionante conjunto arqueológico de raíces fenicias y huella árabe del siglo VIII. El resultado es un edificio, emplazado en lo alto de un cerro, que dialoga con la historia y que regala una de las panorámicas más espectaculares de Paradores: la ciudad de Jaén a tus pies, la Sierra Mágina, Sierra Morena y Cazorla al fondo y un mar de olivos que parece infinito.
Dentro, aguardan gruesos muros de piedra, espacios amplios y acogedores y estancias que invitan al descanso y al placer de disfrutar. Como su monumental comedor, con sus arcos ojivales, que trasladan en el tiempo y hacen sentir al visitante en otra época, mientras el aceite de oliva, protagonista absoluto, marca el sabor de la mesa, que rinde culto a la cocina tradicional jienense.
Estando allí se hace ideal adentrarse en la capital y perderse por el Barrio Antiguo, descubrir la Catedral renacentista —única en el Estado rodeada de balcones— y visitar los Baños Árabes, los más grandes conservados en el país. Y si se quiere ampliar la escapada, muy cerca esperan Baeza y Úbeda, Patrimonio de la Humanidad, o rutas naturales por Sierra Mágina y Cazorla.
Un mirador que cambia con la luz del día
Si en septiembre despedíamos el verano desde el castillo de Santa Catalina en Jaén, ahora recibimos el otoño en lo alto de un cerro murciano con otro castillo histórico: la Fortaleza del Sol, que descansa junto al Parador de Lorca (Murcia). Un edificio de nueva planta pero integrado en el recinto monumental que además de la antigua alcazaba incluye un aljibe islámico y parte de la muralla almohade. El Parador, testigo de la historia, se abre como un balcón privilegiado sobre la ciudad y la vega murciana. Desde sus ventanales y su espléndida terraza, aún disfrutable en esta época del año, las vistas son protagonistas absolutas.
El encanto está en esa mezcla de historia y modernidad. Y también en lo que esconde. Bajo el Parador descansan restos arqueológicos únicos —islámicos, medievales, incluso una sinagoga del siglo XV—, mientras arriba todo se abre hacia el paisaje. Aquí la experiencia no es solo alojarse, es contemplar Lorca desde un mirador que cambia con la luz del día.
Octubre invita a recorrer el casco histórico, descubrir su patrimonio barroco y escaparse a Águilas o Mazarrón para disfrutar del Mediterráneo en versión otoñal. También es un buen momento para rutas por la Sierra de Almenara o para conocer la tradición artesanal de la ciudad. Un plan diferente y original para el otoño.
Modernidad más historia
Hay ciudades que a veces se disfrutan mejor desde arriba. Y Málaga es una de ellas. Sobre todo cuando subes al Parador de Málaga Gibralfaro y lo primero que piensas es: “¡qué vistas!”. El puerto, la Alcazaba, la Catedral, el Mediterráneo… todo parece desplegarse a los pies del visitante. En noviembre, con la luz más suave, la panorámica se vuelve casi un espectáculo privado.
El Parador, pegado a las murallas del castillo, combina la modernidad de sus espacios con el peso de la historia. Aquí no necesitas más decoración que las ventanas abiertas: desayunar con la bahía frente a ti o cenar viendo cómo se encienden las luces de la ciudad. Y luego está Málaga desde dentro, que en otoño es perfecta. Pasear por el centro histórico, descubrir el Museo Picasso, perderse por las calles con vida propia o escaparse a la Axarquía para ver pueblos blancos entre montañas. Sin duda, una escapada completa y perfecta, ideal para los que creen que noviembre no tiene por qué ser gris.
Un cierre de altura
Terminamos el año en Galicia, frente al Atlántico. En lo alto de la fortaleza de Monterreal, donde se levanta el Parador de Baiona (Pontevedra). Un edificio a medio camino entre castillo medieval y palacio señorial gallego, que se abre como un balcón que permite despedir el año con vistas infinitas. Las históricas murallas, asediadas por piratas durante siglos, abrazan el recinto y, desde ellas, el mar es compañía constante: las Islas Cíes al fondo y la ría de Vigo desplegándose como un mapa natural.
Hoy ese bello entorno invita a pasear y a disfrutarlo de forma pausada. El preludio perfecto para una buena comida en su acogedor restaurante, de inspiración marinera, que ofrece lo mejor de la gastronomía tradicional gallega, con mariscos y vinos que convierten cualquier cena en un brindis. Y hablando de brindis, en Navidad, existe plan extra: Vigo está a solo 35 km (unos 30 minutos en coche) y su alumbrado navideño se ha convertido en un espectáculo único, con millones de luces, un árbol gigante en Porta do Sol y un ambiente festivo que atrae visitantes de toda España. La combinación es perfecta: la tranquilidad marinera de Baiona y, muy cerca, el bullicio luminoso de Vigo. Un plan que gustará a todos.
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