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Bajando del Monte Olimpo: Davos 2026

Vuelta al mundo real

Bajando del Monte Olimpo: Davos 2026GIAN EHRENZELLER

El Monte Olimpo, ubicado en Grecia, fue considerado en la antigüedad como la residencia de los dioses olímpicos, presididos por Zeus. Se describía como un lugar inaccesible para los seres humanos, debido a su perpetua cobertura de nubes y tormentas. En la actualidad, las reuniones de la élite en la cumbre se llevan a cabo en Foro Económico Mundial, conocido también como Foro de Davos. La ubicación guarda cierto paralelismo con el Olimpo, ya que, Davos es una ciudad suiza que se distingue por ser la localidad más elevada de los Alpes. Allí se reúnen desde 1971 los principales líderes empresariales, políticos internacionales, periodistas e intelectuales selectos, a efectos de analizar los problemas más apremiantes que afronta el mundo. 

Davos no deja de ser un púlpito desde donde se dejan entrever las líneas de acción futuras de los líderes mundiales. Sin embargo, en esta ocasión el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha pronunciado un discurso esclarecedor que deja poco lugar a duda. El último lustro está descubriendo un mundo muy tensionado tras una serie de crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas. Recientemente, se ha cumplido el primer año del segundo mandato del presidente estadounidense, Donald Trump, quien parece empeñado en hacer saltar por los aires el viejo sistema de orden basado en reglas.

Mark nos ha recordado que vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias y que los fuertes pueden hacer lo que quieren y los débiles deben sufrir lo que deben. Dicho aforismo del historiador ateniense Tucídides resume perfectamente las dinámicas globales azuzadas por las tres grandes potencias (EEUU, China y Rusia).

El primer ministro canadiense vaticina que una actitud de resignación ante las graves vulneraciones del derecho internacional con la finalidad de evitar problemas no servirá. No debemos esperar que el cumplimiento compre seguridad. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte. Esto implica mantener la coherencia y aplicar los mismos criterios tanto a aliados (EEUU) como a rivales (Rusia). Por ejemplo, si países con poder intermedio señalan prácticas de intimidación económica de un origen (Rusia), pero omiten críticas cuando provienen de otro (EEUU), se perpetúa la doble moral.

Para salir de esa doble moral Mark ha descrito una historia que la transcribiré integra: “En 1978, el disidente checo Václav Havel, más tarde presidente, escribió un ensayo titulado El poder de los impotentes, y en él planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista? Y su respuesta empezó con un frutero.

Cada mañana, este tendero coloca un cartel en su escaparate: “Trabajadores del mundo, uníos”. No lo cree, nadie lo cree, pero aun así lo coloca para evitar problemas, para indicar sumisión, para llevarse bien. Y como todos los tenderos de cada calle hacen lo mismo, el sistema persiste, no solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en secreto, saben que son falsos. Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”.

El poder del sistema no reside en su verdad, sino en la disposición de todos a actuar como si fuera cierto, y su fragilidad proviene de la misma fuente. Cuando una sola persona deja de actuar, cuando el frutero retira su cartel, la ilusión empieza a resquebrajarse. Amigos, es hora de que las empresas y los países retiren sus carteles”.

Cabe destacar que estas declaraciones provienen del máximo mandatario de un gobierno occidental, y no de países considerados como polos ideológicos opuestos. En su intervención, reconoció públicamente las inconsistencias existentes en el orden internacional basado en normas, señalando que las naciones con mayor poder a menudo se exceptúan del cumplimiento de dichas normas cuando les resulta conveniente y que la aplicación de las reglas comerciales es desigual. De igual modo, se evidenció que el derecho internacional se aplica con diferente rigor dependiendo de la identidad tanto del acusado como de la víctima. Sin embargo, hemos seguido colocando el cartel en la ventana, participando de la escena, al menos como atrezo necesario, siendo conscientes de la disonancia que había entre las palabras y los hechos. Por lo que, lo que estamos viviendo hoy en día no es una transición, es una ruptura. 

Este discurso podrá ser considerado, en retrospectiva, como el cierre de la etapa de la globalización ingenua, ya que ha expuesto, con una honestidad brutal, las inconsistencias del sistema sin paños calientes. En un contexto donde prevalecen los discursos políticamente correctos, resulta poco común encontrar manifestaciones tan contundentes.

El primer ministro canadiense no solo ha realizado un diagnóstico sin ambages, sino que ha ofrecido vías alternativas para salir de la situación vulnerable actual mediante la creación “coaliciones de geometría variable”: grupos de actores que se unen por temas específicos (clima, minerales críticos, defensa) independientemente de las fronteras tradicionales. De este modo, se supera la lógica binaria de alianzas rígidas, el mundo de los buenos y los malos, abriendo paso a una cooperación más flexible y orientada a objetivos puntuales. Dado que el entorno global favorece a las grandes economías, es fundamental que las regiones más pequeñas colaboren de manera eficaz para incrementar su competitividad y capacidad de innovación. En ese sentido, desde Euskadi debemos buscar alianzas con otras regiones pequeñas, pero con un tejido denso de pymes de alta tecnología y con alta vocación al I+D, como pueden ser Baden-Wurtemberg o Baviera (Alemania), Flandes (Bélgica), Quebec (Canadá)…

En el nuevo desorden mundial, y con la constante amenaza de aranceles unilaterales, el bienestar futuro de la región vendrá impulsado por el desarrollo de una mayor autonomía estratégica en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Porque no se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración, cuando la integración se convierte en la fuente de su subordinación, como estamos observando entre EEUU y Europa. Por último, a quienes consideren que esto no les concierne, es necesario señalar que las relaciones entre potencias históricamente han terminado influyendo en el día a día de los simples mortales. Por lo que, más nos vale estar atentos para cuando los nubarrones bajen del monte Olimpo. Porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú.