Soy abertzale, nacionalista vasco, de EAJ-PNV. Continuaré trasladando el por qué. Dialogaré conmigo mismo sobre el ayer, el hoy y el mañana del nacionalismo vasco y de su (mi) contenido. Apuesto así por la negociación y el pacto en la búsqueda de formalizar un nuevo status político que desemboque en un nuevo modelo de relación con el España. Creo que el pacto en el seno sociedad vasca y el posterior con el Estado con el objetivo de hacer de Euskadi cada vez más nación política y cívica, decidiendo y pactando, sin imponer ni impedir, es el único camino proactivo a recorrer. Creo en una Euskadi con alma y, en un autogobierno que nos acerque a todos las tierras vascas, pienso en Navarra y en Iparralde. Apuesto por un mayor y mejor autogobierno para Euskadi, apuesto por actualizarlo y que conecte más y mejor con las nuevas generaciones.
El mío es un nacionalismo democrático vasco moderno, de ciudadanía, abierto, europeísta y pactista, inclusivo e integrador, pragmático y solidario y generoso y justo con los más necesitados. El mío es un nacionalismo que continúe vertebrando la sociedad vasca y que mira al futuro. Pacto con el Estado, pacto recíproco y de garantías, bilateralidad efectiva, lealtad, respeto, acuerdo, cooperación, reconocimiento mutuo, interdependencia en espacios de actuación compartidos. Hablo de cosoberania. Es la libre adhesión y la relación amable con España.
Somos un Pueblo pequeño, y en la defensa activa histórica de nuestra voluntad e identidad de querer seguir siendo hemos necesitado de la inteligencia, la astucia y la sabiduría política, para el pacto y la negociación. Subrayo, aunque me repita en algunos conceptos, lo hago por ser claves a mi modo de ver. Defiendo como principio fundamental en mi personal definición ideológica el reconocimiento nacional y político de Euskadi y por tanto su derecho a escribir de su puño y letra las páginas de la historia que le correspondan. Y entiendo que la tierra en la que se asienta nuestro pueblo, nuestra cultura, lengua y tradiciones, la memoria histórica y la proyección integradora de futuro, y sobre todo –y fundamentalmente– la voluntad actual de la ciudadanía vasca, componen entre otros la realidad poliédrica de Euskadi nación. La Euskadi de los siete territorios vascos, el “Zazpiak Bat”.
Y nos merecemos por ello el respeto debido. Aunque lo cierto es que los periodos de respeto mutuo y de relación política amable en lo que corresponde al encaje entre el grande y el pequeño, entre España y Euskadi, han sido realmente escasos en el tiempo. Pero no tiene por qué ser así siempre. La necesidad de contar con la realidad social en todo proyecto político no es sólo una elemental exigencia para su viabilidad, sino una garantía de que dicho proyecto posee apoyo social, masa crítica, aval y legitimidad democrática. Creo que es imprescindible contar con la realidad social adecuando inteligentemente el proyecto político transformador a la posibilidad de su aceptación. Apuesta política, posibilidad instrumental de cristalización y aval de las mayorías y consensos los más amplios y transversales posibles que tuvieran a bien libremente conformarse.
Todo nuevo proyecto político, todo objetivo político nuevo altera un equilibrio previamente establecido, y si el desequilibrio buscado se decanta a favor del nuevo objetivo político y del nuevo proyecto transformador, la diferenciación positiva obtenida dará la medida de la fuerza y potencia política, social y civil de ese impulso innovador. Se requiere principio de realidad, pacto, consenso, acuerdos amplios e inteligentes, negociación, integración, inclusividad y no exclusividad, fuerza y la voluntad mayoritaria lo más amplia posible de la sociedad. Requiere respeto a las minorías en desacuerdo, es el conocido no imponer y no impedir. Es llave estratégica a futuro. Es el cofre que requiere de dos llaves.
El respeto es transversal, mutuo, bilateral y sincero, o no lo es y debe de servir para cuando se está mayoría o no, es la clave de bóveda de la convivencia libremente asumida, algo sustancial para un futuro compartido y para una cohesión social por encima de las legítimas discrepancias que se dan en democracia. Respeto, acuerdo y negociación son el óptimo aliño de la pluralidad y sugieren tonos que suenan a soberanías compartidas y a codecisiones. Respeto es antídoto a lo sectario.
Profundicemos en lo que nos une, porque tenemos que ser capaces de alcanzar un nuevo pacto desde el mutuo reconocimiento y la bilateralidad efectiva. En ese sentido no vale pues apostar al todo o a la nada, es preciso avanzar con inteligencia, con conocimiento del adversario político, con pasos medidos pero firmes hacia mayores cotas de autogobierno en las que el consenso esté lo más cerca posible del pleno. Se trata pues de sumar heterogeneidades, de aglutinar pluralidades, de buscar el sumatorio de las diferentes maneras de ser y sentirse vascos. El reto es pasar de la diversidad legítima a la convergencia respetuosa negando las trincheras. Hablo de incorporar identidad a las realidades actuales, de implicarnos en construir una sociedad vasca innovadora capaz de adelantarse a los cambios basada en personas conocedoras de la importancia del trabajo bien hecho con sentido de lo que nos es propio, con sentimiento de pertenencia a una comunidad que se implica en la solidaridad y que comparte un proyecto a largo plazo.
Una Euskadi cohesionada, cuyo proyecto compartamos gentes de diferentes sensibilidades, abierta al mundo y a la diferencia creativa, capaz de atraer personas que quieran desarrollarse vitalmente entre nosotros. Una Euskadi que sea capaz de repartir justamente su riqueza entre los de aquí y los que vengan de otros lugares. Una Euskadi abierta y solidaria. Está en nuestras manos. El gran reto radica en cómo poder ensanchar el ámbito de adhesión ciudadana aglutinando un discurso integrador que ponga en valor un compromiso cívico con Euskadi anclado en la idea de la cohesión social y en la importancia del trabajo bien hecho. Tenemos que ser capaces de contribuir con humildad a la renovación de un nacionalismo definido como no excluyente, ni clasista apegado a la realidad sobre la que debe proyectar su política día a día y que permita generar mediante el pacto cómplice con la ciudadanía un impulso social de regeneración democrática.
Creo, sé que me repito, en un principio básico para los nacionalistas vascos como es el reconocimiento nacional de Euskadi y el derecho inherente correspondiente a dibujar su presente y futuro en un concierto político que cada vez más conjuga conceptos como cosoberanías y soberanías compartidas. Creo en el compromiso mutuamente fijado con España a ejercer este derecho por la vía del pacto y respeto, del acuerdo y del principio de consentimiento de que esta decisión debe integrar inclusivamente las distintas y legítimas sensibilidades existentes en esta nuestra Euskadi plural. Creo como nacionalista vasco que soy que la capacidad inteligente de negociar y acordar, la necesidad de pactar, la astucia de integrar y conjugar la inclusión, así como la bilateralidad real y efectiva, las condiciones de lealtad y el reconocimiento mutuo son las llaves de una nueva etapa superadora de la anterior y acorde con los principios de la democracia y de un futuro para una Euskadi autogobernada en libertad y en paz. Con convicción, sin complejo alguno.
El futuro de Euskadi nos impele a actuar con coraje e inteligencia acordes con la realidad, demanda pulsar la actualidad, interpretar, leer voluntades, ideas y sentimientos simbólicos, culturales, ideológicos y sociales de la sociedad. Escuchar cual lóbulo de oreja. Hoy, igual que ayer y mañana, el futuro de Euskadi lo va a determinar la voluntad de seleccionar y acertar objetivos que configuren próximas etapas y es que la historia del Pueblo Vasco no es tan sólo la historia de un “yo” que se va explicitando en el tiempo, sino también la de un fenómeno evolutivo que recibe la mayor parte de su impulso, contenido y orientación en interrelación con otros. Sin trincheras, barreras o jaulas de oro, a pecho descubierto, mirando al otro, al futuro, estrechando manos sin complejos, como vascos nacionalistas. Nuevos tiempos, relaciones, realidades, proyectos y oportunidades con una Nafarroa y una Mancomunidad Vasca de Iparralde caminando esperanzadoramente hacia un futuro vasco en común. Sí, soy nacionalista vasco, soy abertzale y por ello quiero una Euskadi de siete lurraldes sin trincheras, ni barreras interiores ni exteriores, sin jaulas de oro. Una Euskadi paseando a pecho descubierto por las calles, valles y mares de la libertad y de la democracia. Continuará.