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“Las mujeres tenemos un enorme peso sobre nuestros hombros”

El foro ‘Mujer y primer sector’ de NOTICIAS DE GIPUZKOA reivindica liderazgo, rentabilidad y relevo generacional femenino en el mundo rural vasco

“Las mujeres tenemos un enorme peso sobre nuestros hombros”Javier Colmenero

El primer sector vasco sigue teniendo rostro masculino, pero voz femenina. Esa fue una de las conclusiones más contundentes del foro Mujer y primer sector, organizado por NOTICIAS DE GIPUZKOA en el Museo San Telmo de Donostia, donde instituciones, profesionales, estudiantes y trabajadoras del ámbito rural analizaron las barreras que frenan la igualdad y las claves para garantizar el futuro del campo y el mar en Euskadi.

La jornada, que contó con la colaboración de la Diputación Foral de Gipuzkoa, el Gobierno Vasco, Laboral Kutxa, Fraisoro, Euskal Sagardoa y Agour, dejó un mensaje claro: sin mujeres no hay competitividad, ni modernización, ni relevo generacional posible.

Invisibles pero imprescindibles

Dar el paso hacia la igualdad real

El director del periódico, Eduardo Iribarren, abrió el encuentro subrayando una realidad persistente: la labor de las mujeres en el primer sector ha quedado históricamente relegada a un segundo plano. Han trabajado la tierra y sostenido explotaciones, pero la titularidad, el reconocimiento y la visibilidad han sido mayoritariamente masculinos.

En la primera mesa, moderada por Isabel de Lope, participaron Nerea Isasi (Diputación Foral de Gipuzkoa), Pili Ibáñez (Fraisoro) y María Alcántara (Bikainak Elkartea y Garlan). El diagnóstico fue compartido: la mujer nunca se ha escondido, pero rara vez ha sido la cara visible.

Isasi recordó que desde las instituciones “toca dar voz e impulsar liderazgo”, mientras Ibáñez incidió en que la presencia femenina siempre ha existido, aunque sin reconocimiento proporcional. Alcántara fue más allá: excluir a la mitad de la población del relevo generacional es, además de injusto, económicamente ineficiente.

El freno invisible

Maternidad y conciliación, punto de inflexión

Uno de los momentos más reveladores llegó al abordar la conciliación. “El mayor peso recae sobre nosotras”, señaló Isasi. “Tenemos que ir a trabajar, ser madres y hacerlo todo perfecto. Se espera que seamos ejemplares en todo. El peso sobre nuestros hombros es enorme”.

La maternidad aparece como el punto de inflexión en muchas trayectorias profesionales. Ante la imposibilidad de cumplir con todas las expectativas sociales, muchas mujeres optan por frenar su carrera. Y si deciden no ser madres, también son cuestionadas.

El mensaje fue rotundo: la igualdad real pasa por compartir responsabilidades y por ocupar espacios de decisión. “Si no estamos donde se decide, decidirán por nosotras”, advirtió Ibáñez.

Mujeres transformando el sector

Rentabilidad, modernización y cambio de relato

La segunda mesa puso el foco en la gestión empresarial y la viabilidad económica. Oneka Zaballa, directora de Agricultura y Ganadería del Gobierno Vasco; Maixa Otegi (Fraisoro); Maite Retolaza, sidrera y presidenta de Euskal Sagardoa; y Naiara Ezeiza (Laboral Kutxa) coincidieron en que el primer sector debe verse como lo que es: un conjunto de empresas que necesitan rentabilidad, innovación y estabilidad normativa.

Sin relevo no hay futuro

Zaballa fue clara: el relevo generacional es la base de todo. En Euskadi, además, las pequeñas parcelas y las dificultades de acceso suponen un hándicap añadido. Para atraer a jóvenes —hombres y mujeres— son imprescindibles políticas activas, acompañamiento y formación en gestión empresarial.

Pero hay otro obstáculo más profundo: el relato social. Retolaza denunció la “mala reputación” que arrastra la profesión. Otegi añadió que persiste la falsa creencia de que quienes trabajan la tierra carecen de formación, cuando en realidad el sector exige conocimiento técnico, innovación y adaptación constante, también frente al cambio climático.

“No se puede trabajar doce horas al día a cambio de nada”

Hacer atractivo lo imprescindible

Uno de los grandes retos es hacer compatible la vida personal con un oficio exigente. “Las nuevas generaciones valoran su tiempo libre”, recordó Retolaza. En el campo o en el mar, en cambio, no siempre se puede elegir cuándo descansar.

Zaballa resumió las claves para la supervivencia del sector: relevo generacional, estabilidad normativa, reducción de trámites y competitividad. “No se puede trabajar doce horas al día, o veinticuatro, a cambio de nada”.

La rentabilidad no es solo una cuestión económica, sino estratégica: el primer sector forma parte de la identidad del territorio y garantiza algo tan básico como la alimentación.

Voces en primera persona

“Si quieres algo, ve a por ello”

La tercera mesa dio paso a los testimonios de quienes viven el sector desde dentro: Naroa Irure (EBEL), Maite Otaño (Gilbe), Amaiur Barrena y Aizpea Gozategi (alumnas de Fraisoro) y Ainhoa Iñarra, presidenta de la Asociación de Rederas de Euskadi.

Sus historias reflejan caminos diversos: incorporaciones por tradición familiar, por amor, por convicción o por oportunidad. Otaño definió el primer sector como “una forma de vivir”, más allá de un medio económico. Iñarra explicó la dureza y la incertidumbre del oficio de redera, siempre pendiente de una llamada cuando se rompe una red.

Irure relató su experiencia tras la maternidad en el sector financiero y cómo encontró en el sindicato EBEL una nueva oportunidad profesional ligada al mundo rural. “Valemos mucho. Si comemos es gracias a nuestro sector”, reivindicó.

Las estudiantes Barrena y Gozategi pusieron rostro al cambio generacional. En clases donde las chicas son minoría —en un caso, la única— reclaman referentes femeninos y animan a otras jóvenes a dar el paso. “Como mujeres, debemos perseguir nuestros deseos y creer en nuestras posibilidades. Si quieres algo, ve a por ello”.

El foro dejó una conclusión compartida: el problema es estructural y social. No basta con ayudas económicas o campañas puntuales; es necesario transformar mentalidades, repartir responsabilidades y generar referentes.

El primer sector vasco necesita manos jóvenes, talento y liderazgo femenino para afrontar los retos del futuro. Y las mujeres, que siempre han estado ahí, reclaman ahora algo más que reconocimiento: espacio, decisión y oportunidades reales.

Porque sin igualdad no hay modernización. Y sin modernización, no hay campo.