El ajo es mucho más que un simple ingrediente para dar sabor a los platos.
Presente desde hace siglos en la gastronomía, este bulbo ha despertado el interés de la ciencia por sus múltiples propiedades.
Consumir ajo a diario, en cantidades moderadas, puede provocar cambios relevantes en el organismo, tanto a corto como a largo plazo.
Salud cardiovascular
Uno de los principales efectos del ajo está relacionado con la salud cardiovascular. Su compuesto más conocido, la alicina, se libera cuando el ajo se corta o machaca.
Esta sustancia ayuda a mejorar la circulación sanguínea y contribuye a reducir la presión arterial en personas con hipertensión leve. Además, el consumo habitual de ajo puede ayudar a mantener a raya el colesterol LDL, conocido como colesterol "malo", lo que se traduce en un menor riesgo de enfermedades del corazón.
Refuerza las defensas
El sistema inmunitario es otro de los grandes beneficiados. Usar ajo todos los días en la cocina puede reforzar las defensas del organismo gracias a sus propiedades antimicrobianas y antioxidantes.
Esto no significa que evite enfermedades por sí solo, pero sí que puede ayudar al cuerpo a responder mejor frente a infecciones comunes, como resfriados o gripes.
Favorece la digestión
El ajo estimula la producción de jugos gástricos y favorece la digestión, especialmente de comidas grasas.
Además, actúa como prebiótico, alimentando a las bacterias beneficiosas del intestino. Eso sí, en personas con estómagos sensibles o con problemas como gastritis, un consumo excesivo puede provocar molestias, gases o ardor.
Acción antiinflamatoria y antioxidante
Consumir ajo de forma regular ayuda a combatir el estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento celular y con el desarrollo de enfermedades crónicas.
Por este motivo, se asocia su consumo con un posible efecto protector frente a determinadas patologías a largo plazo.
Mejora la sensibilidad a la insulina
En cuanto al control del azúcar en sangre, algunos estudios sugieren que el ajo puede mejorar la sensibilidad a la insulina, lo que resulta interesante para personas con resistencia a esta hormona.
No sustituye a ningún tratamiento médico, pero sí puede ser un buen complemento dentro de una dieta equilibrada.
No abusar del ajo
No todo son ventajas si se abusa. Consumir grandes cantidades de ajo a diario puede provocar mal aliento persistente, olor corporal intenso y, en algunos casos, irritación gastrointestinal.
También puede interactuar con ciertos medicamentos anticoagulantes, por lo que conviene extremar la precaución en estos casos.
En resumen, utilizar ajo todos los días en la cocina, dentro de una alimentación variada y equilibrada, puede aportar beneficios claros al corazón, al sistema inmunitario y a la digestión. Como ocurre con cualquier alimento, la clave está en la moderación y en adaptarlo a las necesidades de cada persona.