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Ruta por el curso del Elduarain, un río con tres nombres que riega la tierra de las piparras

Un río es importante por la vida que da o lo que influye en su entorno y el guipuzcoano río Elduarain es un ejemplo de ello en su recorrido entre Berastegi y Tolosa

Ruta por el curso del Elduarain, un río con tres nombres que riega la tierra de las piparrasJ.M. OChoa de Olza

A veces, la importancia de un río no depende de su longitud ni de lo amplia que sea su cuenca, ni siquiera de la cantidad de población que viva en sus orillas o de la riqueza piscícola que se pueda encontrar en sus aguas. Esto es lo que ocurre con el río Elduarain, también llamado Zelai, y Berastegi, localidad en la que nace. Apenas recorre 15 kilómetros hasta desembocar en el Oria en Tolosa, pero su influencia en la comarca es notoria, desde las montañas en la muga con Navarra hasta el llano agrícola e industrial que precede a su final, todo es vida.

Apenas cinco pueblos se alzan en sus orillas o en su área de influencia, pero todos cuentan con él para ser el origen de su desarrollo. No solo riega huertas y ofrece agua para beber y usarla en la vida cotidiana, también marca una vía de comunicación entre la que fuera capital de Gipuzkoa, Tolosa, y el interior castellano a través del Camino Real que llegaba desde Pamplona.

La torre Jauregi en la localidad de Berastegi

La actual autovía de Leitzaran desvía todo el tráfico rodado entre Pamplona y Donostia, sacándolo por elevación de las antiguas carreteras que comunicaban ambas capitales. Desde los altos viaductos que salvan barrancos y desfiladeros, solo se ve un paisaje montañoso que en ocasiones oculta el fondo de los valles.

Berastegi en lo alto

Y por ese terreno discurre el río Elduarain, que nace en las inmediaciones de Berastegi, en las laderas que dan al nordeste del cordal que forman los montes Larte, Gasteluaitz y Arbur, en las estribaciones de la sierra de Aralar.

Berastegi es la entrada original y natural a Gipuzkoa desde Navarra, y por este motivo se convirtió en parada obligada para las caravanas de muleros y arrieros que transportaban toda clase de mercaderías hasta Tolosa siguiendo el camino que señalaba el río. Su antigua importancia aún se nota en sus casas y edificios. La riqueza que dejó aquí el comercio se unió a la que proporcionaba la agricultura y la ganadería, actividades principales de los habitantes de esta cuenca.

Además, su ubicación fronteriza y de paso le confirió una importancia estratégica que obligó a preparar defensas contra las escaramuzas bélicas desde el vecino reino de Navarra cuando este territorio pasó a Castilla. La torre Jauregi o torre de los Berastegi es un ejemplo de ellas y también de las guerras banderizas entre oñacinos y gamboínos. A su lado, y haciéndole algo de sombra, la iglesia de San Martín del siglo XVI se alza sólida sobre los restos de la anterior, de la que queda una portada del siglo XIII protegida por un espectacular y enorme atrio.

Un paseo por el casco urbano permite descubrir sólidas construcciones de piedra, como su casa consistorial en la plaza o la iglesia parroquial de la Asunción, junto a los edificios más modernos que aún mantienen sus huertas familiares.

Todavía en las laderas

Aunque el río baje rápido hacia la cuenca que forman las laderas de un entorno incrustado entre montes y prados, algunos pueblos todavía se mantienen a cierta altura mientras que el que fue arroyo Zelai se ha convertido en el río Berastegi con el aporte de agua de otros arroyos y pronto pasará a ser Elduarain tras superar la siguiente localidad, Elduain.

Este pueblo domina todavía el valle y, aunque sus calles ya muestran una decidida cuesta abajo hacia el río, es un magnífico mirador hacia el valle que lleva hasta el río Oria. En lo más alto se encuentra la iglesia de Santa Catalina, cuya vera se encuentran dos importantes centros de socialización: la taberna y la zona polideportiva con frontón y campo de futbito. Las viviendas las forman caseríos con sus huertas o su pequeña era con ovejas que dan fe de que las labores del campo siguen siendo mayoritarias, aunque ya van apareciendo diversas industrias. Antiguos molinos a orillas del río son testimonio de que la industrialización arraigó en la zona con fuerza hace ya tiempo. Merece la pena visitar los caseríos Arretxe, Sorregeta, Ezpeleta o Txapitarre.

Por cierto, en la parte más baja de Elduain, junto al río, se encuentra otro antiguo punto de reunión: el viejo lavadero cubierto.

El camino sigue su curso y en Elduain, junto al río y la carretera que lleva a Berrobi, se alza la primera gran nave industrial, la factoría papelera Munksjo. Cuenta con un núcleo de viviendas colectivo y bien cuidado sobre el que sobresale la iglesia de Andra Mari.

Estructura similar tiene Berrobi. Su casco urbano se ubica en un falso llano que alberga interesantes edificios como la Casa Lapartza, del siglo XVII, su casa consistorial de madera y ladrillo, y la iglesia de San Andrés. Belauntza es el último de estos pueblos vigía que parecen otear el valle y lo que por él circula.

El mural de Nexgraff en Berastegi

Los murales de Nexgraff

Durante el recorrido por los pueblos de Elduarain, el viajero no habrá podido evitar fijarse en al menos tres llamativos murales de gran formato y colorido. El primero en Berastegi, el segundo en Belauntza y el tercero en Ibarra. Los tres son obra de Nexgraff, un joven muralista de Pasaia, que se ha convertido en uno de los más destacados artistas de street art. De hecho, en 2022, una de sus obras en Trintxerpe, en la Casa Ciriza, entró en la lista de los 100 mejores murales elaborada por la plataforma Street Art Cities, quedando en la décima posición del mundo.

Nextor Otaño, nombre real del artista, de 22 años, recibe numerosos encargos para plasmar su arte en grandes paredes, pudiendo disfrutarse de su trabajo, además de en Gipuzkoa, en Madrid, Baleares, Francia y Alemania. En Ibarra, su obra se puede ver en uno de los pilares que sostiene la autopista A-1. Representa a una abuela y su nieta unidas por el trabajo en huerta con flores y piparras. En Belauntza, una cabra y un cuervo se imponen sobre la silueta del pueblo, y en Berastegi, un eguzkilore, un águila y una anciana se dirigen directamente al observador.

Como si los viajeros necesitaran echar un vistazo antes de adentrarse en el camino que les lleva directamente hacia Ibarra y Tolosa, destino final de la mayoría de los mercaderes que antiguamente, y hasta la llegada del tren, recorrían este valle.

A diferencia de las localidades vecinas, el templo local, la iglesia de San Juan Bautista, ofrece notables diferencias. De entrada, el remate de su torre campanario no es la tradicional cúpula, sino un tejado a cuatro aguas con tejas de pizarra. En su interior se pueden ver restos que datan del siglo XI y certifican la larga ocupación de estos terrenos. Además, un paseo por las calles de Belauntza permitirá conocer otros lugares de interés, como el frontón, que luce un mural de artista Nexgraff, el Ayuntamiento, el lavadero y varios caseríos más.

En la cuenca baja

El río Elduarain abandona aquí el agreste paisaje montañoso para adentrarse en el llano que lo dirige hacia Tolosa, hacia el río Oria, donde acaba su camino. Pero antes pasa por Ibarra, donde la agricultura, protagonizada por sus famosas piparras, y la industria se funden en el desarrollo económico que caracteriza a la comarca de Tolosaldea.

El río Elduarain, a su paso por Belauntza.

La parte más histórica de Ibarra se encuentra en la margen izquierda del río, con la iglesia de San Bartolomé y el ayuntamiento de piedra gris y crema. El paseo fluvial que de aquí sale por esta orilla lleva por el Ibarra más agrícola y tradicional, mientras que el desarrollo urbano más ligado a la industria se extiende en el lado derecho y en dirección a Tolosa.

Pero en una comarca plagada de miradores, Ibarra también tiene el suyo en la ermita de Izaskun, desde cuyos pies se contempla toda la cuenca baja del río en su recorrido hasta Tolosa. También es punto de encuentro de numerosos montañeros y senderistas que se lanzan hacia la cumbre del Uzturre o por los caminos que recorren este entorno.

Finalmente, apenas cruzado el límite municipal entre Ibarra y Tolosa, casi debajo del viaducto de la A-1, el Elduarain, antes Berastegi y también Zelai, vierte sus aguas en el río Oria, justo al lado del puente de la avenida de Navarra, en pleno campo de regatas del club de remo local.