“Va a ser el día de partido más potente en los diez años que llevamos aquí”
Los bares de los aledaños de Anoeta se preparan con un extra de provisión para la cita histórica
La cuenta atrás ya ha comenzado en los alrededores del Anoeta. La semifinal de Copa ante el eterno rival no es un partido más. En juego está un billete para la final en La Cartuja, y en los bares de la plaza Ferrerías se respira una mezcla de ilusión, responsabilidad y nervios. Porque cuando la Real juega en casa, ellos también lo hacen, y los bares Txamarta, Arkupe y Sacha han preparado la cita con un extra de provisiones.
La Real se enfrenta al Athletic en una noche que puede quedar grabada en la memoria colectiva. El partido, sin embargo, comenzará antes del primer pitido del árbitro. Las cañas tiradas a contrarreloj, los bocadillos alineados sobre la barra y los barriles enfriándose sin descanso van a ser la alineación de cada bar que rodee Anoeta, esperando la visita de miles de aficionados.
"Habrá que ver a quién metemos aquí para trabajar, pero no nos lo perderíamos por nada"
Un partido de más de 90 minutos
“Va a ser el día de partido más potente de los diez años que llevamos aquí, sin duda”, reconoce Ander Garciarena, quien regenta el bar Txamarta junto a su hermano Andoni. No habla solo de ventas, sino también de intensidad. “Pienso que desde el mediodía la plaza va a estar llena. La gente tomando cañas, kalimotxos, lo que sea, antes de ir al recibimiento”.
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En el Arkupe comparten esa sensación de avalancha. “No sé si será la noche más potente que hemos vivido, pero va a venir gente, mucha gente”, anticipa Jon Catalán. Ha preparado la jornada para que algunos trabajadores lleguen a primera hora de la mañana al establecimiento, y después de comer, la plantilla estará al completo en el bar: “Nuestra maquinaria va a arrancar mucho antes que el partido”.
Si algo tienen claro los hosteleros de los aledaños del estadio es que “un derbi como este lo cambia todo”. Chema García, responsable del Sacha, está listo para la importante cita: “Será un partido muy especial, por la relevancia del resultado y por el ambiente”. “Hemos pedido más bebida y estaremos más trabajadores que en otros partidos, para que no nos pille desprevenidos”, apunta. Sin embargo, la multitud que puede aglutinar cada partido no es una ciencia exacta, y admite que “siempre vamos un poco ojo avizor”. La experiencia es el mejor termómetro y, en cuanto a la cerveza, García ya sabe que “cada partido solemos vaciar cuatro o cinco barriles”.
Extra de provisiones
En otros locales, el refuerzo ha sido más ambicioso. “Hemos hecho un pedido para dos o tres semanas”, explica Ander entre risas, previendo una posible noche larga si la Real logra el pase a la final. “Si pasa, ojalá, la locura se va a alargar más allá del partido”. En el Arkupe, Catalán también ha ajustado el almacén: “Hemos hecho un pedido extra de cerveza y también de vino y Coca Cola, porque el kalimotxo se bebe mucho”.
Al igual que la camiseta txuri urdin, el bocadillo es otro de los elementos que acompaña a la mayoría de los aficionados en cada partido. Por ello, en algunos bares se cuentan por cientos. “Solemos preparar cientos para cada partido, y esta vez haremos mínimo 50 más”, detalla Catalán. En el Txamarta, llevan los cálculos de manera precisa y la cifra impresiona todavía más: “Haremos unos 500 o 600 bocatas y seguramente se venderán”. En su caso, la jornada empezará a las ocho o nueve de la mañana, con el pan recién llegado y la cocina estará en marcha hasta media tarde.
"Otras veces no, pero hoy sí, seguiremos abiertos tras el partido"
Al igual que en otras jornadas, no todos los que llenen las barras antes del encuentro tendrán asiento en el estadio. “En los derbis el bar suele quedarse lleno durante el partido también”, cuenta Garciarena. Gente sin entrada que decide vivirlo allí, entre bufandas y gritos compartidos. En el Sacha calculan que, al ser un día laborable, el goteo fuerte de gente llegará al caer la tarde. “Si hubiese sido sábado, vendrían desde la mañana. Pero la gente trabaja, saldrá a las cinco o seis y vendrá con el tiempo justo”, afirma García.
Y después, ¿qué? Tras la semifinal, el horario habitual puede quedar en segundo plano. “Otras veces no, pero hoy sí, seguiremos abiertos tras el partido”, confirma Chema. “Es un día especial y vamos a esperar la salida de la afición”. En otros bares como el Arkupe también asumen que el partido “se puede alargar más allá del pitido final” y que tocará quedarse un poco más.
La Real es más que negocio
Entre previsiones y cifras, un sentimiento más profundo aflora en cada bar de la plaza Ferrerías. “Somos muy realzales y, más allá del negocio, vivimos cada partido con mucha intensidad”, admite Catalán. La frase se repite con distintas palabras en cada conversación. “Desde txikis hemos sido aficionados de la Real y nos ilusionan mucho este tipo de partidos”, añade Garciarena.
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El impacto económico es evidente, García admite que “cualquier acontecimiento por la zona supone un extra”, pero ninguno lo reduce a eso. Cada vez que rueda el balón en Anoeta, muchos bares se convierten en extensión de la grada, en punto de encuentro donde la tensión se comparte y la euforia se multiplica.
Y si la noche termina con el billete a Sevilla sellado, las decisiones llegarán rápido. “Nosotros iremos seguro”, asegura Garciarena sobre una posible final. “Luego habrá que ver a quién metemos aquí para trabajar, pero no nos lo perderíamos por nada (ríe)”. En el Arkupe, Catalán admite que “si puedo iré, pero primero tendré que encontrar quién se quede aquí”. García, en cambio, sonríe y se aparta del foco: “Lo dejo para los jóvenes”.
Mientras tanto, la plaza Ferrerías se prepara para convertirse, una vez más, en el corazón latente de la afición txuri-urdin. Porque en noches así, la semifinal no solo se juega sobre el césped de Anoeta. También se juega en cada barra que sirve una cerveza con manos temblorosas y en cada bocadillo preparado con la esperanza de celebrar algo histórico.
