Cuadra Fernández confirmó la encerrona
El colegiado, mal asesorado una vez más por su paisano Del Cerro Grande, fue clave en el empate del Athletic al expulsar sin ver a Brais por una rozadura a Paredes, que este exageró
El pasado lunes fue el famoso día de la marmota. Lo mismo puede suceder con los dos árbitros del domingo, Cuadra Fernández y Del Cerro Grande, y en los derbis en San Mamés. Con el colegiado madrileño adscrito al Colegio Balear, el recuerdo estaba muy fresco, lo que ponía en solfa su designación como encargado de impartir justicia en el clásico vasco. El 20 de diciembre, en un partido en el que la Real se jugaba mucho al estar con la soga al cuello y un entrenador interino como Jon Ansotegi en el banquillo, los realistas perdonaron muchas ocasiones para sentenciar el duelo, pero, en el descuento, un Mariezkurrena que entró acelerado picó en la habitual maniobra de Carlos Álvarez, de la escuela sevillana, pero las imágenes demostraron que era un piscinazo evidente e indiscutible. El VAR no avisó a Cuadra y los levantinos dejaron sin dos puntos vitales a los blanquiazules.
Un mes después, la Real se volvió a topar con este colegiado, que, evidentemente, no figura entre los mejores de su colectivo, y nada más y nada menos que en un derbi. Su elección no gustó, pero sobre todo porque es muy casero y poco valiente, dos ingredientes que te convierten en carne de cañón en un San Mamés caliente. En el Athletic se escudan (siempre tienen coartada) en que Zubeldia debió ver la segunda amarilla, pero lo que es increíble es que estuviera amonestado por un golpe con la mano en un salto, mientras Jauregizar, que jugó extrañamente revolucionado, Yuri o Guruzeta acabaron el choque sin castigo. Curiosa la jugada de este último, ya que, fruto de la impotencia porque apenas entró en juego, el delantero propinó una patada incomprensible a Jon Mikel Aramburu, a quien le pudo hacer mucho daño, y Cuadra Fernández amonestó a Jon Martín por reclamar que le sancionara y dejó sin castigo al donostiarra. A partir de ese momento, el Athletic, que no había disparado a puerta aún, se creció, logró el empate y no ganó porque Remiro firmó un paradón precisamente a Paredes, que no acabó convirtiéndose en héroe después de su burdo teatro de puro milagro.
Pero las quejas de la Real se centraron en la inacción del VAR. ¿Cómo es posible que en una acción en la que todo el mundo coincide en que el juez de línea fue el que avisó y confundió a Cuadra, Del Cerro no pensara que era pertinente que, al menos, el colegiado de campo analizara la supuesta agresión en las pantallas?
Carlos del Cerro Grande. ¿Lo recuerdan, verdad? El mismo que colaboró en un ascenso del Sporting al darle la victoria en un partido decisivo frente a la Real en El Molinón tras conceder un gol en un fuera de juego de Bilic por varios metros. Precisamente, los asturianos vencieron los seis duelos que les dirigió esa temporada en la categoría de plata.
Ya en Primera, en un partido en el Nuevo Arcángel, uno de los últimos de Jagoba Arrasate, el Córdoba empató un duelo que tenían ganado los realistas gracias a un gol con la mano. Lo más increíble de todo es que el madrileño escogió Anoeta para arbitrar su último encuentro en la visita del reciente campeón de la Europa League, el Sevilla de Mendilibar, ante un anfitrión que ya era equipo de Champions.
En el VAR, en un choque ante el Alavés no llamó al colegiado por un empujón clarísimo a Isak, que no exageró su caída, que además supondría la segunda amarilla del infractor y, en cambio, poco después, señaló una pena máxima a Zubeldia por un mínimo contacto con Miguel de la Fuente, a quien pareció que le había clavado un cuchillo por sus exagerados gestos de dolor. Y bastantes más, cuanto menos sorprendentes, como cuando perdonó una roja escandalosa a Araujo, que casi rompe en varios pedazos a Aihen. Es más, fue el que estuvo en la última visita del Barça, cuando esta vez fueron los catalanes los que pusieron el grito en el cielo por varias decisiones cuestionables y debatibles.
Por estos motivos la Real sabía lo que podía sucederle en el derbi, cuando la situación de su eterno rival era tan preocupante como lo acredita que cuando empatan, ya con los de Matarazzo con uno menos, en lugar de recoger la pelota y correr hacia su campo para no perder tiempo y que se sacase rápido, se quedaron celebrándolo con los suplentes en uno de los córners. En resumen, se esperaban una encerrona y se quedaron sin dos puntos porque el colegiado dio vida al Athletic, que hasta ese momento no había lanzado a puerta. Es decir, hasta el minuto 83, si Remiro se hubiese quedado en casa, el resultado habría sido el mismo: 0-1 para la Real.
