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[A por ellos] Cuando menos te lo esperas

Nunca subestimes ni la Copa ni a ti mismo. A cuatro pasos del Olimpo.

[A por ellos] Cuando menos te lo esperasRuben Plaza

No, si yo lo entiendo. En frío la mayoría ya ha digerido y asimilado una victoria capital en un estadio maldito como el de Getafe en el que una vez más, con entrenador distinto, la Real volvió a poner a prueba la resistencia de nuestros corazones. La verdad es que lo de esta temporada está siendo un tobogán de emociones fuertes que unas veces sale cara, como en el Coliseum, y otras cruz, como en Levante. Nada resume mejor la temporada de la Real que los dos finales de sus últimos encuentros fuera, sobre el papel netamente inferiores a los blanquiazules.

El caso es que solo una hora después del gol de Aramburu, y del de Juanmi, por supuesto, comenzó mi cumpleaños. Y sin quererlo ni beberlo me encontré de repente con que, después de lo sucedido, en vez de cumplir mi año correspondiente, me cayeron cinco de una tacada por el sinvivir de este equipo, incapaz de hacernos disfrutar con un triunfo solvente sin sacarnos de nuestras casillas. El problema es que, como muchos me suelen recordar con sorna, otro 10 de enero la Real firmó un 6-1 en la Copa al encajar cuatro dianas en seis minutos, lo que me quitó diez años de vida. Hago cuentas y ahora entiendo que haya gente que diga que no aparento mi edad real por culpa de nuestro equipo. Tampoco pasa nada, de algo hay que morir…

La vida da muchas vueltas. Es impredecible y nunca sabes lo que te deparará cada día a la vuelta de la esquina. Yo siempre he defendido que me siento un verdadero privilegiado. Es cierto que con las redes sociales el tema se ha convertido en un poco más incómodo, porque en demasiadas ocasiones nos convierten en los nuevos árbitros mientras nos colocan en el paredón, pero, como todo en la vida, hay que adaptarse y, dentro de unos límites infranqueables, tratar de naturalizar las situaciones. Aunque haya gente que pierda años de vida porque le has puesto un 5 sobre 10 a Oyarzabal (cuando todo el mundo sabe que, dicho con rigor y objetividad, la nota mínima del capitán como poco debería ser un 8 por seguir aquí).

El feedback muchas veces te depara momentos maravillosos, como que uno de los mayores halagos que he recibido como periodista fue cuando un apasionado aficionado del vecino, más radical que Sarabia y Goiko juntos, me comentó que le encantaría que hubiese un periodista que tuviese el mismo estilo edulcorado de recuerdos históricos escribiendo de su equipo.

Insisto, luego hay mucha gente que te coge o te tiene cariño a pesar de no conocerte. Y eso es sobrecogedor. Hace unas semanas, Juan, uno de mis mejores amigos, entró en la pescadería a la que suele acudir al comienzo del paseo de Heriz (se la recomiendo, por trato y género) y la encantadora Sonia estaba escuchando el programa de Radio Marca. Mi colega me reconoció la voz y no pudo reprimir tantear un poco el territorio: “¿Qué dice este chalado?”. “A mí me gusta mucho, le leo y escucho todos los días”. “Pero si es amigo mío, le voy a decir que venga un día a visitarte, sin falta”. El día 26 todo estaba preparado para que viviera un gran día en olor de multitudes. Cuando íbamos hacia allí le comenté en broma a mi amigo: “Me siento como un futbolista, esto me da un poco de vergüenza”! Pero mi gozo en un pozo. Al llegar a la pescadería había un cliente de espaldas y cuando se dio la vuelta era nada más y nada menos que Jesús Mari Zamora. Una de las grandes leyendas del club. En cuestión de segundos me bajaron del caballo para asumir con resignación un inesperado papel secundario. Para ser sinceros, Sonia estuvo encantadora y hasta se sonrojó al verme. Creo que al mítico 10 le tenía más visto.

Otra anécdota propia de este mundo incierto me sucedió esta misma semana, cuando estaba en un supermercado y no encontraba tres de las cinco cosas básicas y sencillas que buscaba (ha solido ser peor). La tercera vez que le pregunté a la misma chica, que me respondía todo el rato casi de espaldas o de lado al estar reponiendo producto, de repente me dijo: “Yo a ti te conozco. Bueno, en realidad tu voz. Tu vivías en mi barrio”. Y yo (y mi ego) pensando que me habría escuchado en la radio. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: “Yo coincidí contigo en muchas juergas”. En un primer momento pensé que se estaba equivocando de persona, porque yo nunca he sido mucho de salir (siempre me han liado), pero no, no fallaba…

La tercera anécdota que viene al caso y ésta es buenísima... Dos amigos estaban tomando algo en la Cepa el jueves por la noche y de repente vieron entrar enfrente a un hombre muy alto. No tardaron en darse cuenta de que era Pellegrino Matarazzo. Al cabo de un rato pasaron y solo se encontraba él en el bar. Saludaron, se pidieron algo para beber y solicitaron la cuenta: “Cóbranos lo nuestro y lo del señor”. “Perdón, pero él ha cenado”. “Nos da igual, nos lo cobra también”. Al enterarse Matarazzo les dio las gracias y les pidió que se sentaran en su mesa. Mis colegas son muy futboleros y aún más de la Real, porque se pasaron una media hora inolvidable de animada charleta con el desconocido nuevo inquilino del banquillo txuri-urdin. Éste les explicó que lo que más le preocupaba de su aterrizaje era la posible aceptación de la gente. Ya se lo comentaron mis amigos, quizá de forma un poco exagerada por la fase de la exaltación de la amistad en la que se encontraban: “Hay pocos puestos más bonitos en esta ciudad que ser entrenador de la Real. Y lo vas a comprobar en el día a día, lo bien que te recibe la gente y si la pelota quiere entrar, lo mucho que te van a apreciar”.

La Copa está tan llena de imprevistos como la vida. Nunca sabes cuándo es buen momento para hacer algo grande, pero, llegados a este punto, hay que analizar la actual situación del equipo. Por mucho que nos pongamos dramáticos y hasta histéricos, es muy complicado que la Real corra peligro real de perder la categoría viendo el potencial ofensivo con el que cuenta arriba Matarazzo. Por lo tanto, en la Liga, su objetivo o aspiración debe ser meter la directa para intentar engancharse al vagón europeo, algo para lo que todavía no sabemos si está preparada. Pero el sorteo en la Copa nos ha deparado una oportunidad única, ya que en octavos recibe en su guarida a un rival que no es mejor sobre el papel, aunque siempre pueda complicarte la vida, como es obvio. Si pasa, ya estará a solo tres partidos de disputar otra final. Como para que no se les afile el colmillo... Aunque repita hasta la saciedad que este club nunca ha tenido ADN copero y que le cuesta horrores ganar partidos y remontar, el equipo ha ofrecido sobradas muestras de ser muy imprevisible, de agarrarse a los partidos, de mantenerse con vida hasta el final y, llegado el momento ,ya puede suceder de todo. Así es la Copa. En 1987 nadie esperaba que la Real levantara el título antes de jugar la semifinal en Bilbao con un 0-0 en la ida y la final ante el Atlético y, en cambio, cuando todos creíamos al año siguiente, el equipo se desmoronó en el Día D ante el Barcelona. O quién podía esperar cuando tocó la eliminatoria a partido único en el Bernabéu que la Real iba a ganar y luego, tras una larga espera, volver a tocar el cielo 34 años después. O que el Mallorca nos iba a dejar sin final rematando una vez entre los tres palos en 210 minutos de superioridad manifiesta. 

Como dijo Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia: “Cuando menos te lo esperas la vida te sorprende con un giro inesperado, un amor inexplicable, un momento inolvidable, un recuerdo eterno”. Nunca subestimes ni la Copa ni a ti mismo. A cuatro pasos del Olimpo. Hágase. ¡A por ellos!