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[Tribuna txuri-urdin] "I like Matarazzo"

No sé si conseguirá que el enfermo termine de sanar, pero de momento está acertando con sus diagnósticos

[Tribuna txuri-urdin] "I like Matarazzo"Real Sociedad

Hasta este pasado viernes, la última victoria de la Real Sociedad en Getafe databa del 14 de febrero de 2021, cuando, en soleada tarde de domingo, los txuri-urdin se impusieron por la mínima gracias a un solitario gol de Alexander Isak en el minuto 30. El cuadro azulón competía entonces en Europa y tenía un equipazo. Aquel día utilizó a futbolistas como Olivera, Maksimovic, Arambarri (todavía en la plantilla), Cucurella, Cucho Hernández, Jaime Mata, Ángel, Enes Unal o el mismísimo Take Kubo. Pero los de Imanol Alguacil apenas sufrieron para sostener la exigua renta, porque su momento y el del proyecto en general eran distintos al presente. Los jugadores blanquiazules sabían lo que era disputar (y ganar) una semifinal de Copa, habían vivido una última jornada de todo o nada para sellar un billete continental (en el Metropolitano), y conocían también lo que significa viajar al campo del Nápoles sin licencia para perder (empataron).

Cabezas funcionando

Recuerdo a los Aritz, Le Normand, Nacho Monreal, Merino, Portu, Carlos Fernández y compañía manejarse con aplomo en un contexto de partido perroa más no poder, tangana con Bordalás incluida. Y recuerdo, obviamente, a aquel mismo equipo proclamándose campeón de Copa sólo mes y medio después, desde una sobriedad muy similar. Ahora, puestos a pedir y a soñar, me habría encantado que la Real de Matarazzo mostrara en el Coliseum un poso idéntico al de hace cinco años. Pero la actual versión txuri-urdin viene de lo que viene. Por mucho que el técnico estadounidense parezca haber reactivado una psicología positiva entre sus pupilos, esas cabezas siguen funcionando todavía, y el otro día comenzaron a echar humo cuando el partido adquirió la pinta que adquirió. Tras 70 minutos de superioridad y un buen puñado de ocasiones desperdiciadas, el equipo sintió ya que ganar era lo normal y que la cosa sólo se podía torcer. Para sorpresa de nadie, ocurrió. Primero, en forma de ataque de nervios colectivo y del consiguiente inicio de un partido nuevo, repleto de imprecisiones. Después, mediante el deprimente gol del empate.

Perspectiva

Al final del encuentro, digerido ya el alegrón por el 1-2 de Aramburu, pudo quedar en clave txuri-urdin la sensación de “sí pero”. “Sí, hemos ganado, pero sufriendo así ante un rival tan mermado no vamos a ninguna parte”. “Sí, saben ricos los tres puntos, pero encajando gol en 18 jornadas de 19 sufriremos para salvarnos”. Yo, en cambio, prefiero mirar al equipo desde una perspectiva más optimista, porque Matarazzo ha heredado una situación clasificatoria que implica sí o sí titubeos como los mostrados el viernes durante 20 minutos para olvidar. Que a esta Real aún le pueden temblar las piernas es un hecho: esperemos que los puntos ayuden a ganar también en seguridad y en autoestima. Pero resulta igualmente evidente que, cuando los encuentros transcurren según lo preparado, el conjunto blanquiazul ha mostrado ilusionantes brotes verdes en estos dos últimos partidos, algo que personalmente hago extensible a la primera parte de Getafe. Escasearon las oportunidades, sí. No faltaron, sin embargo, ritmo, intención ni variedad de herramientas tácticas. Algunas se utilizaron con el mismo acierto que eché luego de menos para el pase o para el centro decisivos. Aunque ahí quedan las ventajas que sí se generaron.

'Rino'

Me está gustando el nuevo entrenador, Rino para los amigos. De cara al debut contra el Atlético estimó que procedía un plan contragolpeador tras robo, basado en una presión tan agresiva como básica en lo estructural. Ante la visita al Getafe, mientras, supo comprender que el Coliseum exige agitar la pizarra de forma un poco más sofisticada, y entregó al equipo una amplia nómina de soluciones con balón. Por encima de lo meramente futbolístico destaca además, simplemente viendo los vídeos que publica el club, el modo en que intenta modificar el estado de ánimo a nivel interno. Matarazzo y sus asistentes parecen querer cuidar al jugador. Le hablan. Le miman. Tratan de hacerle sentir partícipe de una misión que ahora desprende energía renovada