La Real vuelve a poner el contador a cero. Ya sin Sergio Francisco, sin su sustituto confirmado, y con un entrenador interino en el banquillo como Ion Ansotegi, el club afronta esta noche (21.00 horas) la tercera ronda en la Copa y el sábado le espera el colista del campeonato con las garras afiladas y como si fuese la final de las finales de su temporada.
El de Berriatua es un hombre coherente, normal, que llama a las cosas por su nombre, que conoce a la perfección el club y sus posibles goteras y que siempre ha demostrado tener los pies sobre el suelo. En ese sentido, en el club sienten que se encuentran en buenas manos, aunque solo sea por una semana. En los despachos de Anoeta han visto peligrar la participación en la Copa y han decidido cortar por lo sano y no alargar más la agonía de una crónica de una triste muerte anunciada.
Lo que buscan es un revulsivo que actúe como un desfibrilador para intentar que el equipo reaccione y recupere las constantes vitales. Que se desmarque de esas horribles sensaciones que dejó en una segunda parte para olvidar ante el Girona que acabó condenándole a una derrota tan dura como inesperada que acabó por costarle la cabeza a su entrenador.
Ansotegi viene con la mente limpia y con el cartel de haber disipado las dudas que tenían muchos cuando fue designado como preparador del filial. Además, aterriza en el cargo con la ilusión por las nubes al estar cumpliendo un sueño y venir de asaltar todo un Riazor con el 0-3 del sábado.
El técnico está utilizando el esquema 4-2-3-1, en el que se supone que mezclará titulares con suplentes. No se descarta que juegue Marrero, con Aramburu, que está sancionado en la Liga, Jon Martín, Caleta-Car y Aihen, por delante. En el centro del campo está por ver si no juega con un doble pivote formado por Gorrotxategi y Turrientes, con Goti por delante. En las bandas entraría Kubo o Guedes o el ruso (tres para dos puestos), con Karrikaburu, que ha marcado dos veces en este campo, arriba.
El Eldense es un anfitrión difícil. Con una plantilla veterana y que es capaz de competir ante cualquier rival. Una vez descendido de Segunda, está en buena racha, es séptimo de su grupo de Primera RFEF y quiere dar una alegría a su gente.