Dicen que nunca segundas partes fueron buenas; Javier Remírez tendrá que desmentirlo en su regreso al Gobierno de Navarra, tras un llamativo viaje de ida y vuelta. Vicepresidente y consejero del primer Gobierno de Chivite, fue también portavoz en los tres primeros tres años de aquella legislatura. Y fue otro ir y venir. En septiembre de 2022 fue relevado de las funciones comunicativas por Elma Saiz. Y fue Remírez el que a su vez sustituyó en abril de 2023 a la propia Saiz, cuando resultaba insostenible su papel como candidata a la alcaldía de Pamplona y mantenerse como consejera y portavoz.

Cambio atípico

El caso es que hoy Elma Saiz es ministra y portavoz del Gobierno de España y Remírez retorna de su experiencia en el Senado, encargo que asumió con disciplina militar, consciente de que encerraba impacto noticioso, como ahora lo tiene la marcha de Félix Taberna. Sin cuestionar que Remírez sea capaz de aportar elementos positivos en el Gobierno, el retorno es singular por poco habitual. Hace dos años se tuvo que despedir del Ejecutivo y ahora su vuelta es parte de “un nuevo impulso político”. El hombre de quita y pon, como portavoz, como consejero y como vicepresidente primero; ahí es nada.

“Fue un acierto poner a Javier Remírez, pero es un nuevo tiempo y hay otras prioridades”, dijo en septiembre de 2022 el entonces portavoz socialista Ramón Alzórriz en el momento del cambio de portavocía. Entonces tocaba hablar de economía tras la pandemia, ahora resulta primordial para el PSN sacudirse la presión de la derecha y cualquier tentación de derrotismo. Así que lo de Remírez es un Volver a empezar, entonado al estilo Luise Rainer en la ceremonia de los Oscar de 1983.

Retos

El relevo de Taberna, que acaba de cumplir 64 años, sociólogo como Chivite, busca la máxima sincronización, y como ha subrayado la propia presidenta, la necesidad de “imprimir otro ritmo y perfil político” al Ejecutivo para zafarse del marcaje de la oposición. Coordinación, ritmo y brega política para recuperar iniciativa en el nuevo año político que se avecina.

La apuesta por Taberna en agosto de 2023 se sustentaba en buena parte en haber sido asesor de Chivite desde 2014 hasta 2023. Su entrada en el Gobierno parecía ser el último servicio de este vieux routier de la política navarra, pero su periplo ha acabado antes de tiempo, con un corte seco. “Mi relación con la presidenta es bastante directa y de confianza”, nos dijo Taberna en una entrevista en 2024. “Es muy importante decir lo que uno piensa a la persona que crees que hay que decírselo”. Aunque reconocía también que en la nueva etapa le tocaba desarrollar los consejos que él había dado “y liderar una determinada parte del Gobierno”.

Han pasado 16 meses desde entonces. Chivite pone y Chivite quita, como la presidenta que es, pero va a ser clave una mejor comunicación con los socios cuando se aprecian ya muchas tiranteces acumuladas y los nervios van a ir in crescendo según se acerquen los comicios forales.

Aquellos viejos tiempos

Otra que retorna es Inma Jurío, que dejó el Parlamento hace menos de un año y ahora vuelve por la puerta grande como consejera. Caras conocidas, de la confianza de Chivite, pero si se trataba de refrescar la imagen del Gobierno, no aportan novedades sino más bien un escaso fondo de armario y una cierta añoranza por volver a la pantalla de legislatura 19-23, cuando el horizonte político estaba muchísimo más despejado para los socialistas y para la propia Chivite.

La resolución de esta crisis política en un partido de la implantación del PSN, es cuando menos peculiar, y trasluce una estrategia un tanto errática de repesca. Seis años y medio después de la llegada de Chivite al poder, hubiesen tenido más frescura otros nombres a los que se les tuviese que quitar el precinto. Pero a estas alturas de la película se requería un acoplamiento exprés, sin apenas periodo de adaptación.

Todo esto, por cierto, ha ocurrido dos semanas después del nombramiento de Elma Saiz como portavoz del Gobierno de España y en un horizonte electoral donde no parece inimaginable un sorpasso de EH Bildu al PSN en 2027.

Decíamos ayer...

A falta de un año y pico para las forales, Chivite se enfrenta al examen más complejo de su trayectoria política. Remírez, que vale para un roto y para un descosido, se fue sin rechistar, presentó la ponencia del congreso regional socialista, y ahora regresa al puesto de lugarteniente. Pata negra en el PSN, retén para tiempos de incendios, escudero leal en el fuego cruzado y compañero de fatigas desde siempre. Chivite se afilió a Juventudes Socialistas en 1998 junto a él. Con Aznar en la Moncloa, y Sanz en el Palacio de Navarra.

Cuestión de fondo

Parafraseando a Chivite: cuántos hombres y mujeres fuera de los aparatos de confianza están capacitados o quieren ponerse al frente de tareas políticas de máxima responsabilidad, no solo en el Partido Socialista, sino en general. Si la respuesta es un número proporcionalmente exiguo, entonces estamos ante un problema estructural, que compromete la calidad democrática. La política no atrae a multitud de gente que podría aportar un servicio público, y descarta dichas responsabilidades en aras de una comodidad vital, de no constreñir su posición profesional o no recibir críticas desmedidas para las que se requiere una coraza.

Si se convierte lo político en un pim pam pum no nos extrañe que muchísima gente huya de ello como de la peste.

Interrogantes

Un Gobierno no se puede dejar llevar por la inercia, atendiendo al argumento de Chivite, pero este va quemando etapas de forma acelerada. La presidenta puede encontrar las prestaciones necesarias en Remírez, pero el ya exsenador no es un soplo de aire fresco, una novedad que suscite curiosidad, sino un rostro que remite a la legislatura previa.

Remírez será alfil, torre o peón de la presidenta, lo que se le requiera, pues Chivite necesita cambiar el signo de la partida, en un Ejecutivo de coalición que sufre más de la cuenta desde hace un semestre, que no debe descuidar su cohesión interna, y donde ninguno de los socios tiene un horizonte electoral confitado.

“Liderando Navarra” fue el eslogan del último congreso del PSN, hace 10 meses. Todo ha quedado tocado, y el caso Cerdán sigue supurando y sumando llagas. Ahora Chivite mueve fichas y busca el revulsivo a la par que reafirmarse como líder política, con todo lo que conlleva el concepto en cuanto a mando, estrategia y conexión. ¿Le funcionará?