El lehendakari cree que no solo su gobierno, las instituciones o las empresas pueden y deben dar a conocer a Euskadi en el mundo. También ha detectado que hay personas que viven en el exterior y han conseguido posicionarse en puestos de influencia en su sector, o están muy bien relacionadas, y pueden actuar a modo de avanzadilla de los vascos para detectar amenazas u oportunidades de negocio, a nivel cultural o de otro tipo. El Gobierno de Pradales quiere movilizar el potencial que atesoran los profesionales vascos que están afincados en otros países del mundo y que pueden ayudar a las instituciones a identificar esas oportunidades que existen en el exterior, con un papel más activo y con un intercambio más fluido entre las partes. Y cree que hay muchas personas “amigas” de la cultura vasca, no necesariamente nacidas en los herrialdes vascos, que están dispuestas a contribuir a esta misma causa. Bajo esa premisa, el lehendakari anunció el año pasado que su Gobierno iba a remitir al Parlamento en 2026 una Ley de Ciudadanía Vasca en el Exterior, más flexible y actualizada. Se trata de rejuvenecer el marco actual, que tiene más de treinta años de historia a sus espaldas y se aprobó en una época previa al estallido de las redes sociales y de otras formas de comunicación. Lakua espera aprobar esta nueva norma con el mayor consenso posible para dar un salto, porque no reconocerá únicamente como diáspora a las personas nacidas en Euskadi y residentes en el extranjero, “sino también a quienes tengan nacionalidad o ascendencia vasca”, y también a la denominada affinity diaspora, los amigos de lo vasco que mantienen vínculos de tipo cultural, emocional, político o digital con Euskadi. Se trata de multiplicar las antenas en el exterior. Y también se trata de ofrecer facilidades para la relación, ir más allá de la organización clásica a través de las euskal etxeak para quienes no puedan acercarse a una por razones profesionales o de cualquier otra índole, no estén asociados de manera formal a esta red, o no dispongan de esa sede de referencia en el país en el que residen en la actualidad.
El Gobierno vasco trabaja en la creación de una ventanilla única de asistencia y en herramientas de participación digital que, según ha defendido en otras ocasiones, siguen los estándares internacionales del Pacto Mundial para la Migración. La normativa vigente, la Ley 8/1994 de relaciones con las colectividades y centros vascos en el exterior, sirvió para tejer vínculos sólidos entre las euskal etxeak y las federaciones en el mundo, pero ahora se trata de dar un salto. Las motivaciones y el perfil de la diáspora han cambiado, y muchas de esas personas forman parte del ámbito empresarial o cultural.