Moctezuma. Leo en la revista de la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies (AMMVEPE) de marzo de 2009, un artículo en el que la Dra. Alicia Blanco desentraña algunos secretos de la Casa de Animales que Moctezuma Xocoyotzin (1471-1520) mantenía para su disfrute personal y el de sus amistades en México-Tenochtitlan, y que conoció y describió Hernán Cortés en la segunda y tercera cartas a Carlos I. También otros autores lo describen con prolijos detalles porque lo vieron o porque se lo contaron. Mantenían en cautividad aves de todo tipo, incluso acuáticas, en grandes estanques; herbívoros y fieras enjauladas en enormes estancias con sus cobertizos; y anfibios y reptiles, para los que trabajaban más de 300 operarios.
El objetivo de aquel zoológico, que, al parecer, no era el único en aquellas latitudes, amén de la recreación y la ostentación del emperador, el acopio de plumas –un sector muy importante en las culturas prehispánicas mesoamericanas– y el suministro de animales para las ofrendas a los dioses.
Las instalaciones desaparecieron arrasadas por el fuego provocado por las huestes castellanas y sus aliados locales, reprimiendo una rebelión en 1520, en la que, también, perecería de forma misteriosa el propio Moctezuma.
Carl Hagenbeck (Hamburgo, 1844-1913)
Si fuera un político español del PP, se haría titular doctor en Zoología, animalista y máster en Etología por una universidad privada americana con sede madrileña, pero, en realidad, fue un domador y director de circo alemán, promotor de exhibiciones y jardines zoológicos que organizaba –por encargo de éstos, de particulares o de circos– expediciones a países lejanos para conseguir animales salvajes. A fines de la década de 1860 era el principal tratante de fauna exótica de Europa.
A partir de 1870 diversificó su actividad y, aprovechando el interés por los estudios etnográficos, creó zoos humanos que mostraban a poblaciones exóticas junto con animales salvajes propios de su hábitat natural. Así, en 1874 montó una exhibición itinerante en la que intervenían grupos de hombres, mujeres y niños samoanos y lapones con sus vestidos tradicionales y cierta escenografía que pretendía remedar su forma de vida original.
El éxito obtenido hizo que en 1876 organizara una expedición de caza y captura de nativos nubios que fue presentada en diversas capitales europeas, como París, Berlín y Londres. En 1881-1882, con la colaboración de los gobiernos chileno y alemán, raptó a docenas de hombres, mujeres y niños de tribus de Tierra del Fuego. Tras ser exhibidos en diversas ciudades, fueron utilizados para la experimentación en diversos laboratorios y hospitales germanos. Al año siguiente, exhibió en Berlín a un grupo de catorce mapuches –indígenas araucanos–, con los que recorrió diversas ciudades de Alemania. Posteriormente, serían más de 60 hombres, mujeres y niños cingaleses quienes participaron en un espectáculo junto con elefantes amaestrados.
En 1907 diseñó su propio jardín zoológico en la localidad de Stellingen, cerca de Hamburgo, siendo el primero que eliminó las tradicionales jaulas para mostrar a los animales sin barrotes de separación, en entornos semejantes a su hábitat natural, más por agradar a los visitantes que por razones de bienestar animal. Fue el precursor de los modernos zoológicos.
El negro de Banyoles
Estas exhibiciones, que ahora nos pueden escandalizar, eran muy celebradas en la época y coinciden en el tiempo con el asunto del cadáver del presunto bosquimano Molawa IV, que unos hermanos taxidermistas franceses habían robado en Sudáfrica en 1830 y posteriormente disecado. Puesto a la venta, fue adquirido por el médico y veterinario D. Francesc Darder y Llimona en 1914 para su exhibición en el Museo Darder de Banyoles (Girona), inaugurado en 1916 y que alberga una interesante colección de historia natural. Estuvo expuesto hasta marzo de 1997, cuando, por las presiones internacionales, fue repatriado a Botsuana con honores militares. Luego resultó que no era un bosquimano sino un hotentote sudafricano, pero ese es otro tema.
Aalborg
El zoológico de esa localidad al norte de Dinamarca, uno de los más grandes del país, solicitaba recientemente la donación de mascotas o animales que sus propietarios no pudieran mantener con el fin de, una vez eutanasiados humanitariamente, servir de alimento a los depredadores que albergan. El valor de la donación se puede deducir de los impuestos y el propietario se evita los gastos propios de la cremación o entierro. También admiten caballos, en determinadas condiciones sanitarias y administrativas, según la web del centro.
La noticia ha causado un gran revuelo en algunos ambientes y supera a la preocupación de algunos propietarios sensibles, por el ruido que generan en sus humanizadas mascotas los fuegos artificiales de las fiestas veraniegas o los petardos navideños.
Lo que para algunos es un escándalo no deja de tener cierta similitud con la donación de cadáveres humanos para su uso docente o científico que, en Euskadi, se gestiona desde el Departamento de Neurociencias de la Universidad (EHU), bajo unas rígidas condiciones.
Si bien la alimentación de los carnívoros se basa en carne de vaca o caballos viejos procedentes de los mataderos, los animales que fallecen en un establecimiento de este tipo, salvo casos excepcionales que pasan a las cátedras de Anatomía de las facultades de Veterinaria, se convierten, también, en pitanza para los carnívoros.
En lo que va de año, el zoo danés ha recibido 137 conejos, 22 caballos, 53 gallinas, 18 cobayas y 12 bacalaos, sí, no es un error de traducción, bacalaos. Después de esto, no hay más remedio que admitir al pulpo como animal de compañía.
Hoy domingo
Arroz Kerar. Escalope milanés con ensalada de escarola. Manzana asada. Bouche de Nöel de Gasand. Tinto Vivanco Brunes vegano. Agua del Añarbe. Café, mignardises navideñas.