Tribuna abierta

Vivimos tiempos difíciles

08.06.2021 | 01:43

A partir del fatídico 9 de mayo con el levantamiento del estado de alarma todo ha cambiado, porque muchos han desoído las advertencias de los expertos y la cifra de 25 infectados por 100.000 habitantes en 14 días ha quedado olvidada por las prisas de normalizar lo que no debe estar normal todavía. Y, por otro lado, la tensión política continúa en niveles intolerables

Recuerdo mi artículo del 14 de febrero de 2020 y reflexiono sobre la situación actual. Algunos personajes que nombraba, sin llegar a desaparecer todavía, ya no están en primera línea de la actualidad. Donald Trump, brexit, el Boris Johnson de entonces, Maduro, Cummings, Bannon, Redondo, o Gentili siguen aún por ahí haciendo de la suyas, pero con un papel menos protagonista. Existe la sensación de vivir un momento especialmente negro y difícil de la humanidad, que lamentablemente pervive en el tiempo.

En aquel instante, aunque ya se oía hablar de él, todavía el odioso coronavirus y el covid-19 provocado aún no lo había invadido todo, envenenando una sociedad que en estos 14 meses ha sacado lo mejor y lo peor de su alma.

La solidaridad y el esfuerzo de nuestros sanitarios, la disciplina de una parte de la ciudadanía, han contrastado con la incompetencia e irresponsabilidad de otra parte, con la ayuda inestimable de una clase política pequeña y mediocre, especialmente en nuestro país.

Por eso desde ese 14 de febrero de 2020 la humanidad es bastante peor. Hemos perdido activo y valores en el tránsito hasta aquí y probablemente nos hemos dejado por el camino una generación ejemplar, que supo luchar contra las adversidades en la posguerra y la transición, que llevó sobre sus espaldas la crisis de 2008, pero no ha podido resistir el macha de este cruel coronavirus.

Muchos de ellas y ellos ya no están por esa incompetencia en la gestión de los recursos y la falta de empatía de las generaciones actuales, que han sido en muchos momentos incapaces de tomar medidas para cuidarles y protegerles.

Que se mueran los viejos, no importa, ya han vivido bastante, parece que pensaban esos jovenzuelos que ajenos al peligro que provocaban, disfrutaban sin respetar las mínimas normas. El problema es que ahora el toro ya se ha fijado en ellos y comienzan a sufrir las consecuencias.

Incompetencia de las autoridades, e irresponsabilidad de una parte no tan pequeña de la sociedad, han sido cómplices del coronavirus para provocar este genocidio indecente que se ha llevado gentes muy válidas.

Por eso hoy este mundo se ha empobrecido.

¿Posición pesimista y derrotista? Posición dura, sí, crítica también, pero en un mundo de cobardes alguien debe tener la decencia y la valentía de llamar a cada cosa y cada cual por su nombre.

Hemos sido un verdadero desastre como sociedad y nuestros dirigentes no han estado a la altura de las circunstancias. Ninguno, de ningún partido, sean de PSOE, PP, Vox, Podemos, ERC, o PNV. Ninguno.

Hemos vivido atónitos una cadena de despropósitos, constantes cambios de rumbo y de opinión, que nos han llevado a un despiste colectivo que aún perdura.

¿Quién no recuerda que se planteó que para no cometer los errores del pasado solo se deberían rebajar las medidas de protección frente al covid-19 a partir de incidencias inferiores a 25 infectados por 100.000 habitantes en 14 días?

Lo señaló el Gobierno de la nación y lo aplaudieron desde Nafarroa a Madrid, Andalucía, Euskadi o Catalunya.

A partir del fatídico 9 de mayo con el levantamiento del estado de alarma todo ha cambiado, porque muchos han desoído las advertencias de los expertos y esa cifra de 25 ha quedado olvidada por las prisas de normalizar lo que no debe estar normal todavía.

No hace falta ser muy listo, tampoco virólogo, para entender que eso iba a pasar, habría sido suficiente con tener sentido común, el menos común de los sentidos entre nuestra clase política.

Por otro lado, la tensión política continúa en niveles intolerables. Lo ocurrido en Ceuta y Melilla con la canallesca actuación de un reino como Marruecos, gobernado por un sátrapa corrupto como Mohamed VI, resulta intolerable. La falta de unidad de los partidos también.

Fuera, tampoco la cosa va mejor. Aunque Biden no sea Trump, todavía no se nota demasiado ese cambio.

Lo de Israel y Palestina resulta otra indecencia que sucede con la pasividad de la mayor parte de nuestra sociedad. Mismo comportamiento con el Sahara. ¿Dónde quedan aquellos tiempos de la lucha social contra la guerra de Vietnam y eso que nos pillaba más lejos?

Una sociedad actual que se mira constantemente al ombligo ignorando el sufrimiento del otro, de allí y también de aquí. Mal panorama.

Otros temas más domésticos continúan en su bucle melancólico. Catalunya ya tiene gobierno, pero de aquella manera. También aquí la cobardía de las dos partes, independentistas y constitucionalistas, ha impedido una salida generosa y definitiva al conflicto.

Se ha preferido una solución monocolor y antinatura, que mezcla derechas reaccionarias e izquierdas incluso radicales, eso sí, con pedigrí indepe, a otra transversal y enriquecedora por la izquierda entre un PSC ganador de las últimas elecciones, ERC y los comunes. Nuevamente, mal panorama. Para Catalunya y para España.

Además, el lío de los indultos nos va a llevar a una nueva foto de Colón el próximo 13 de junio. Ese amago del PP de Casado de centrarse va a saltar hecho añicos ese día y eso es una pésima noticia para todo el país.

Efectivamente, volviendo al título, vivimos tiempos difíciles. Raros y negros. La cuestión es si vamos directos al despeñadero, o a última hora despertaremos del letargo para evitarlo.

Quizás dentro de otros 15 meses, con el virus ya desaparecido, la economía recuperada, Catalunya más tranquila y un mundo menos convulso, se podrá escribir una reflexión más optimista que esta.

Pero me temo que para poder hacerlo, además se debería hacer una reflexión colectiva para conjurarnos en un trabajo intenso de recuperación de valores, que nos saque de lo que Bauman definía como "sociedad líquida". Líquida, egoísta y egocéntrica debemos añadir. Y eso es algo bastante más improbable que lo anterior. Pero la esperanza, poca queda ya, es los último que se pierde.

Veremos... Exparlamentario y concejal de PSN-PSOE

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