Tribuna abierta

Cambiar de paradigma. Ya toca

08.02.2021 | 00:43
Cambiar de paradigma. Ya toca

Hoy tenemos retos (problemas emergentes) en el clima, la contaminación, la prevención en la salud, el cambio demográfico, las migraciones masivas, los cuidados de larga duración, el empleo joven y el desempleo de adultos, el despoblamiento rural, la apropiación de la tecnología, la desigualdad en varios frentes, la convivencia entre distintos, las tensiones territoriales, la flaqueza de las instituciones y el poder concentrado de unas pocas empresas

Cuando los problemas se agolpan, las soluciones no funcionan y el futuro se percibe muy incierto, es que no avanzamos con un destino claro. Aunque ciertas cosas que no funcionan bien, como las democracias o el empleo joven, puedan ser mejoradas sin duda, puede que estemos en el fin de una época, lo que significa que los principios con los que nos regimos no sirven ante los problemas y retos que hay que acometer. Podemos pensar ingenuamente que con unos arreglos, las vacunas que vienen, la recuperación de los oficios, la vuelta del turismo, el sostenimiento de las pensiones, y otros ajustes más volveremos a encarrilarnos en la senda del progreso.

En ciencia se habla de los paradigmas que son escalones del saber sobre las cosas y los seres vivos, donde los principios fundamentales son estables y admitidos por la comunidad científica. En cada escalón del saber se reinterpretan las realidades, se construyen técnicas, herramientas y sistemas de los que el progreso se nutre, las industrias y los trabajos cambian, y también el repertorio de conocimientos con los que se nutren las siguientes generaciones. Se requieren muchos años para cambiar un paradigma científico, y es siempre precedido por el trabajo de ciertos pioneros que exploran nuevos conceptos y explicaciones inéditas para sustituir a las existentes. Los pioneros son siempre maltratados por los popes del antiguo paradigma, que lo niegan obstinadamente, no tanto porque no lo ven, sino por la necesidad de autocuestionar el fundamento de lo que les hizo llegar hasta donde están.

En lo social los paradigmas también existen pero son más complejos que los de la ciencia, que son complicados, porque se ciñen al método científico y su validación, que es común a todos los pensantes en ciencia. En lo social los paradigmas son una amalgama de creencias, ideologías, escalas de valores, tradiciones, normas y costumbres que determinan los comportamientos colectivos, y dan las bases técnicas y legales para diseñar soluciones a los imprevistos. Por ejemplo, un mayor o menor control del Estado sobre el ciudadano, representa una faceta de un paradigma social que, como vemos, tiene grandes repercusiones en la forma de controlar y combatir una pandemia universal como la vigente. No hay paradigma mejor o peor, son diferentes con sus ventajas e inconvenientes en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, individual y colectiva.

Toca cambiar de paradigma cuando los problemas son más grandes que las soluciones y estas no producen efectos duraderos, porque vuelven los problemas con otras vestimentas. Concretando, hoy tenemos retos (problemas emergentes) en el clima, la contaminación, la prevención en la salud, el cambio demográfico, las migraciones masivas, los cuidados de larga duración, el empleo joven y el desempleo de adultos, el despoblamiento rural, la apropiación de la tecnología, la desigualdad en varios frentes, la convivencia entre distintos, las tensiones territoriales, la flaqueza de las instituciones y el poder concentrado de unas pocas empresas. Nunca se han puesto en cuestión tantas cosas, tan importantes e interconectadas, como para necesitar verlas desde más lejos, unas junto a las otras, y optar por cambiar la mirada antes de buscar y aplicar soluciones. Esto requiere cambiar de paradigma y ver las cosas de otra manera, con otras varas de diseñar, medir, evaluar y razonar.

Por ejemplo, en economía un cambio de paradigma seria que la función de cuidar, reparar y proteger supere a la de producir en términos de empleo, consumo, soluciones y aceptación social. Convertir el paradigma de: nuevo, todo, ahora mismo y gratis en otro que diga: reparado, especifico, durable y con un coste razonable. Tal vez los niños aprendieran en este sentido de la experiencia de los mayores que "lo que compras te pertenece, lo que cuidas forma parte de ti".

El pensamiento dominante de cuidar sobre el construir nuevo, repercutiría en muchos ámbitos del medio ambiente, de la salud y del consumo. También en las relaciones interpersonales de pequeños y mayores, y en la relación entre los animales humanos y las especies vegetales y otros animales. Este paradigma del cuidado multifacético se apoya en otro cambio de paradigma. Como bien dice Pepe Mujica, lo único que tenemos en la vida es "tiempo de vida". Decidir a qué lo dediquemos es decidir sobre nuestra vida y ejercer la auténtica libertad. Espacio y tiempo en abundancia son las bases de una vida más auténtica, libre y personal. Tal vez los ingredientes del lujo en el nuevo paradigma.

La riqueza social no es lo que medimos, requiere otros paradigmas sobre los activos sociales, esos que podrían medir nuestro desarrollo como países, regiones, familias e individuos. Se trata de marginar el PIB, e introducir además de este los activos de conocimiento, bienestar poblacional, conocimientos teóricos y prácticos, cultura, medio ambiente y confianza. Una paleta de elementos que conducen a una vida más provechosa, valiosa e inteligente para más individuos.

También el reparto del trabajo gracias a la tecnología que lo posibilita, y la traslación de miles de horas por cada persona al cuidado, en sentido amplio, es otra vía de este cambio. La recualificación y reconsideración social del trabajo del cuidado alimentaria una nueva economía, la de lo evitable. Europa prevé más de 24 millones de usuarios de cuidados de larga duración para 2030. De mucho nos hubiera servido disponer anticipadamente de parte de esta capacidad en este momento de carencias de medios. Lo echamos en falta cuando siempre se llega tarde o se espera a que ocurra lo más grave, para pensar en cómo resolver. Y también será un nuevo paradigma la reconsideración de la tecnología, como hija del conocimiento, y las patentes mundiales como un bien público del conocimiento colectivo, también citado en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Ahora vemos que las vacunas para el bienestar mundial, están en régimen de mercadeo internacional y no llegarán a los países menos pudientes.

Y para terminar, cabe citar otro gran cambio del paradigma: para retrotraer la herencia del "iguales juntos" –que la mentalidad industrial y de especialización de la ciencia nos ha contagiado– habría que adoptar el "distintos juntos" para resolver los problemas que siempre son transversales. Aunque de todas estas cosas hablamos con frecuencia, nuestra inercia y fijación en los viejos paradigmas nos lastran el presente y nos cierran el paso a las soluciones en el futuro. Por lo menos sepamos que hay camino si despejamos la niebla y ayudamos a los que lo señalan.