Colaboración

¿Por qué mató ETA?

18.11.2020 | 02:42

En combinación con la línea política y la de masas del resto de la izquierda abertzale, tratando de obtener una fuerza mayor que la de los simples votos, ETA mató para ejercer su poder sobre la sociedad y sobre sus enemigos políticos

¿Por qué mató ETA? ¿Por qué mató a quien mató? La actualidad de la serie Patria y algunas declaraciones nos traen diversas hipótesis y teorías. La más extendida es la que dice que ETA mató por un prúrito de limpieza ideológica, es decir, que ETA mató porque quería matar a personas de diferente ideología. Que, en definitiva, quería limpiar a Euskal Herria de los que no fueran nacionalistas. Esta afirmación, por su generalidad, no nos ofrece luz acerca de las motivaciones precisas de más de 30 años de lucha armada. Y además prescinde de la identidad de algunos objetivos de ETA, como eran la Ertzain-tza y los empresarios vascos, donde muchos nacionalistas fueron objetivos militares de ETA.

Preguntémonos: ¿quién era el enemigo de ETA? Eso es algo que aparece en sus comunicados: era el Estado español. ¿Mataba entonces para conseguir la independencia de Euskadi? Si miramos los planteamientos concretos de ETA (la Alternativa KAS en sus dos versiones en los 70, la Alternativa Democrática en los 90) comprobamos que, más allá de un horizonte con la etiqueta encima de las palabras de independencia y socialismo, los programas o propuestas de ETA iban destinadas a negociar con el Estado una serie de planteamientos. La historia nos dice que el Estado, con UCD, el PSOE y el PP como representantes, negoció con ETA. Y que las negociaciones dieron como fruto una reanudación de la lucha político-militar de ETA. Debiéramos concluir que los planteamientos eran secundarios respecto a la propia negociación (que suponía que ETA era interlocutor del Estado y, por tanto, negociaba con este unas condiciones para llegar a la paz).

Hay dos frases complementarias que se pueden aplicar al caso de ETA. La primera es la máxima maoísta: "Se lucha para negociar y se negocia para luchar". La negociación con el enemigo es un escalón en la lucha. Así lo demostró ETA que, en su historia, planteó nada menos que tres procesos de negociación y uno cuarto que no llegó a formalizarse. La otra frase es algo que los que vivimos la historia de ETA lo hemos oído de boca de sus simpatizantes: "Hay que poner muertos encima de la mesa". Los asesinatos de ETA eran argumentos en pro de una negociación en condiciones ventajosas. Y esa negociación estaba justificada (así lo dieron a entender los gobiernos españoles que negociaron) por que era la única manera de llegar a la "paz".

En los 80, los "muertos" que se ponían encima de la mesa (y que dieron como fruto la negociación de Argel de 1989) eran los producidos por los coches bombas, generalmente guardias civiles o policías nacionales. En los 90, los dirigentes de ETA vieron que por muy sangrientos que fueran los atentados (como el de Vic, en 1991, en el que murieron diez personas, entre ellos niños) el gobierno español de turno no se avenía a negociar. Por ello, plantearon una nueva táctica, ampliando los objetivos (que iban a ser cargos políticos) y extendiendo la violencia (con la kale borroka). Decía un boletín interno de ETA de julio de 1993: "El día en que un tío del PSOE, PP o PNV va al funeral de un txakurra o cien (€) no ven en peligro su situación personal y asumen ese tipo de ekintzas (atentados) (€) Pero el día en que vaya a un funeral de un compañero de partido, cuando vuelva a casa quizá piense que es hora de encontrar soluciones".

Los asesinatos de ETA y, en general, la violencia derivada de la izquierda abertzale, no iba dirigida al exterminio étnico o político del adversario, ni era un ritual de sacrificio en el altar de los ancestros, tal como ha querido significar alguna teoría antropológica. Su objetivo era doblegar los planteamientos del enemigo para llevarlo a una mesa de negociación. Así, tras el secuestro y asesinato del concejal del PP de Ermua, Miguel Angel Blanco, tras el atentado que casi le cuesta la vida, el presidente del gobierno José María Aznar negoció con ETA en 1999. Así, el representante del PSOE Jesús Eguiguren, siguió negociando con ETA tras el asesinato de su amigo y correligionario Isaías Carrasco.

Dicen los especialistas en la materia, que si no hubieran medios de comunicación de masas el terrorismo no existiría. El terrorismo es, por esa razón, un fenómeno contemporáneo. ETA vivió del poder que le dieron la publicidad de sus asesinatos que ejercía tanto sobre la opinión pública (horrorizada e impotente) como sobre los políticos (cuya única opción, durante décadas, parecía que era sentarse a negociar). El daño particular de sus víctimas se veía acrecentado por la capacidad de condicionar el estado de ánimo de la sociedad vasca y española. En combinación con la línea política y la de masas del resto de la izquierda abertzale, tratando de obtener una fuerza mayor que la de los simples votos, ETA mató para ejercer su poder sobre la sociedad y sobre sus enemigos políticos.

Doctor en Historia