Colaboración

De Fernando VII a Felipe VI, un hilo de corrupción

11.09.2020 | 02:17

Y por fin, Juan Carlos, que traicionó las reglas sucesorias de la monarquía al aceptar una corona de un genocida. Que en una operación de propaganda sostenida en el tiempo nos fue vendido como motor de la democracia.

A lo largo de los dos últimos siglos, la dinastía de los borbones ha tenido dos hilos conductores que han lastrado nuestra historia. La corrupción y la traición.

La patria de los borbones ha sido el trono y mantenerlo ha sido, y es, el único interés que ha guiado su vida.

¡Qué huecas suenan las palabras con las que se despide el penúltimo rey que irá al exilio! Se han llenado la boca de la palabra España y los bolsillos robando a los españoles.

Un somero repaso a nuestra historia nos muestra que el problema no son los monarcas, es la institución, siempre al servicio de los mismos, siempre alejada de la funesta manía de votar.

Una historia que podía comenzar allá por 1807 cuando Fernando da un golpe de estado, que fracasa, contra su padre; cuando en 1808 padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII venden la corona a Napoleón y disfrutan de un exilio dorado en Francia mientras el pueblo combatía contra los franceses. Cuando en 1814, con dinero de la oligarquía soborna a la guarnición de Madrid y anula la Constitución de 1812. Por cierto, tenía una cuenta bancaria en Londres.

Su mujer, la Regente María Cristina huyó de España en 1840, tras su vuelta mantenía negocios relacionados con la sal, el ferrocarril y la esclavitud y se decía que "no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses" y en 1854, acosada por los casos de corrupción, fue expulsada de España y le fue retirada la pensión vitalicia que le habían concedido las Cortes. Su hija Isabel II reinó en un estado de corrupción generalizada y en 1868 al grito de "Viva España con honra", fue enviada al exilio.

Alfonso XIII tenía intereses económicos en el Metro de Madrid, en empresas constructoras y además en El Metropolitano, un centro de apuestas de carreras de galgos que llegó a funcionar en la ilegalidad. Con episodios turbios como la construcción del tramo ferroviario Oncineda a Calatayud o la concesión a la estadounidense ITT del monopolio de la Compañía Telefónica.

Apoyó con entusiasmo, y saltándose al Consejo de Ministros, la aventura del Rif, mandando a defender los intereses mineros del Conde de Romanones y otros miembros de la oligarquía, a miles de españoles pobres, los ricos pagaban por no ir a morir "por España". Cuando en 1931 huyó de España se llevó varios millones de euros actuales que tenía en cuentas en el extranjero.

Y por fin, Juan Carlos, que traicionó las reglas sucesorias de la monarquía al aceptar una corona de un genocida. Que en una operación de propaganda sostenida en el tiempo nos fue vendido como motor de la democracia.

Y su hijo y heredero, Felipe VI, que necesariamente tenía que conocer el entramado corrupto de su padre. Quién puede creer que un CNI al servicio de los monarcas antes que a España no le informó desde su coronación de esos y otros asuntos.

Un rey, Felipe VI que solamente ha actuado cuando la ciénaga de corrupción ha comenzado a salpicarle en una operación de "el rey a muerto, viva el rey" en la que vuelven a colaborar quienes han contribuido durante cuarenta años a mantener el tinglado monárquico y la mentira juancarlista.

Lamentablemente, el PSOE ha mantenido durante estos cuarenta años una monarquía que sabían corrupta, un PSOE que nos decía que era únicamente "juancarlista" y que cuando ha llegado la hora de la verdad ha devenido en monárquico.

No va a ser fácil, pero ya es hora de que avancemos hacia un momento de dignidad democrática en el que, conquistada la democracia plena, la republicana ondee libertad.

Profesor de Historia jubilado