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Mar de fondo

Venidero

Los deseos que aireamos hace un año, los deberes que nos impusimos, se ha visto dónde quedaron. A qué lamentarse. Lo acabado, acabado está, sea 2025 o incluso uno mismo

Venidero

Bajo la sombra latina, Antonio de Nebrija dividió los tiempos verbales castellanos en cinco: pasado no acabado, pasado acabado, pasado más que acabado, presente y, por último, el venidero. También sumó perlas secundarias tan cachondas –ya ven el despiporre que se trae la filología- como ese “tiempo pasado más que acabado por rodeo”, el potencial favorito de incumplidores, arrepentidos, infieles e impuntuales: habría hecho. Sin abandonar El Lacio, recuerda mucho al “si fuera…” de Raffaella Carrá.

Habría hecho esto y aquello, habría amado más y mejor, habría aprendido a tocar la mandolina, habría ido al gimnasio, habría dejado el vicio de las bolsas de chuches de los chinos. Los deseos que aireamos hace un año, los deberes que nos impusimos, se ha visto dónde quedaron. A qué lamentarse. Lo acabado, acabado está, sea 2025 o incluso uno mismo. Esta insistencia nebrijana en distinguir lo finito de lo no finito quizás le surgiera de su vocación hebraísta, pero aun siendo influencia tabernera serviría igual para convencernos de la futilidad de ciertas promesas.

En cuanto al porvenir venidero, estaría bonito no seguir envenenando a la chavalería con ismos viejunos, las batallas de nuestros padres que ya son las de nuestros abuelos. Yo aún ignoro si bajo los adoquines hay de veras una playa, pero tras quien los lanza suele haber un señor madurito zampándose una gilda en un bar cercano o revolucionando su bicicleta estática. Así que, de crear un museo de nostalgias, que sea aquel de Benedetti donde mostrar a las nuevas generaciones cómo eran París, el whisky y Claudia Cardinale. No todo va a ser Carol G y Stalin...