Editorial

El bucle pandémico

26.11.2021 | 01:12

El factor más desasosegante de la sucesión de olas de incidencia covid es que bajo la forma de una supuesta fatiga social medran actitudes insolidarias y reactivas a la responsabilidad por la mera falta de certezas

La reincidencia en los ciclos de contagios es una característica ya claramente asociada a la pandemia del covid-19. Camino de los dos años de la experiencia es momento de descartar algunas presunciones y muchos razonamientos interesados. En primer lugar, el examen constante que se proyecta en exclusiva hacia la responsabilidad de las instituciones ya no se sostiene. El carácter global de la experiencia permite contrastar diferentes fórmulas de acometerla. Allí donde en un momento determinado una fórmula de contención concreta permitió reducir la incidencia de una ola, no ha servido para la siguiente. Pero no es cierto que no haya certezas, como se apunta para justificar el cansancio social al que se atribuyen los desmarques del entorno de corresponsabilidad al que se apela constantemente. Algunas conclusiones sí se pueden extraer. En primer lugar, que la vacunación ha sido la herramienta más útil, que se ha dispuesto de ella en un plazo sin precedentes y que ha servido para proteger y atenuar el impacto de la enfermedad. La perversión de desacreditar su uso por la necesidad de aplicar dosis sucesivas solo se sostiene desde la pérdida completa de perspectiva del grado de mortalidad desbocado allí donde no se ha dispuesto, por falta de medios o de voluntad, la vacunación generalizada. Al fin y al cabo, la experiencia de protección recurrente por ese mecanismo está interiorizada en el caso de la gripe. También podemos concluir sin temor a equivocarnos que en el bucle pandémico de picos y valles de impacto sobre la población, hay prácticas de seguridad constantes que funcionan. La distancia social, la mascarilla y la limitación de aforos en espacios cerrados han ayudado no solo a la contención del coronavirus sino a reducir estadísticamente la incidencia de otras enfermedades respiratorias. Igualmente, evitar que, por ejemplo, un menor acuda a clase con síntomas de enfermedad no es una práctica que nazca con el covid-19. Y, así, otras prácticas de solidaridad y corresponsabilidad que no pueden depender de la amenaza coercitiva del Estado de derecho. Salir de este bucle es un anhelo compartido, pero convivir con él minimizando su impacto es una necesidad imperiosa ante la que no cabe disfrazar de derechos a proteger lo que en muchas ocasiones solo es aferrarse a la propia conveniencia.

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