Editorial

Recriminación social

06.10.2020 | 00:24

El esfuerzo social, institucional y sanitario frente a la transmisión del coronavirus urge al reproche general de quienes, como el fin de semana en Irun y Agurain, eluden su responsabilidad con la salud pública

El confinamiento de León y Palencia durante 14 días, ordenado por la Junta de Castilla y León ante el incremento de contagios; el primer día laboral del cierre de Madrid, decretado por el Gobierno de Pedro Sánchez pese a las reticencias y resistencia, incluso en los juzgados, del ejecutivo autonómico que preside Isabel Díaz Ayuso; la imposición del estado de máxima emergencia en París, con cierre de colegios y negocios en nueve zonas, y en tres departamentos colindantes; el aumento de restricciones en Londres, Nueva York... Las informaciones sobre la situación de la pandemia a nivel global y los pretendidos progresos en su control suponen una severa advertencia respecto a la relajación en las medidas preventivas, también un nuevo llamamiento a la responsabilidad individual. Si en Euskadi la situación es hoy diferente tras 24 días consecutivos, desde el 11 de septiembre, con el número reproductivo básico –indica el número de contagios por infectado– por debajo de 1, y los últimos 16 con un porcentaje de positivos por PCR en torno o inferior al 5%; se debe en gran medida al sistema de diagnóstico, rastreo y control desarrollado por Osakidetza pero también al compromiso en las medidas higiénicas y de distanciamiento social que ha mostrado y muestra la gran mayoría de una sociedad vasca que, no cabe olvidarlo, fue una de las más afectadas en el Estado por el COVID-19 en un principio. Y precisamente por ese esfuerzo social generalizado, también económico desde las instituciones, además de por las ya evidentes consecuencias de la pandemia en el bienestar y desarrollo –más de 74.000 empresas han cerrado en el Estado español desde marzo y 1.547 negocios y pymes vascos desaparecieron entre marzo y julio– alcanzados durante décadas, no cabe tolerancia alguna con actitudes como las que se han producido puntualmente con las no fiestas en algunas localidades y otras reuniones de ocio principalmente nocturno, las últimas este pasado fin de semana en Agurain e Irun con obligada intervención de la Er-tzaintza. Más allá de la imposición de sanciones o de la actuación policial cuando se producen comportamientos que constituyen un evidente riesgo para la salud pública, es la propia sociedad, incluyendo los sectores de la misma más concernidos o más cercanos a quienes egoístamente ignoran su responsabilidad, la que debe optar por la recriminación y la denuncia.