Kanpolibrean

Talento y talante

Hay que analizar si el sector agrario está preparado para acoger nuevo talento o se limita a ejecutar proyectos de generaciones anteriores

12.01.2020 | 06:26

vuelvo de las vacaciones navideñas con un par de kilos adosados a la cintura como la cartuchera que lucía John Wayne en sus películas, fondón y desentrenado porque, aunque les tengo que reconocer que uno es adicto al ejercicio de juntar letras, las vacaciones hacen estragos y uno pierde agilidad mental y agudeza visual para captar lo que es noticia o noticiable de lo que es simplemente bazofia.

Eso sí, por muy relajado y ocioso que esté uno, no sé si es por defecto de fábrica o por habilidad innata, es inevitable que mire la realidad que le rodea, las noticias que lee y/o escucha con las agrogafas que no acabo de quitármelas y que, como imaginará, irremediablemente condicionan mi mirada.

Pues bien, en esas estamos cuando cae en mis manos una publicación titulada GITalent, impulsada por el diario Noticias de Gipuzkoa con la colaboración de la Diputación Foral de Gipuzkoa, la Cámara de Gipuzkoa y la patronal Adegi. Abordo la lectura de forma rápida, diagonal, desde la distancia que me causa este lenguaje técnico tan propio de las consultoras empresariales cuando las sabias palabras de Nerea Burgoa de Ulma me cautivan y provocan en mí un torbellino de reflexiones sobre cuestiones tan diferenciadas y entrelazadas al mismo tiempo como son el talento, la oferta de valor, cuestiones extra monetarias, etc.

Según Burgoa, las claves para atraer y retener talento en una empresa es realizar una buena oferta de valor para el empleado que, según cuenta, no tiene por qué estar ligada a un gran sueldo. Habla de una oferta de conciliación entre ámbito profesional y personal, de tener un entorno de vida saludable y disponer de infraestructuras de primer nivel en las que desarrollar sus profesiones.

Unas páginas más adelante, el emprendedor Hasier Larrea afirma lo siguiente: "No se trata de retener el talento en una prisión para que no se vaya, el talento tiene que fluir y moverse. Como empresa o como territorio hay que conseguir ser una parada en el que crezca, cambie o se vaya. Aunque, lógicamente, hay que conseguir que como organización el talento que se va pueda igualarse con el que viene".

Leo y entrelazo ambas reflexiones, las paso por la mirada de mis agrogafas y me surgen infinidad de reflexiones sobre la gestión del talento en el mundo agrario, bien sea la atracción de nuevos talentos, bien sea la retención del talento que anida en nuestras explotaciones familiares. Por cierto, unas explotaciones familiares, pequeñas y diseminadas por el abrupto territorio.

Releo las palabras de Burgoa y me pregunto cuál es la oferta de valor que el sector agrario (vasco) ofrece a los jóvenes y no tan jóvenes, cuáles son las bondades que nuestro sector puede aportar a aquella persona que, más allá de la cuestión económica (requisito imprescindible), busque otra serie de cuestiones como la conciliación laboral-personal, el entorno de vida saludable, el disfrute del tiempo para el ocio y otras cuantas que no somos capaces de captar, reconocer y, menos aún, poner en valor.

No se trata de engañar a nadie, pero sería un magnífico ejercicio de reflexión familiar y sectorial redactar un hipotético anuncio de trabajo en el sector y/o explotación de uno mismo detallando, además de la cuestión económica, las otras condiciones positivas que complementen y mejoren la oferta económica para así atraer al mayor número de personas y seleccionar entre ellas a las más talentosas.

Aprovecho la ocasión para reconocer que, particularmente, me llama poderosamente la atención los cada vez más numerosos casos de incorporación de jóvenes (mayoritariamente, mujeres) en el agro vasco atraídos, entre otras cosas, por la posibilidad o relativa facilidad de conciliar la actividad profesional con la vida familiar.

Releo asimismo las palabras de Larrea y más allá de las familias que animan, cuando no obligan, a marchar a sus hij@s fuera del caserío, hablar de retener talento me recuerda la sensación de pánico que anida entre aquellos padres que ansían que sus hij@s sigan al frente de la explotación familiar y que miran con recelo cualquier movimiento, desplazamiento e incluso proyecto formativo que exceda lo considerado estrictamente agrario, no vaya a ser que la criatura de marras se sienta atraída por los cantos de sirena del exterior.

Puestos a dar vueltas a la historia, pienso si estamos preparados para que nuestra explotación y/o sector sea territorio donde fluya el talento bien sea endógeno como exógeno. En pocas palabras, debiéramos reflexionar sobre si nuestro sector y si nuestras explotaciones familiares están preparadas, comenzando desde nuestra propia mentalidad, para acoger nuevo talento, familiar o externo, o si por el contrario, nos limitamos a que nuestros retoños sean meros ejecutores del proyecto diseñado y materializado por generaciones anteriores.

Por cierto, la atracción de nuevo talento al sector y la retención del existente en nuestros caseríos es lo que pretendió y consiguió, en gran medida, el gran Nikolas Segurola, fraile franciscano de Arantzazu que, conociendo el talento innato de nuestros pastores y buscando la dignificación del noble oficio del pastoreo impulsó, junto con otros cuantos que no nombro para no olvidar a ninguno, la Escuela de Pastores de Arantzazu en el humilde caserío Gomiztegi, propiedad de los franciscanos.

La escuela de pastores y otras muchos trabajos desempeñados por este fraile capaz de aunar voluntades gracias a su talante positivo, amante del euskara y del bertso, son los que han sido reconocidos y le hacen merecedor del Premio Baserritarron Laguna (Amigo de los baserritarras) que la organización agraria ENBA le hará entrega el próximo 26 de enero en Urnieta y en el que, confío, que Nikolas contará con un respaldo masivo del mundo pastoril.