A la contra

Sin pillarse los dedos

22.11.2020 | 11:15
Jorge Nagore.

Después de un año de parón tanto en primavera fechas en las que se producen la inmensa mayoría de expediciones, verano los ochomiles de Pakistán se intentan en junio y julio y otoño Shisha Pangma, Manaslu y Cho Oyu sobre todo reciben bastantes escaladores en septiembre y octubre la temporada invernal se presenta interesante en el Himalaya. Fundamentalmente por la coincidencia de varias expediciones que se van a juntar en el K2, el único ochomil que aún no ha sido ascendido en invierno. Son ya unos cuantos los nombres conocidos que van a intentarlo, caso de Tamara Lunger, Sergi Mingote, Ali Sapdara, John Snorri o Dawa Sherpa, entre otros. Se rumorea también que se podría sumar Nims Purja, que en 2019 subió los 14 ochomiles en 7 meses, en una enorme demostración de fuerza, cuerdas fijas, helicópteros, oxígeno artificial a raudales y una mezcla de admiración por la parte física y de lástima por los métodos. En todo caso, un grupo de gente lo suficientemente numeroso como para, si el tiempo no es detestable el clima de las montañas del Karakorum es peor y menos estable que las del Himalaya. En invierno aún más, se pueda ver algún intento más allá de los 7.000 o 7.500 metros, la barrera que hasta ahora solo ha superado Urubko en 2003 (7.800) y 2018 (solo hasta 7.600 y con Bielecki hasta 7.500). Y para comprobar si los intentos son o no con la ayuda de oxígeno artificial, una diferencia básica a la hora de afrontar una escalada invernal, puesto que el oxígeno en bombonas aporta no ya solo lo que no ofrece el oxígeno que uno encuentra en el exterior sino además un impulso calórico inmenso que hace que sean mayores los riesgos que se pueden correr. Y los riesgos no son solo morir. Hace poco Urubko ponía en Facebook una foto de sus manos y este texto: Antiguas congelaciones aún hacen que me duelan los dedos al empezar a escalar. ¡Pero eso significa que los tengo!