la escasa venta de entradas ha causado que el partido entre los equipos de Biarritz y Baiona vuelva a Iparralde para desilusión de los hosteleros donostiarras y de los aficionados de este lado. No es de extrañar que los aficionados del Aviron tengan escasas ganas de desplazarse cuando su equipo del corazón se está nuevamente asomando al abismo a pesar de sus figuras. Pero una sola victoria en seis encuentros y una ausencia incomprensible de juego colectivo le han colocado en ese peligro. Los entrenadores, experimentados rescatadores de modestos equipos, no parece que hayan obtenido el cambio de chip mental en la mayoría de la plantilla y apenas pueden contar con cubrir seis puestos de la delantera con calidad y entrega mientras que en el resto no coincide la calidad con los necesarios arrau-tzak de este deporte y además es evidente que por ahora no hay un colectivo en juego ni juego en colectivo. ¿Puede ser que en este derbi aparezcan todos los elementos necesarios para que el Aviron exista de nuevo?
En la playera ciudad el ambiente es más frívolo siempre, la tribu de Jerónimo está volviendo a disfrutar de un juego de equipo arriesgado en el que los jóvenes han encajado perfectamente junto a los veteranos contrastados y así llevan cuatro victorias en seis partidos, siendo la última derrota por un solo punto, después de fallar un golpe y un drop en los últimos cinco minutos. Y este bagaje es suficiente para llenar los 9.000 asientos de Aguilera y llevar a otros 4.500 a que lo vean de pie, pero no para llenar Anoeta.