El otro día estábamos votando una derrama en la reunión de vecinos cuando de repente apareció un comando de Delta Forceps e hizo una extracción, es decir, se llevó al administrador por la fuerza.

La verdad es que entre los vecinos había unos cuantos que no estaban de acuerdo con la gestión de este administrador y que las votaciones que habíamos hecho para ver si lo manteníamos o no habían sido algo sospechosas, aparte de que la casa estaba hecha unos zorros, con humedades, fallos en la calefacción, las escaleras sin barrer −un día, en un descansillo, hasta nos encontramos una tan misteriosa como fétida caca, que tardó en ser retirada varios días−.

Pero no nos esperábamos algo así. 

Los Delta Forceps −ya saben, el grupo de élite de El Gigante Naranja, la principal empresa de administradores de fincas de la ciudad− irrumpieron en la reunión derribando la puerta y reduciendo violentamente a algunos vecinos.  

En cuanto al administrador, no supimos nada de él hasta el día siguiente, cuando lo vimos en el telediario camino de un juzgado, esposado y con un ridículo gorrito de lana con orejas de Mickey Mouse. Lo acusaban de regentar varios narcopisos, alguno de ellos, al parecer, en nuestro propio bloque (nosotros, la verdad, no supimos a qué se referían, como no fuera al olor a marihuana que de vez en cuando salía de uno de los trasteros en el que solía meterse el hijo del del noveno C con sus amigos los días que hacía frío en la calle). 

Unas horas después, durante la entrega de un premio que concedía el Ayuntamiento al dueño de El Gigante Naranja, por su inestimable contribución a la convivencia en la ciudad, este respondió a las preguntas de varios periodistas y dijo que a partir de ese momento su empresa se ocuparía de administrar nuestra comunidad y que una de las primeras medidas que iba a tomar sería utilizar nuestro jardín-privado-de-uso-público, que en su opinión estaba infrautilizado, para levantar en él una franquicia de otro de sus negocios, la cadena de comida rápida McPato...

A mí todo me resultaba surrealista y un poco increíble, entre otras cosas porque a nadie, a la alcaldesa, a la policía, a los periodistas, le parecía extraño aquel comportamiento. Me parecía que, en realidad, aquello debía de ser un sueño, una pesadilla, o una película, un videoclip (por ejemplo, para esa canción de La Polla Records, Jhonny)… Y, en efecto, justo cuando el dueño de El Gigante Naranja añadía que para el correcto funcionamiento de su nuevo McPato “necesitaba” ocupar la panadería que había en uno de los bajos de nuestro edificio, me desperté

Como cada mañana, lo primero que hice fue mirar el móvil. Me saltó la alerta de una noticia de última hora: “Donald Trump ordena …”, comenzaba el titular...