La primera vez que escuché gritarle “puto negro” a un jugador de 15 años en un campo de fútbol base me quedé blanco. Fue un insulto espontáneo al ‘culpable’ de meter un gol y provino de otro crío que podría tener su edad.

Situaciones aisladas, pero que se repiten, un día aquí y otro allí, en mayor o menor grado. Esta vez lo han dado a conocer los dos clubes que se enfrentaban en categoría juvenil en el campo de Harizti-Handi y se han topado de bruces con una triste realidad que algunas personas extienden de los grandes estadios a los campos de nuestros pueblos, donde el rival también es vecino.

Hablamos de jugadores nacidos entre 2008 y 2009, que en este caso han tenido que soportar “insultos racistas” a un compañero y mofas por su físico a otros. Menores de 16 y 17 años que tienen lidiar con inconscientes que se piensan que están en una grada ultra de una gran liga, donde hemos naturalizado comportamientos lamentables y les consentimos casi todo, siempre que lo disimulen con lucha ideológica o ataquen al “enemigo”.

Los clubes, unidos

El club anfitrión, en este caso Lazkao K.E., otra víctima de los hechos, ha calificado de “inaceptable” lo ocurrido en su campo y, además de pedir perdón al rival, Ikasberri de Azpeitia, se compromete a “enfrentar” estos comportamientos y “fortalecer medidas de control y sensibilización dentro del club”. Decirlo ya es luchar es luchar contra ello.