Acabamos de disfrutar, o de padecer, según con el prisma que se mire, o, en definitiva, de vivir una época en la que los regalos han sido protagonistas de la mayoría de nuestros hogares. Unos días en los que se podría decir que el materialismo impera… Pero no es mi intención hacer demagogia, sino poner en valor labores o actividades que, para muchos, es el mejor regalo. Como las que tratan de llevar a cabo numerosas ONGs. Entre ellas, me gustaría destacar, una vez superadas estas fechas tan señaladas, la función de Zaporeak. Esta organización humanitaria radicada en Donostia ha cocinado y ha repartido más de ocho millones de menús diarios en diez años en zonas de Grecia donde han llegado personas huidas de la guerra y la barbarie, según dio a conocer hace unos días para conmemorar este relevante aniversario.
La ayuda de cerca de 2.000 voluntarios (una buena parte de ellos echó el resto en los dos puestos que montaron el día de Santo Tomás para recaudar fondos) ha obrado este milagro que pretenden hacer posible también en Gaza. Una nueva misión ardua, complicada y sacrificada, aunque a la vez gratificante, con el único propósito de conseguir que sus menús puedan llegar a la gente más necesitada de estas zonas afectadas. Indudablemente, el mejor regalo.