De Reagan a las realidades de Donald Trump
Es arriesgado decir a cuánto asciende la fortuna de Musk, porque va aumentando por minutos pero se calcula que es de unos 800 mil millones de euros
Como en tantas otras cosas,el presidente Donald Trump sigue en el terreno militar los pasos de su predecesor Ronald Reagan, interesado igual que él en las posibilidades del espacio.
En su día, Reagan imaginó un futuro en que la Humanidad utilizaría naves y estaciones espaciales con fines militares y económicos, algo tan lejano de las realidades de cuatro décadas atrás, que los medios informativos dominantes, tan progresistas entonces como ahora, aprovecharon esta perspectiva para ridiculizar a un presidente republicano.
Lo presentaban como si Reagan se guiara por una película futurista, casi con nostalgia por sus tiempos de actor. Incluso se inspiraron en Hollywood para crear la seria televisada y los filmes en torno a la “guerra de las galaxias”, en que unos personajes de fantasía se mueven en estaciones orbitales y promueven ataques y defensas desde el espacio.
Mucho ha cambiado en los últimos 40 años y los proyectos espaciales norteamericanos tienen hoy en día empresarios y militares dedicados a ellos, hasta el punto de que hace siete años, en diciembre de 2019, el Pentágono añadió el nuevo ejército del espacio a los cinco ya existentes.
El sistema militar norteamericano tiene ahora los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, además de Guardacostas, Infantería de Marina y Defensa Espacial.
Hoy en día no hay nada cómico en torno a las armas en el espacio; la confianza en su capacidad militar está muy extendida y refrendada por operaciones militares ya realizadas o en proyecto. Tanto Estados Unidos como Rusia y China tienen actividades militares espaciales, desde satélites a estaciones y la gran figura en este terreno está respaldada con la quintaesencia de lo que trae el éxito en Estados Unidos: dinero.
Porque el gran protagonista en este terreno no es ningún centro oficial ni parte del Departamento de Guerra, sino SpaceX y su multimillonario y excéntrico Elon Musk, un personaje que refleja las características del país, a pesar de que es un inmigrante, como lo han sido tantas otras figuras de las ciencias y la economía norteamericanas.
Es arriesgado decir a cuánto asciende la fortuna de Musk, porque va aumentando por minutos pero se calcula que es de unos 800 mil millones de euros. Semejante riqueza no le da poder tan solo en Estados Unidos, sino alrededor del mundo y uno de los últimos ejemplos se desarrolla diariamente en Ucrania, el país que contra todo pronóstico ha sido capaz de resistir por cuatro años los ataques rusos, a pesar de tener una capacidad económica y militar mucho menor.
Uno de los principales elementos de defensa de Ucrania son los drones que proliferan hoy por todas partes, pero recientemente perdió terreno ante Rusia a causa de las terminales Starlink de Musk, que Rusia consiguió robar para utilizarlas en los drones rusos.
De esta forma, a una distancia que les ofrecía protección suficiente, los rusos pudieron causar enormes pérdidas a los ucranianos, algo que Elon Musk pudo resolver gracias a su SpaceX, que produce Starlink, pues desbarató el acceso ruso a las terminales de satélite de internet, lo que prácticamente paralizó los ataques de Moscú.
El Kremlin tiene otros drones, pero no son tan avanzados y, tras perder el acceso al SpaceX, se quedó sin la capacidad que había mermado durante semanas a las tropas ucranianas. Ahora, Moscú trata de hallar alternativas…o formas alternativas de obtener conexiones a Starlink.
Trump ve todos estos hechos como una prueba de su trascendencia histórica para Estados Unidos, un país para el que prevé, a diferencia de sus rivales en el Partido Demócrata, una época de gran bonanza con un crecimiento económico sin precedentes y el consiguiente bienestar para su población.
Sueño que puede quedar truncado dentro de nueve meses, si los electores norteamericanos no se consideran tan afortunados como Trump desea y el Partido Republicano pierde la tenue mayoría de que dispone en el Congreso. A los Demócratas les sería fácil frenar o paralizar los proyectos del presidente.
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