El origen de la ‘doctrina Donroe’ que pone en jaque no solo a Latinoamérica
Los medios han rebautizado la doctrina Monroe de 1823, para abordar el juego de poder que está llevando a cabo Donald Trump
“Make America great again (Hacer a América grande de nuevo)” es solo una de las grandilocuentes consignas que hemos escuchado decir al actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tanto en campaña como durante sus mandatos. Sin embargo, ahora parece que, cual conquistador, está jugando a un Risk de la vida real con el aparente beneplácito de la opinión internacional.
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Su incursión militar en Venezuela, la captura de su presidente Nicolás Maduro y las actuales injerencias en el país latinoamericano fueron solo el principio de un periplo que le ha llevado a lanzar amenazas a diestro y siniestro sobre Colombia, Cuba, México, e incluso en Groenlandia, territorio autónomo perteneciente a Dinamarca.
Todo esto ha derivado en que los medios de comunicación ya hagan referencia a la doctrina Donroe, una pequeña adaptación de la doctrina Monroe. Y no, no es por Marilyn Monroe, que a su manera conquistó el planeta allá por la década de los años cincuenta. Para conocer el origen de esta doctrina tenemos que remontarnos unos años más atrás, concretamente al 2 de diciembre de 1823, para conocer al entonces inquilino de una Casa Blanca que apenas veinticinco años antes empezaba a albergar a los presidentes electos y que no fue bautizada con ese nombre hasta varias décadas después.
El mensaje de James Monroe a Europa
Su nombre era James Monroe, y fue el quinto mandatario del país, después de George Washington, John Adams, Thomas Jefferson y James Madison. Fue el último de los padres fundadores de la patria, y conocido por una importante frase pronunciada aquel 2 de diciembre que, sin saberlo, cambiaría el rumbo también de nuestra historia actual. “América para los americanos”, fue una de aquellas declaraciones enmarcada en un discurso alCongreso que terminaría con la aplicación de la doctrina Monroe, de la que hace tres años se cumplió el bicentenario.
La premisa de aquella doctrina traía consigo un mensaje para las potencias europeas del momento, entre las que se encontraba España, que aún mantenía varias colonias en el continente americano pero que ya había perdido, junto a Francia o Portugal, buena parte de ellas. Y es que Monroe les pidió que se mantuvieran fuera del continente americano. “Los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben considerarse en lo sucesivo sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, aseguró entonces Monroe, mientras afirmaba que cualquier intervención sería tomada como una agresión a Estados Unidos, mientras que se comprometía a no involucrarse en ninguna disputa de Europa.
Sin embargo, aunque la idea sobre el papel fuera interesante, que no hubiera injerencias por ninguna de las dos partes, la historia terminó revelando que la situación no iba a resultar exactamente así. Uno de los indicios más claros fue cuando el vigésimo sexto presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, le dio una vuelta a la doctrina a comienzos del siglo XX mediante un nuevo corolario que establecía que Estados Unidos podía intervenir en los asuntos internos de una nación latinoamericana si esta cometía faltas flagrantes, convirtiéndose en una especie de policía internacional, comúnmente conocida como política del Gran Garrote.
Así, Washington llevaría a cabo una treintena de intervenciones en países latinoamericanos, la última de ellas, y la primera del actual sigloXXI, la de este comienzo de año en Venezuela. Esta es la primera intervención estadounidense desde que EEUU acusara al líder panameño Manuel Noriega de delitos de drogas, invadiera ese país para arrestarlo y lo juzgara en tribunales estadounidenses, en una actuación de 1989 que guarda ciertas similitudes con lo ocurrido a principios de enero de este año con Nicolás Maduro. Y es que, lo que comenzó como una declaración contra el colonialismo se ha terminado transformando para convertir a América Latina, como ya explican algunos, en “el patio trasero” de Estados Unidos.
Los cambios de Trump Donald Trump tampoco se han quedado atrás. Si desde 1823 la doctrina Monroe ha pasado por varias modificaciones a lo largo de la historia, el actual inquilino de la Casa Blanca ha seguido haciendo variaciones. Él mismo declaró a principios de este año la vuelta a la doctrina Monroe “para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.
Tal y como él mismo afirmó tras la captura de Maduro en una conferencia de prensa, su gobierno no solo ha recuperado esta doctrina, sino que la ha “superado con creces”.
Ahora conocida como doctrina Donroe, como un guiño al nombre de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos ha justificado su operación en territorio venezolano con esta norma que le permite gracias al corolario Roosevelt intervenir en los asuntos internos de una nación latinoamericana si esta comete “faltas flagrantes”, por lo que nuevamente Washington se ha erigido en policía internacional y ya tiene la mirada puesta en sus siguientes objetivos. Cuba,Colombia,México... Cualquiera puede ser el siguiente en esta nueva versión de la doctrina Monroe.
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