El extravagante eléctrico que viene con… su propio bonsái
Está claro que un vehículo eléctrico, durante el uso, es más ecológico que un diésel o un gasolina, pero entre los puramente eléctricos, ¿cuál se lleva la palma? En realidad, la respuesta puede tener que ver con un ‘original’ detalle.
Seguramente dar con la contestación más certera (y rápida) para saber qué eléctrico es más ‘verde’ consistiría en algo tan sencillo como consultar la base de datos de un organismo como el IDAE y buscar los modelos con el consumo en kWh más bajo cada 100 km. Sin embargo, en esta ocasión hemos buscado algo más original, porque… ¿Qué puede haber más eco-friendly que un vehículo 100% eléctrico que, entre sus opciones, puede incluir su propio jardín de bonsáis?
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El responsable de esta idea tan llamativa es Dacora Motors, una nueva marca de procedencia americana que pretende, ni más ni menos, que competir con… ¡Rolls Royce! La interesante historia de esta compañía nace en Estados Unidos de la mano de dos ingenieros del MIT: Kristie D’Ambrosio‑Correll y su socio Eric Correll, ella como CEO y él como director técnico.
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La propia existencia de la marca ya es ‘diferente’: se trata de la primera firma estadounidense de coches eléctricos de ultralujo (así es como se definen) fundada y dirigida por una mujer, un detalle que no solo aporta diversidad a un sector tradicionalmente dominado por hombres, sino que también imprime una visión distinta sobre lo que debe ser un automóvil de alto standing en pleno siglo XXI. Su objetivo es tan ambicioso como claro: crear el primer coche eléctrico americano de ultralujo en casi un siglo y ‘sentarlo en la misma mesa’ que Rolls‑Royce o Bentley.
El debut de la marca lo protagoniza un sedán eléctrico sin nombre definitivo aún, pero con una personalidad tan marcada que difícilmente pasa desapercibido. Su diseño exterior es un homenaje directo al estilo Streamline Moderne de los años 30, un movimiento estético que apostaba por las líneas fluidas, las superficies curvas y la sensación de movimiento incluso cuando el objeto estaba detenido (una frase que, por cierto, muchos fabricantes siguen empleando en los dossieres de prensa de sus nuevos modelos… casi un siglo después).
En el caso de Dacora, esto se traduce en un frontal redondeado, faros circulares, aletas abombadas y una silueta que parece sacada de una película clásica, pero reinterpretada con la precisión que permite la tecnología actual. Algunos medios incluso lo comparan con un Volkswagen Beetle reinterpretado por un diseñador de alta costura, aunque su presencia es mucho más imponente y, por qué no decirlo, ‘teatral’.
El interior sigue la misma filosofía retro‑moderna. La marca apuesta por materiales naturales como la madera, la lana y el cuero ecológico, y por una atmósfera cálida que contrasta con la frialdad habitual de muchos eléctricos contemporáneos. Las pantallas digitales, por ejemplo, se ocultan tras paneles de madera cuando no se utilizan, una solución que busca evitar la saturación tecnológica y recuperar la sensación de artesanía tradicional. Además, el habitáculo es modular: la tapicería puede cambiarse según la estación (lana en invierno, lino en verano), un detalle que subraya la obsesión de la marca por la personalización y el confort sensorial.
En el apartado mecánico, Dacora no se queda atrás. Su primer modelo promete más de 800 CV de potencia totalmente eléctrica, una cifra que lo sitúa en la liga de los grandes GT eléctricos del mundo. Aunque la marca aún no ha revelado todos los datos técnicos, sí ha dejado claro que su intención es ofrecer una experiencia de conducción suave, silenciosa y majestuosa, más cercana a la de un salón rodante que a la de un deportivo. El precio estimado, que ronda los 500.000 dólares, confirma que estamos ante un producto reservado para unos pocos.
Y entonces llega el detalle que convierte a Dacora en una marca verdaderamente singular: la posibilidad de equipar el coche con una cúpula transparente que alberga un pequeño jardín de bonsáis. No se trata de un adorno improvisado, sino de un elemento diseñado para integrarse en la filosofía de bienestar y ‘conexión con la naturaleza’ que la marca quiere transmitir.
Según la propia compañía, la idea es que el conductor pueda llevar consigo un fragmento de calma y equilibrio, una especie de “respiración verde” en medio del tráfico urbano. Es un gesto extravagante, sí, pero también simbólico: en un mundo donde los coches compiten por tener más pantallas, más luces y más funciones, Dacora propone detenerse un momento y contemplar un árbol en miniatura.
El proceso de compra también refleja esta visión artesanal. La marca quiere que cada cliente participe en la configuración del vehículo casi como si estuviera encargando una pieza de alta joyería. Desde la selección de materiales hasta la elección del bonsái (que puede ser un pino, un arce o incluso un pequeño olivo), todo se personaliza. La entrega del coche, según adelanta la compañía, se realizará en ceremonias privadas en las que el cliente conocerá a los diseñadores y artesanos responsables de su unidad.
Dacora Motors no solo quiere vender coches: quiere vender una experiencia, una narrativa y un estilo de vida. Y aunque su propuesta pueda parecer excéntrica, lo cierto es que pocas marcas nuevas han logrado generar tanta conversación desde su primer día. Quizá la clave esté en esa mezcla de nostalgia, lujo extremo y sensibilidad ecológica. O quizá, simplemente, en que nadie esperaba que el coche eléctrico más llamativo del año llegara acompañado de un bonsái.