Evita estos malos hábitos en la conducción si quieres alargar la vida de tu coche
Buena parte de los conductores comete errores y descuidos que tienen un alto precio para la salud de su vehículo
Pocos coches logran alcanzar el final de su teórica vida útil sin acabar antes en el desguace. Y en la mayoría de los casos no se debe ni a la mala suerte ni a una supuesta obsolescencia programada, sino a errores y descuidos cotidianos que deterioran el vehículo y que muchos conductores cometemos sin ser conscientes de ello. Los expertos de la empresa de alquiler de vehículos mediante renting flexible Alquiber han identificado una serie de malos hábitos de conducción y mantenimiento que dañan seriamente el coche y suelen pasar inadvertidos.
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Estos fallos se concentran sobre todo en el uso incorrecto del motor, el embrague y el cambio, tres elementos clave y, a la vez, responsables de algunas de las averías más graves y costosas a las que puede enfrentarse un vehículo.
Fallos que afectan al motor
Conducir a muy bajas revoluciones. Circular con frecuencia en marchas largas acelerando con fuerza somete al motor a un esfuerzo excesivo. Esta práctica incrementa la presión interna y afecta a los componentes, reduciendo así notablemente su vida útil.
Conducir a revoluciones demasiado altas. Llevar el motor alto de vueltas de forma constante tampoco es necesario y puede generar problemas a medio plazo. Lo recomendable es no superar aproximadamente el 75% del régimen máximo: en motores de gasolina, unas 4.900 revoluciones por minuto si el límite está en 6.500; y en diésel, alrededor de 3.500 rpm cuando el máximo es 5.000.
La ‘regla del minuto’ que te ahorrará averías
Circular con el motor frío. Es fundamental que el motor alcance su temperatura óptima de funcionamiento antes de exigirle esfuerzo. Con el motor frío hay holguras y una lubricación deficiente. No obstante, abusar del ralentí tampoco es buena idea: los coches modernos sólo necesitan unos 30 segundos tras el arranque para iniciar la marcha, siempre con una conducción suave en los primeros kilómetros.
Aceleraciones bruscas. Acelerar a tirones en lugar de hacerlo de manera progresiva no sólo resulta incómodo, sino que castiga seriamente la transmisión.
Alargar demasiado el cambio de aceite. Cambiar el aceite del motor antes de los intervalos máximos recomendados por los fabricantes es una inversión en salud mecánica. Se aconseja hacerlo cada 5.000 kilómetros si se usa aceite mineral y entre 8.000 y 11.000 kilómetros si se emplea aceite sintético.
¿Qué hacer si se avería el coche al salir del taller?
Saltarse revisiones. No respetar los plazos de mantenimiento o no comprobar niveles de forma periódica acelera el desgaste y puede provocar averías graves.
Malos hábitos con el embrague
No pisarlo a fondo. Para que la operación de cambio de marchas sea correcta y no se acaben dañando sus componentes, el pedal debe pisarse completamente, hasta el fondo, en cada uso.
Usarlo más de lo necesario. Usar el embrague como reposapiés o mantenerlo pisado en parado en lugar de usar el punto muerto provoca desgaste y holguras. El pedal de embrague sólo debe utilizarse para cambiar de marcha.
Errores con el cambio
Usar la palanca como reposamanos. Mantener la mano apoyada sobre la palanca de cambios ejerce una presión constante que perjudica el mecanismo y, además, resta seguridad al conducir, que debe llevar las dos manos sobre el volante.
Forzar o acortar los movimientos. Cambiar de marcha de forma brusca o imprecisa, sin seguir el recorrido correcto, acelera el desgaste y favorece la aparición de averías.
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