Seguramente has escuchado muchas veces en los últimos tiempos la idea del ‘coche volador’. Y lo cierto es que aunque parece que con la tecnología disponible este tipo de vehículo debería ser una realidad hace tiempo, lo cierto es que el camino no está siendo nada fácil.
Además, las distintas iniciativas que se han visto en ese sentido o bien tenían forma de aviones con alas retráctiles que podían circular por carretera (como los PAL-V o el Terrafugia Transition) o bien eran drones de gran tamaño, poco no muy adecuados para desplazarse por las vías públicas (como el de Toyota y Joby Aviation, así como otros proyectos de taxis aéreos que llevan tiempo en marcha).
Sin embargo, ahora se está ultimando un proyecto que podría ser el paso definitivo hacia ese vehículo que, parafraseando a Emmet Brown en ‘Regreso al Futuro’, permita decir aquello de: “¿Carreteras? Donde vamos no necesitamos carreteras”.
El protagonista de este salto tecnológico es el Alef Model A, un vehículo desarrollado por la empresa californiana Alef Aeronautics, fundada en 2015 en Santa Clara y con sede actual en San Mateo. A diferencia de otros intentos previos, este coche no es un dron con cabina ni un avión disfrazado de automóvil: se trata de un vehículo eléctrico que puede circular por carretera como cualquier otro, pero que también es capaz de despegar verticalmente y volar sobre el tráfico (lo cual sería una de las grandes ventajas de este tipo de movilidad, unido al hecho de que lo haría sin emitir contaminación por su tipo de propulsión).
La compañía asegura que la producción comenzará en breve y que ya cuenta con más de 3.400 reservas anticipadas en todo el mundo. El precio de salida rondará los 300.000 dólares (unos 270.000 euros, una cantidad ciertamente elevada y con lo que podrías comprar un avión Beechcraft A55 Barón y un BMW Serie 5), lo que lo convierte en un producto de lujo, aunque la empresa insiste en que su objetivo es democratizar esta tecnología en el futuro. En cualquier caso, el interés generado demuestra que existe un mercado dispuesto a apostar por este tipo de movilidad aérea personal.
El Model A se diferencia de otros proyectos en que no necesita alas desplegables ni pistas de despegue. Su carrocería integra un sistema de hélices ocultas que permiten el despegue y aterrizaje vertical (es decir, sí que tiene algo de dron o VTOL). En carretera, se comporta como un coche eléctrico convencional, con una autonomía estimada de unos 320 kilómetros en modo terrestre y unos 160 kilómetros en modo aéreo. Además, según sus responsables, su consumo energético es inferior al de una Tesla.
El diseño podríamos calificarlo de futurista pero práctico: visto desde fuera, parece un automóvil deportivo compacto, con líneas aerodinámicas y una estética que no desentona en carretera. Sin embargo, bajo esa apariencia se esconde un complejo sistema de propulsión que permite al vehículo elevarse y desplazarse por el aire. La empresa ha mostrado vídeos de pruebas en las que el coche despega verticalmente y sobrevuela otros vehículos, demostrando que no se trata de un concepto teórico, sino de un prototipo que sí que puede funcionar y solo con electricidad.
Pero por muy buen funcione un vehículo de este tipo, uno de los grandes retos para cualquier ‘coche volador’ es el tema de la regulación. Alef Aeronautics ha conseguido un certificado especial de aeronavegabilidad de la FAA (Federal Aviation Administration) en Estados Unidos, lo que le permite realizar pruebas en condiciones reales. Estas pruebas ya se han llevado a cabo en aeropuertos de California, como Half Moon Bay y Hollister. Se trata de un paso crucial, porque sin la aprobación de las autoridades aeronáuticas, cualquier proyecto de este tipo estaría condenado a quedarse en el laboratorio.
Por otro lado, la empresa también trabaja en sistemas de seguridad redundantes (como en la aeronáutica convencional, donde los principales dispositivos van ‘por duplicado’, para que en caso de uno falle pueda haber otro igual que siga funcionando) y software avanzado para garantizar que el vehículo pueda operar de forma segura tanto en carretera como en el aire. El objetivo es que cualquier usuario con licencia de conducir y formación básica pueda manejarlo, aunque es probable que se requiera algún tipo de certificación adicional para el vuelo.
El Alef Model A llega en un momento en el que la movilidad aérea urbana y eléctrica está en pleno auge. Empresas como Joby Aviation, Lilium o Volocopter llevan años desarrollando taxis aéreos eléctricos, pensados para transportar pasajeros en trayectos cortos dentro de las ciudades. Sin embargo, la propuesta de Alef es distinta: no se trata de un servicio compartido, sino de un vehículo personal que combina la conducción terrestre con la capacidad de volar.
La alternativa de Joby Aviation.
Esto abre un nuevo escenario. Mientras los taxis aéreos buscan integrarse en sistemas de transporte público, el Model A apunta a un mercado de particulares que quieren evitar atascos y desplazarse con total libertad. En ese sentido, recuerda más a la visión de la ciencia ficción clásica, donde cada ciudadano podía tener su propio coche volador.
No obstante, el camino no está libre de obstáculos. El precio elevado limita su acceso a una élite económica, y la infraestructura urbana aún no está preparada para un tráfico aéreo masivo de vehículos personales. Además, cuestiones como el ruido (cuando las hélices de este tipo de modelos giran a máxima potencia no son precisamente silenciosas), la seguridad en caso de fallo técnico y la convivencia con aviones y helicópteros tradicionales deberán resolverse antes de que este tipo de coches se conviertan en algo cotidiano.
Alef Aeronautics es consciente de ello y ya trabaja en futuros modelos más asequibles, como el Model Z, previsto para 2035, que podría tener un precio mucho más bajo y orientarse a un público más amplio. La empresa también planea colaborar con gobiernos y autoridades locales para definir corredores aéreos seguros y sistemas de control que eviten accidentes.
Lo que hace especial al Alef Model A es que, por primera vez, un coche volador parece realmente viable. No es un prototipo extravagante ni un concepto de feria tecnológica: es un vehículo que ha volado en pruebas reales, que cuenta con certificaciones oficiales y que tiene cientos de pedidos en firme. Aunque aún faltan años para verlo circular y volar de manera habitual, el futuro que imaginaban películas como 'Regreso al Futuro' o series como 'Los Supersónicos' está más cerca que nunca.