John Toshack, al que la Real va a homenajear en el próximo partido que se jugara en Anoeta con la imposición de la insignia de oro y brillantes, solía decir que en Donostia la Liga no empezaba hasta después de la Bandera de La Concha. Han pasado muchos años de aquello y hace tiempo que el fútbol decidió importunar las vacaciones del personal con partidos que en algunos casos se juegan en horario de discoteca. De hecho, ayer se jugo la tercera jornada y todavía se pueden hacer fichajes. Para la Real, ha comenzado una temporada nueva a todos los efectos. Es nueva porque después de cinco años de vino y rosas no habrá noches europeas, porque estrena entrenador y también director deportivo y porque ha perdido a la penúltima de las estrellas que hicieron de este equipo uno de los grandes de la Liga en las ultimas temporadas. Es como empezar de cero. Toca reconstruir el proyecto para regresar al escaparate de los elegidos. Todas las miradas estarán puestas en Sergio Francisco, el entrenador, que ya sabemos que es la parte mas débil en cualquier equipo de fútbol. En el ambiente blanquiazul se palpa una mezcla de incertidumbre e inquietud con las capacidades del equipo para cumplir con las expectativas de los aficionados más exigentes. Pero esta temporada también examina a la afición, que tendrá que aprender a remar en condiciones mas desfavorables, en situaciones que parecían olvidadas, porque a lo bueno siempre nos acostumbramos rápido. La Real de toda la vida.
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