Marcial Muñoz
dueño de noventa grados

Marcial Muñoz: "Donostia puede ser una ciudad más clásica en cuanto a pensamiento, pero no lo es a la hora de vestir"

24.01.2022 | 00:30
Marcial Muñoz, en la tienda 90 Grados

El trato "exquisito" a la clientela, haciéndole sentir como en casa y escuchando lo que pide, es la clave que el dueño de Noventa Grados señala para el negocio local

donostia – En agosto de 2005 subía la persiana por primera vez Noventa Grados; un espacio novedoso donde peluquería y moda confluyen de manera natural. Casi dos décadas después, este rincón ya icónico de la Parte Vieja con catorce empleados sigue innovando, sin perder su esencia.

¿Cómo fueron los inicios?

–Llevamos 17 años, desde la apertura. Veníamos de una peluquería convencional, aunque con muchas inquietudes de moda, de arquitectura, etc. Pasó el tiempo, seguía viajando a ciudades como Nueva York, Milán o París, y veía conceptos de negocio donde se mezclaban varias disciplinas: una tienda de ropa que mezclaban con un restaurante, o una galeria de arte con restauración. Surgió un espacio tan especial como este, en el corazón de la parte Vieja, y decidimos aunar en un mismo sitio peluquería, joyas de autor, perfumería nicho... Mezclado, continuamente, con eventos; ahora no, por el tema del covid. Eso es Noventa Grados, la inquietud por el arte, por creadores que tienen cosas que contar, en sitios exclusivos.

¿Por qué unisteis moda y peluquería en el mismo espacio?

–Es que la peluquería era mi negocio; yo, en realidad, nazco como peluquero. La peluquería tenía que estar en este espacio, lógicamente, y queríamos que se enriqueciese de todo lo que te he contado.

¿Cómo era vuestra primera clientela? ¿Ha ido cambiando la gente que acude a lo largo de los años?

–Donostia es al final una ciudad pequeña y, al principio, creo que sorprendió mucho la idea. Después de 17 años, somos parte de la ciudad; un local vanguardista, en el que las puertas están siempre abiertas de par en par. Los grandes escaparates reflejan lo que pasa dentro y, con el tiempo, la gente ha perdido el respeto a entrar. Nuestra clientela son paseantes que vienen de vacaciones , turismo internacional y muchas personas de la ciudad, a las que les encanta un local en el que se respira un ambiente como si estuvieses dando un paseo por el Soho de Nueva York, Covent Garden de Londres o Le Marais de París.

¿Cómo os afecta el turismo?

–El turismo es fundamental, porque quizás, cuando tienes una cosa en casa, pasas, vienes, vas... Pero cuando alguien extranjero viene a Donostia, ¿quién no pasa por la Parte Vieja? Al pasar por estas calles, se encuentran con la sorpresa de este local, les atrae muchísimo y es un cliente absolutamente necesario. Depende de la época, el origen cambia. En mayo, junio y julio, es más turismo americano; en julio, agosto y septiembre, más europeo. Y, claro, estamos al lado de la frontera, por lo que los franceses son clientes a tener muy en cuenta.

¿Es la moda y la estética clásica en Donostia?

–No, no lo creo; no creo que Donostia sea una ciudad clásica. Puede ser, a lo mejor, una ciudad más clásica de pensamiento, pero no a la hora de vestir. Hay bastante inquietud y las cosas están cambiando. Aunque la masificación de otras marcas y una compra más de impulso, a precio más bajo, hacen que se haya perdido un poco el estilo. No solamente en Donostia; creo que a nivel mundial. Pero Donostia siempre se ha identificado con una mujer contemporánea, que ha buscado últimas tendencias, que le inquieta la moda y quiere un buen corte de pelo y un look personalizado.

¿Cuál es la fórmula para funcionar a lo largo de los años?

–La fórmula es creer, no olvidar en ningún momento quién eres, qué negocio tienes y dónde quieres llegar. Ante las adversidades, coger fuerza. Seguir formándonos y con la ilusión del primer día. Seguir viajando y observar lo que pasa alrededor del mundo. Estar en continuo entusiasmo y movimiento para que se alimente eso. Y, sobre todo, no olvidar dónde quieres estar, aunque haya momentos económicos o situaciones sociales que te den respeto.

¿Habéis tenido la visita de personas conocidas?

–Sí, claro, han pasado bastantes personalidades ; el Festival de Cine también atrae a mucha gente. Bimba Bosé venía habitualmente, Bruce Springsteen estuvo aquí también; fue un poco anecdótico, porque su guardaespaldas se puso en la entrada. Carmen Lomana, políticos... De todas formas, nosotros con lo que más nos quedamos es con las personas de a pie, que son las que nos hacen mantener vivo nuestro negocio.

¿Cómo hacer que la gente apueste más por el comercio local en vez del 'fast fashion' o 'low cost'?

–Creo que debemos marcar la diferencia. Y lo tenemos muy, muy difícil, porque las grandes marcas lo hacen muy bien. Están cambiando radicalmente su forma de venta, la están personalizando mucho. Pero los pequeños, lo que tenemos que ofrecer es que, cuando entren en nuestro local, se sientan como en su casa, súper bien tratados. El trato con el cliente en nuestros comercios, que son comercios de autor, debe ser exquisito, cada vez más. Hay que escuchar al cliente.

¿Alguna novedad para el futuro?

–Seguir buscando y trabajando con pasión. Seguimos haciendo muchísima formación, investigando marcas. Queremos que Noventa Grados siga identificándose como es, adaptándose a los tiempos, pero luchando por lo que identifica a este espacio. También está la ilusión de volver a retomar las presentaciones, que están apalancadas. La idea es seguir la dinámica de trabajo y entusiasmo.

"Nosotros con lo que más nos quedamos es con las personas de a pie, que son las que nos hacen mantener vivo nuestro negocio"

"La fórmula para funcionar es creer, no olvidar quién eres y a dónde quieres llegar. Y, ante la adversidad, coger fuerza"





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