Víctor Frankenstein, el personaje principal de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, creó a su criatura a partir de partes de diferentes cadáveres. A la casa Baroikua de Urretxu se la puede considerar la Frankenstein de la construcciones. Nació siendo un palacio y le fueron añadiendo cosas por aquí y por allí, hasta acabar siendo un híbrido de edificio de viviendas y palacete.

Este edificio de Urretxu fue construido a mediados del siglo XVII por el primer barón de Areizaga (Felipe) y su hermano (Bernardo). Se trata de una construcción de planta cuadrada y en su día constaba de una planta baja y dos plantas altas.

Del edificio original solo quedan la fachada, el alero y los escudos, pero se valen solos para dejar claro que por sus venas corre sangre azul. De hecho, a la casa todavía se la conoce como Baroikua (la casa del barón). Los Areizaga consiguieron su título nobiliario en el siglo XVII, por su participación en las guerras que tuvieron lugar en aquella época en Europa. Es por eso por lo que en su escudo pueden presumir de la presencia de dos águilas imperiales. 

Esta familia procedía de Zumarraga y antes de ser militares formaron parte de la burocracia real. A mediados del siglo XVIII se dedicaron al comercio y participaron en la creación de la Real Compañía de Caracas. Los Areizaga abandonaron Urretxu a finales del siglo XVIII. En el siglo XIX lucharon contra Napoleón. Algunos descendientes residen en Donostia.

El palacio fue la mansión oficial de la familia Areizaga hasta la Guerra de la Indepedencia (1808-1813). Durante la contienda fue requisado por el ejército francés, que lo utilizó como cuartel general de tropas y hospital de guerra. Los militares lo dejaron en un estado deplorable.

Posteriormente, a mediados del siglo XX, se utilizó como colegio e incluso acogió a una sociedad gastronómica. Estaba en estado ruinoso, cuando fue adquirido por Rufino Berjerandi. Este constructor es el doctor Frankenstein de esta historia, pues fue el que convirtió el palacio en un edificio de viviendas. Para ello, le añadió más superficie y altura. La reedificación tuvo lugar durante los primeros años de la década de los 60. Berjerando cogió el cadáver de Adonis y lo resucitó.

Las dependencias propias de un palacio pasaron a ser viviendas, pero no perdió una de las características propias de las mansiones: en estas edificaciones suelen haber mil recovecos y en Baroikua los sigue habiendo: sótanos, buhardillas que se convirtieron en viviendas, plantas y entreplantas... En un reportaje publicado en este periódico en 2015, una de las vecinas del inmueble reconocía que no sabía cuántos pisos hay en el edificio. No es de extrañar, pues cada planta es distinta: en una hay cinco viviendas, en otra tres, lo que eran camarotes se utilizan como viviendas... Además, no hay dos pisos iguales. Los hay de todos los tamaños.

En la primera planta hay cinco pisos. La segunda consta de dos alturas. En una hay tres viviendas y en la otra dos. En la tercera hay tres viviendas, en la cuarta cinco, en la quinta otras cinco y en la sexta tres. El ascensor llega solo hasta el quinto piso, pues el sexto es un levante y no había manera de hacerlo llegar hasta allí.

Otra peculiaridad del edificio es que cuenta con varios tejados de formas muy diferentes. El mantenimiento de los mismos es lo que más problemas plantea a la comunidad de vecinos. Además, la casa tiene tres patios y un sótano. El mismo se utilizó como garaje y también acogió la sala de exposiciones de Caja Laboral.

Cuando se hizo la obra para encauzar el río Urola, se cerró la entrada al garaje. Actualmente, solo se puede acceder al sótano desde el portal. Por otro lado, en los bajos del palacio Areizaga hay un bar que en la actualidad está cerrado y una sucursal de Caja Laboral.

En definitiva, un Frankenstein. Pero un Frankenstein con encanto, pues por algo se hizo tomando un palacio como base. La fachada es de sillería y muestra con orgullo los tres escudos de la familia Areizaga, que están coronados por águilas bicéfalas. Dos de los escudos son de gran porte. También merece una mención especial el impresionante alero de madera con doble fila de perrotes.