Martínez nació en Ponferrada, León, pero vive en Beasain desde que tenía 17 años. Antes de trabajar para la ONCE, regentó un bar.
Nació en Ponferrada. ¿Cómo acabó en Euskadi?
–Mi padre vino a trabajar a la empresa Jaso, cuando yo tenía 15 años. Durante dos años anduvo yendo y viniendo, hasta que decidió traernos a mi madre y a mí.
¿Cómo fue la llegada?
–Mis padres decidieron venir aquí de un día para otro, sin tener en cuenta mis necesidades. Es muy mala edad para cambiar de pueblo. Dejé los estudios y me fui a Donostia, a trabajar en la hostelería. Me arreglé muy bien, pues me gusta mucho la hostelería. Trabajé en los bares Egosari y Casa Alcalde de la Parte Vieja. Fue allí donde aprendí a servir y a cocinar. También trabajé en el Arkupe de Beasain. Solía decir que algún día tendría mi propio bar o restaurante y lo conseguí.
¿Qué bar regentó?
–Durante 10 años trabajé para los demás, hasta que un cliente me ofreció alquilar su bar: el Bodega Riojana de Beasain. Trabajé durante 12 años allí: de 2008 a 2020. Trabajé muy a gusto, hasta que tuve el accidente.
¿Qué sucedió?
–Me resbalé, en el propio bar. Me caí hacia atrás y me saqué el hombro. En el hospital me dijeron que era una luxación, pero pasaron cuatro meses y el hombro seguía sin responder. No podía levantar el brazo. Al final, fui a la Policlínica y vieron que tenía el hombro roto en cuatro sitios. Me enviaron a Madrid a operarme, pero ya era tarde. Me dijeron que con la rehabilitación conseguiría recuperarme, pero el dolor de hombro no se iba. Así, me dieron la discapacidad.
¿Cómo empezó a trabajar en la ONCE?
–La madre del chico que me llevaba a la mutua trabajaba en la ONCE y me recomendó ir allí. Pensamos que la ONCE es solo para los ciegos, pero decidí probar.
¿Qué encontró?
–Me recibieron de maravilla. Hice un curso de una semana y a las tres semanas ya estaba trabajando. Volvía a sentirme útil. Es lo que necesitas cuando llevas mucho tiempo sin trabajar:ponerte en marcha de nuevo. Llevo ya tres años trabajando en la ONCE.
¿Siempre ha trabajado en Zumarraga?
–Sí. No tenía costumbre de venir a Zumarraga. Había venido pocas veces: alguna vez al mercado de los sábados, a la feria de Santa Lucía... Los de Beasain tiramos más hacia Tolosa o Donostia, pero estoy muy a gusto en Urretxu y Zumarraga y ahora no me iría a ningún otro lugar. He tenido la oportunidad de trabajar en Beasain y no he ido. En Urretxu y Zumarraga me recibieron muy bien y, además, estoy muy cerca de casa.
¿Cómo es el trabajo de un vendedor de la ONCE?
–Lo más importante es el trato con la gente. Hay que tener en cuenta que mucha gente solo sale de casa para comprar el pan y el cupón de la ONCE. Necesitan hablar con alguien y por eso vienen a donde mí. Compran el cupón, pero sobre todo necesitan hablar. Los mayores de 85 años, en general, no tienen necesidad de dinero. También hay quien viene solo a hablar, pero no pasa nada. El que no compra hoy, comprará mañana.
¿Qué aptitudes hace falta para ser un buen vendedor de cupones?
–Hay que ser agradable. Pero algunos se toman muchas confianzas y hay que saber cortar a tiempo. Es lo peligroso de trabajar en la calle. De todos modos, en el kiosco me siento protegida. Los que no tienen kiosco están más desprotegidos.
Está muy a gusto en la ONCE.
–Creo que es una empresa que trabaja muy bien. Le he recomendado a mucha gente trabajar en la ONCE, pues siempre está buscando trabajadores. Pero la gente no conoce esta empresa y no cree que pueda ser un buen trabajo. Si eres trabajador y vendes, consigues un buen sueldo. Trabajo siete horas y media al día, de lunes a viernes. Además, disfrutamos de flexibilidad. La ONCE se adapta a la situación de cada uno.
¿Tiene alguna anécdota?
–Las mujeres mayores son muy agradecidas. Me traen magdalenas, bizcochos...
¿Qué dice de los clientes?
–La mayoría son mayores de 65 años. En cuanto a los de 40-50 años, todos los que vienen por primera vez a comprar el cupón, repiten. Porque soy agradable, porque es barato...
Ha hecho muchos amigos en Urretxu y Zumarraga.
–Conozco bien a los hosteleros de esta zona, por supuesto. Y tengo mi pequeña cuadrilla. Todos los mediodías me esperan en el bar Hokaba. En Urretxu y Zumarraga me recibieron muy bien. Soy abierta, pero tengo que reconocer que se me hizo duro empezar a trabajar en la ONCE. El primer día que vine a trabajar con el chaleco de la ONCE puesto, el guarda de seguridad del tren me dio la mano para ayudarme a bajar. Creía que no veía. Fue gracioso. No creía que acabaría trabajando en la ONCE, pero estoy muy a gusto. Es un trabajo enriquecedor. Vuelvo contenta a casa. No es un trabajo duro y tengo trato con la gente. En el bar me pasaba 14 horas trabajando:fregando, sirviendo, aguantando a los borrachos...