Hay lugares que no solo enseñan, sino que nutren la vida. La escuela de Angiozar es mucho más que un edificio: es un espacio vivo que late y marca el pulso cotidiano de esta pedanía de Bergara. Se alza donde el paisaje se aparta del ruido y del constante ajetreo, y el tiempo parece discurrir de otro modo, recordándonos que crecer también es sentirse parte de algo.

Angiozarko Eskola Txikia es un centro público de Educación Infantil y Primaria, donde en este curso 21 niñas y niños crecen, juegan y descubren el mundo día a día, acompañados de seis docentes –no todos a jornada completa– que se convierten en guías de experiencias únicas. Es una de las 26 ‘eskola txikiak’ de Gipuzkoa y la única de Debagoiena y Debabarrena, un detalle que subraya su relevancia estratégica y emocional para el valle.

“La escuela es un polo de atracción para frenar la despoblación que sufre el medio rural; atrae a nuevas familias, rejuvenece el pueblo y se convierte en un espacio de encuentro social”, explica Unai Asurmendi desde Angiozarko Bailara Batzarra. Y no es una afirmación retórica: fiestas, celebraciones, salidas al monte, deporte escolar o el simple hecho de verse cada día crean un gran vínculo que mantiene unida a la comunidad.

Las y los más pequeños aprenden tocando y explorando la tierra. A.B.B.

Dimensión académica, emocional y social

Ahora, Angiozarko Eskola Txikia ha dado un paso más al integrarse en un proyecto de investigación estatal que busca comprender “cómo las y los alumnos de centros renovadores afrontan la transición a institutos de secundaria convencionales, explorando las dimensiones académica, emocional y social, y analizando los factores y mecanismos institucionales que facilitan o dificultan su adaptación, así como las experiencias vividas en el proceso por ellos y sus familias”, expone Nagore Iñurrategi, que forma parte del grupo de siete personas de la Facultad Huhezi de Mondragon Unibertsitatea que coordina este estudio en Euskal Herria.

Tres centros vascos

Desarrollado de forma conjunta por las universidades de Girona –que asume el liderazgo–, Valencia (también la Universidad la Florida), la Internacional de La Rioja (UNIR), Sevilla y Mondragon Unibertsitatea, el proyecto tiene una duración de cuatro años y está inmerso en su segundo ejercicio. Es en esta fase cuando ha comenzado la recogida de datos; un trabajo que se prolongará durante los dos próximos cursos, y que, en el caso de los centros vascos –tres, incluido el de Bergara–, está dirigido por el equipo de investigación 'Aniztasunean Bizitzeko Testuinguru Osasuntsuak', al que pertenece Iñurrategi. 

Actividades al aire libre. A.B.B.

El análisis pone el foco en el seguimiento del alumnado que transita de sexto de Primaria a la Educación Secundaria, considerando como variable que provienen de centros con enfoques pedagógicos renovadores. Participan diez colegios de Madrid, Catalunya, Comunitat Valenciana y Euskal Herria, con alrededor de 150 estudiantes que en estos momentos cursan el último año de Primaria.

La selección no ha sido casual. Todos comparten elementos que definen la renovación pedagógica: finalidades educativas orientadas al desarrollo de la autonomía personal; la inserción social crítica y la formación de personas comprometidas con la justicia social; metodologías basadas en el aprendizaje por la actividad, con el alumnado como protagonista; estructuras organizativas horizontales que promueven la participación; y un currículum sensible al contexto, conectado con la realidad y con las necesidades de niñas y niños. En estos entornos, el profesorado acompaña los procesos educativos, el alumnado toma parte activamente y las familias desempeñan un papel relevante en la vida escolar. Angiozarko Eskola Txikia encaja plenamente en este perfil. “Cumple con estas características y nos parece un modelo muy a tener en cuenta”, insiste Iñurrategi.

Trabajo conjunto

“La escuela es un reflejo del pueblo y de su comunidad. Al ser pequeña, resolvemos las necesidades en auzolan, con la implicación de profesores, padres, madres...”, recalca Asurmendi. 

Angiozarko Eskola Txikia trabaja con edades mixtas y por proyectos, siendo reseñable el de bosque-escuela, que se desarrolla en una parcela donde los más pequeños aprenden en la tierra, con las manos en el barro y los pies mojados, transformando la naturaleza en un aula viva.

El lema 'Angiozarko eskola txikitik mundu handira' refleja la ambición de la escuela de dar alas a las y los estudiantes desde la modestia de su tamaño. Desempeña una función vertebradora del tejido social: actividades lúdicas, deportivas y tradiciones encuentran en ella y en la comunidad educativa un hilo conductor que actúa como auténtico “pegamento de la vida en el valle”, sostiene Asurmendi. Servicios como la ludoteca, que opera por las tardes, refuerzan este rol. En Angiozar, lo pequeño no es menos: es esencial.