Basusta Loradenda cumplió en diciembre del año pasado 25 años con la persiana subida en Santiago Auzoa, en Zumaia. Mas su historia viene de mucho más atrás. Detrás del mostrador hay décadas de trabajo con la tierra, cambios de tendencia y una adaptación constante a la manera en la que la gente compra flores y plantas. “Abrimos la tienda el 12 de diciembre del año 2000. Hemos celebrado el 25 aniversario, pero la actividad de Basusta se remonta a unos 25 años antes”, explica Lourdes Osa, dueña del negocio, a este periódico.    

De la huerta a la tienda

Antes de la existencia de la tienda, el centro de la actividad estaba en el caserío. Donde hoy se encuentra el camping de Zumaia había huertas e invernaderos y el trabajo era agrícola. “Mis padres y mis abuelos producían allí mismo y esos productos se vendían en mercados locales”, recuerda. Durante aproximadamente un cuarto de siglo, Basusta funcionó así: “sembrar, cultivar y vender directamente al público, sobre todo en mercados locales”.

Ese modelo empezó a cambiar con el paso del tiempo. Las dificultades para mantener la producción propia, especialmente por las enfermedades que afectaban a los cultivos, hicieron que los invernaderos y huertas fueran desapareciendo poco a poco. “La producción era más complicada y se empezó a comprar flora a proveedores nacionales. La actividad agraria fue descendiendo”, señala. Más tarde llegarían los proveedores internacionales, hoy también fundamentales en el sector. “Colombia, Ecuador u Holanda se han convertido en referentes mundiales”.

"Cambio de tendencia"

Hacia 2001 o 2002 dejaron de acudir a los mercados y apostaron por abrir una tienda física. “Fue un cambio de tendencia claro. Antes plantábamos y vendíamos en los mercados; ahora compramos y vendemos en la tienda”, resume. Aun así, el trabajo con la planta sigue requiriendo cuidados. “Las plantas en maceta hay que trabajarlas con tierra, llevarlas al invernadero para que les dé el sol y mimarlas un poco. No las creas desde cero, pero tampoco llegan y se venden solas”, explica. Con la flor cortada ocurre algo similar: agua, cámaras frigoríficas y conservación adecuada. 

La clientela también varió un poco. “En el mercado la gente focalizaba toda la mañana para hacer la compra completa: verdura, pescado, flores carne... Iban sobre todo amonas y etxekoandres”, recuerda. Era un espacio de encuentro, de trato cercano y de relaciones que iban más allá de la venta. “Ahora en la tienda la clientela es mucho más diversificada, viene gente de toda la vida, pero también gente joven. Los jóvenes suelen hacer unas compras más sencillas y están acostumbradas a productos más orgánicos, con menos componente químico”. Aun así, una planta para un espacio con poca luz o una flor concreta “sigue siendo la misma, independientemente de la edad del cliente”.

Página web

También abrieron una página web “para que los clientes pudieran ver antes de venir lo que había. Poco a poco nos demandaron una tienda online, aunque no es el eje principal del negocio. Tienes que diversificar tu oferta y ponerte a la par de la tendencia”. 

Exterior de la tienda de Basusta. Pedro Amundarain

El calendario marca el ritmo del trabajo. Osa destaca que el invierno es más tranquilo, aunque hay días de mucho movimiento. Las campañas fuertes llegan con fechas señaladas. “El día de la Madre en mayo es muy bonito y la época también. La de Todos los Santos en noviembre suele ser la más potente del año”.

"El ambiente de un mercado es irrepetible"

Mirando atrás, el recuerdo de los mercados sigue presente, aunque Osa no pasara mucho tiempo ahí. “Yo no lo viví tanto como mis padres o abuelos. Físicamente era más duro, pero era muy bonito. Tratabas mucho con la gente y con otros puestos. La tienda ofrece estabilidad, pero cierta distancia. El ambiente de un mercado es irrepetible. Todo tiene sus pros y sus contras”.

Como en tantos negocios pequeños, el futuro plantea la duda del relevo generacional. No es una preocupación inmediata para Osa. “Estoy muy contenta con la vida que he tenido”, dice, consciente de que no siempre ha sido fácil. “Hay que trabajar mucho en este negocio y hay que aprender y adaptarse constantemente, pero estoy muy orgullosa de todo el camino que hemos hecho en Basusta”, concluye la zumaiarra.