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“Europa debe elegir qué quiere ser; si un anexo o alguien con voz propia que defina su futuro”

Arantxa González Laya es jurista y experta en política internacional. Fue ministra de Asuntos Exteriores y actualmente es decana en Sciences Po

“Europa debe elegir qué quiere ser; si un anexo o alguien con voz propia que defina su futuro”ZarautzOn

Arantxa González Laya (Donostia, 1969) ofreció el martes por la tarde una charla en la Sala Modelo de Zarautz, organizada por ZarautzOn, en la que analizó el papel de Europa en el nuevo orden internacional. 

En esta entrevista reflexiona sobre el liderazgo de Donald Trump, la guerra de Ucrania, la inmigración, el impacto de las redes sociales en la democracia y el futuro del proyecto europeo.

Trump

Donald Trump volvió a la Casa Blanca hace un año y, desde que llegó, parece marcar el ritmo del tablero internacional. ¿Qué tipo de liderazgo representa hoy el presidente de los Estados Unidos?

Estados Unidos es un país dividido en dos mitades y Trump gobierna desde el agravio y la imposición. Su principal debilidad es la imprevisibilidad y la improvisación constante. Todo lo hace a golpe de efecto sin pensar en el día después. Promete muchas cosas, pero ninguna se materializa.

¿Gobierna desde las redes sociales?

Exacto. Vive de los titulares, de crear la ilusión de que resuelve problemas todos los días. No importa cómo se resuelvan ni si mañana lo que ha dicho hoy ya no vale nada. Proyecta una realidad virtual y pretende imponerla como relato político. 

Quitando las redes, ¿sus predecesores no actuaban parecido?

Hay una diferencia clara. Obama, Biden o incluso Bush podían hacer promesas que luego no cumplían del todo, pero no pretendían resolver problemas complejos con un tuit. Entendían que gobernar es un proceso y que los grandes cambios requieren políticas sostenidas en el tiempo. Eso es muy distinto del gobierno a golpe de red social.

¿Los estadounidenses están satisfechos con el actual mandato de Trump? 

Veremos qué dicen en las elecciones de medio mandato. Mi impresión es que muchos electores están empezando a repudiar estas políticas porque no están resolviendo el principal problema que les llevó a votar a Trump: el coste de la vida. Al final, el ciudadano sabe perfectamente si el dinero le llega o no a final de mes.

Zarauztarras en la conferencia de Arantxa González Laya.

Europa

Mirando a Europa, da la sensación de que estamos “en medio del bocadillo”, entre Estados Unidos por un lado y Rusia y China por otro. ¿Qué papel puede jugar el continente?

Europa tiene algo que otros no tienen: la capacidad de elegir qué quiere ser. Es suficientemente rica, grande e industrializada para hacerlo. La cuestión es si va a decidir ser un anexo de Estados Unidos, de Rusia o de China o si va a tener voz propia y definir su futuro. Ahí tenemos una batalla interna muy clara entre europeístas y euroescépticos. 

¿Esa división es hoy el gran dilema europeo?

Sin duda. Lo vemos en Francia con Marine Le Pen, en Alemania con Alternativa para Alemania, en España con Vox… Antes pedían salir de la Unión Europea; tras el Brexit y sus consecuencias económicas, han cambiado el discurso: ahora quieren “cambiar Europa desde dentro”. El objetivo es el mismo, debilitarla.

¿Eso afecta a los Estados Unidos?

A esta administración estadounidense le interesa una Unión Europea débil, desestructurada, sin capacidad de regular a las grandes tecnológicas, de tejer alianzas o de liderar la lucha contra el cambio climático. La pregunta es si eso nos conviene a los europeos.

Ucrania y el papel de Europa

En la guerra de Ucrania, Trump prometió acabarla rápidamente, como muchas otras. ¿Qué está ocurriendo realmente?

Lo que hemos visto es que está dispuesto a acabar la guerra, pero a costa de Ucrania, dándole a Putin lo que pide: una Ucrania no libre, no soberana y no democrática. Frente a eso, los europeos también queremos la paz, pero una justa. Solo así puede ser duradera. Somos vecinos de Rusia y una mala paz no arregla el problema.

¿Europa está sola?

Estamos más solos que antes, pero no del todo. Tenemos muchos aliados en América Latina, África, Asia e incluso la mitad de la sociedad estadounidense que no comparte estas políticas. Los amigos hay que cultivarlos. Por ejemplo, es un error haber pospuesto el acuerdo comercial con Mercosur. Tejer alianzas es clave para no quedar a merced de las grandes potencias.

Valores e inmigración

Si todo se mueve por intereses. ¿Dónde quedan los valores?

Europa debe defender sus intereses, sin renunciar a sus valores. Están en el artículo 1 del Tratado de la Unión Europea: derechos humanos, igualdad, no discriminación, protección de las minorías, libertad de expresión… Hoy el reto no es solo defenderlos frente a terceros países, sino dentro de la propia Unión Europea. Esa tarea también es de los ciudadanos.

La inmigración se ha convertido en uno de los grandes debates políticos. ¿Es una crisis real o una renuncia a los valores?

Es un caso claro donde deben sumarse intereses y valores. Europa tiene una natalidad muy baja y necesita migración para sostener su mercado laboral y su Estado del bienestar. Y, al mismo tiempo, creemos en los derechos humanos. El debate no es migración sí o no, sino cómo gestionarla de forma ordenada y regular.

Declive de la izquierda europea y los jóvenes

Se habla mucho del auge de la extrema derecha, pero ¿por qué están en declive las izquierdas europeas?

Porque se han alejado de su identidad histórica. La socialdemocracia nació para luchar por la igualdad, equidad, justicia y bienestar. Nos hemos centrado demasiado en políticas identitarias y culturales y hemos descuidado esa base. Además, hemos dejado de hacer pedagogía y de explicar que estos objetivos requieren tiempo y acción colectiva.

La percepción es que las generaciones más jóvenes, criadas en el entorno de las redes sociales, están hoy más desinformadas y menos politizadas que generaciones anteriores. ¿Es así?

Vivimos una paradoja clara: nunca hemos estado tan informados y nunca tan desinformados. El problema no es la falta de información, sino que el acceso a ella está intermediado por muy pocos actores. En concreto, por tres hombres: los propietarios de TikTok, de Instagram y de X. Hoy nuestro ágora público pasa por las grandes plataformas digitales, que deciden qué vemos a través de algoritmos. Por eso Europa debe defender su regulación tecnológica: no se trata solo de economía, sino de proteger la calidad de nuestras democracias.

Activismo

Por último, después de toda la experiencia que lleva acumulada en su mochila profesional, ¿es hoy más optimista o más pesimista sobre el futuro de la Unión Europea? 

Trabajé con un presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, que me enseñó algo muy importante: nunca hay que elegir entre optimismo y pesimismo. La única opción real es el activismo y yo soy activista. Activista europeísta, por una Europa más fuerte y por una democracia europea más sólida.