Asediado por la “nube negra” de su “mala suerte” en ciertas situaciones, el escritor Ibon Abad transforma sus vivencias en Euskadi en una trilogía fantástica muy personal. Nacido en Bilbao y criado en Izarra, además de bombero y harrijasotzaile, este narrador inquieto nos habla sobre temas tan actuales como la identidad, la mitología, el auge del euskal noir, algunas anécdotas y las sombras que alimentan su escritura.

Ibon Abad nació en Bilbao y creció en Izarra. Pankra Nieto

Nació en Bilbao, creció en Izarra y ha vivido y trabajado en las tres capitales vascas. ¿Ha influido esa diversidad de experiencias en su identidad como escritor?

-Sí, yo creo que sí. De hecho, empecé a escribir un poco por eso. He trabajado de chófer de autobús en las tres capitales y he vivido en Gasteiz, Izarra y Donostia unos años. Entonces, aunque ahora ya no esté haciéndolo, el hecho de trabajar en la calle y con la gente -estar tantas horas respirando el ambiente de esas ciudades- me ha inspirado. También he trabajado mucho de noche y que haya querido escribir caras oscuras de cada ciudad y cosas diferentes tiene que ver mucho también con eso.

Su principal saga de fantasía comienza con El Akelarre de San Sebastián (2021), continúa con Los Juegos de la Sangre de Vitoria (2023) y concluye con El Laberinto de Bilbao. ¿Ha considerado expandir su universo literario a otros territorios de Euskal Herria, como por ejemplo Pamplona?

-Sí, sí, me lo han dicho... En principio, mi idea es quedarme aquí. Luego, me quiero pasar a otros géneros, pero no me quiero cerrar la puerta tampoco. Si me da la venada dentro de unos años o así... Pero -en principio- esta historia está cerrada ya y se acaba en Bilbao.

Con el euskal noir tan de moda por aquí, es curioso que se haya decantado por la fantasía. ¿Qué le permite que el thriller no?

-Una herramienta de la que tampoco he querido abusar es el poder inventarte algo o salir de un bloqueo que tienes como escritor con algo inventado. Porque la fantasía te da eso, ¿no? Te puedes crear tus propios personajes, monstruos y realidades que igual en un libro en el que retratas la realidad -aunque sea una novela ficticia-, en un thriller, una novela negra o una novela histórica, no puedes hacer. Luego lo tienes que atar bien, ¿eh? No vale todo. Pero el recurso que me da la fantasía es que tengo un poco más de abanico para salir de los bloqueos o de los obstáculos.

Como recurso también se percibe mitología, como la grecolatina con Medusa. ¿Se ha inspirado también en mitología vasca?

-Sí, no he querido utilizar mucho, porque me parece que se esta sobreutilizando ¿no? En el euskal noir también, el tema de la mitología llega a un punto ya en el que todos tienen algo que ver con la mitología vasca. Pero sí que es verdad que en mi vida también me ha influenciado mucho para la imaginación las historias de la mitología o las leyendas de cada pueblo que tenemos aquí. Es un poco lo que he hecho, para escribir estos libros me han influenciado e inspirado en otros, pero no los he copiado. Entonces, lo que he hecho con la mitología es lo mismo, me he inspirado en ello, pero no he querido utilizar exactamente personajes reales de la mitología.

Dejando de lado la fantasía, ha escrito una novela corta que aborda el tema del Alzheimer, El abuelo samurái. ¿Por qué este cambio de registro para explorar un tema tan íntimo y complejo?

-He tenido familiares o conocidos que han padecido esto. Escribo para canalizar -hablando en plata- toda esa mierda que nos puede a veces avasallar. Me surge así, he vivido a través de otras experiencias -no solo del Alzheimer-: cáncer, demencias o ver cómo gente maravillosa, fuerte e inteligente se ha ido agotando y apagando poco a poco. Lo que intento con esto es escribir mi dolor y que se convierta en entretenimiento, y que gente que siente lo mismo pueda tener un sitio a donde escaparse.

 Ese entretenimiento también lo lleva a cabo en redes. ¿Qué importancia le da a esa interacción directa con los lectores?

-Para mí lo es todo. Como escritor yo no sería nadie si nadie se leyese mi libro, y a esa gente que me da la oportunidad le estoy agradecido. Ellos me están poniendo en la posición en la que estoy ahora. Entonces, en un honor tener a gente que se interese por mis historias y que les puedan entretener.

Además de su carrera literaria, es bombero y harrijasotzaile. Son profesiones y aficiones que contrastan notablemente con el mundo de la escritura. ¿Cómo consigue compaginarlas?

-En cuanto a harrijasotzaile, ahora me considero más entrenador. He creado un equipo y tengo a mis chavales y chavalas, y me llena mucho. Pero es como quien ha hecho un deporte de pequeño y se ha enamorado, y quiere seguir practicándolo, ¿no? Soy bombero, desde hace tres añitos, pero he estado estudiando unos cuantos años el tema de las oposiciones. O sea, yo no soy las tres cosas a la vez. No soy la persona más organizada, pero la cosa es organizarse. Al libro me dedico unos meses al año y aparco las otras profesiones y oficios que tengo. ¿Cuesta? Sí, pero a mí es lo que me ayuda a sobrellevar la oscuridad, la tristeza y la depresión que pueda tener yo en mi cabeza. El tener proyectos constantemente es lo que me ayuda a batallarlo. 

Aparte de escritor, Ibon Abad es harrijasotzaile y bombero. Pankra Nieto

Ha creado una marca personal distintiva como “escritor tatuado”, con un perfil muy físico que se fusiona con la literatura. ¿Ha tenido que enfrentarse a muchos prejuicios debido a esta cuestión?

-¿Sabes que pasa? No me he metido mucho en el mundillo literario, más allá de tratar con mi editorial que es pequeñita. No me he sumergido mucho. No tengo amistades en el mundillo, aunque he conocido a gente maravillosa. Ya me he enfrentado a esos prejuicios en mi vida diaria, he sido chófer, trabajador de cara al público, segurata, he sido de todo... Creo que ya estoy aprendiendo a esquiar en esos prejuicios. Soy una persona de pueblo, he trabajado en trabajos bastante de a pie -obreros-, vengo de una familia también así. Para mí está bastante normalizado eso. En la literatura no me he encontrado nada de eso por ahora o no le hecho mucho caso, la verdad.

¿Alguna pista de un próximo proyecto que tenga en mente?

-Algo tengo pensado, sí que se dice que cuando acabas una novela, estás ya pensando en la siguiente. La verdad es que me ha costado terminar la trilogía. Quiero tomarme un tiempo. Mi idea era pasarme a otro género y cuando llegue el momento, si siento que tiene que hacerlo, escribir un thriller, terror, romántica... No sé en específico, pero tengo claro que voy a seguir escribiendo. Lo que sí quiero es seguir contando historias, en Instagram o en YouTube. Tengo un trabajo en el que vivo muchas cosas o anécdotas, mi deporte tiene historias o leyendas de piedras malditas que nadie ha levantado y cosas así. Me gustaría trasladar eso desde otro formato.

Por último, ¿nos regalaría alguna de esas anécdotas en exclusiva?

-En el mundillo de los bomberos, hay un vocabulario que solo utilizamos nosotros. Un bombero puede ser una nube blanca o una nube negra. Una nube blanca es un bombero que está de guardias tranquilas en las que nunca pasa nada. Una nube negra es al que siempre le pasa de todo: el incendio gigante... El primer día que empecé a trabajar el relevo era a las 9.30. A las 9.31 sonó la txitxarra y tuvimos una salida... A los dos días tuvimos un incendio industrial de los más grandes de los últimos años. Para mí es muy gracioso que cuando voy a trabajar -hago bajas y cambio constantemente de turno- a un parque nuevo, aunque yo no conozca a la gente, han oído hablar de mí y van diciendo: “Ostia, nube negra”, (risas). Un oficio más mío es traer un poco de mala suerte, pero luego en general todo suele acabar bien.