El Barcelona cabalgó por Arabia Saudí a lomos de Raphinha, que con dos goles en la final –sumados a los otros dos en la semifinal– impulsó al conjunto culé hacia el título de la Supercopa de España ante un Real Madrid que entregó el dominio de la posesión y se encomendó al contraataque, con un Vinicius que fue la mayor amenaza blanca. Hansi Flick sigue de dulce, con ocho victorias en ocho finales entre el Bayern Múnich y el Barça, con una propuesta con el balón que dio el gobierno del partido a sus discípulos, con Pedri y De Jong, quien terminaría expulsado, ejerciendo como maestros de ceremonias, imponiendo el compás del juego, por momentos pausado y en otros trepidante, porque así fue el partido, cargado de emoción y alternativas.
El encuentro arrancó con el Barça monopolizando la posesión, lo que terminaría siendo una tónica debido a la propuesta de un Madrid que aguardaba paciente en su territorio para lanzar poderosos contragolpes a la carrera. Minutos de tanteo, de máximo respeto, con rivales focalizados en erradicar riesgos. El ritmo era pausado, perezoso, con una circulación lenta y previsible por parte culé.
El primer disparo, al filo del cuarto de hora, fue de Vinicius, que dispuso de una buena ocasión para romper el equilibrio. Eric García respondió con un cabezazo que golpeó en Carreras cuando el balón enfilaba el gol. Chispazos en un choque apagado.
El duelo estaba encorsetado, abrazado al aspecto táctico. Un pisotón de Carreras sobre Lamine Yamal elevó un punto la tensión del Clásico, un tanto adormecido. Parecía que solo un error podría decantar la balanza. La tropa de Hansi Flick se armaba de paciencia con pases de seguridad, con De Jong y Pedri haciendo a su antojo, y la de Xabi Alonso cerraba espacios. Dominaba el cuadro catalán pero sin generar peligro. Raphinha disparó para poner algo de picante.
La pausa de deshidratación rompe el partido
La pausa de deshidratación paradójicamente desabrochó el duelo. Gonzalo, Fermín y una oportunidad clarísima de Raphinha con un magistral pase de Yamal sucedieron al parón. Cambio de ritmo. En el 36, Raphinha se resarció para poner en ventaja al Barcelona con un disparo cruzado bajo las piernas de Tchouameni que anuló la estirada de Courtois.
El gol del Barça fue el preludio de los peores minutos del conjunto de Alonso. Los culés acumularon méritos con Fermín y Yamal para elevar la ventaja. El extremo se hacía presente tras acumular varios fallos ante un acertado Carreras. Si bien, fue Vinicius, en el 47, quien devolvió las tablas al marcador. La mayor amenaza blanca protagonizó una brillante arrancada desde casi la línea de cal izquierda, tiró un caño a Koundé y finalizó con un disparo al segundo poste. Era el bote salvavidas para el Madrid, que lograba resguardarse ante la tormenta culé.
Polémica decisión del árbitro
Cuando el plantel blanco aún se relamía con su tanto, Lewandowski correspondió a un genial pase filtrado de Pedri. El polaco definió de vaselina ante Courtois. Era el minuto 49. El colegiado había añadido tres minutos, pero siguió dejando correr el reloj, lo que aprovechó el Madrid para de nuevo establecer el empate en el luminoso de Jeddah. Gonzalo aprovechó un rechace tras la salida de un córner para marcar. Las protestas del Barcelona estaban justificadas.
Así, lo que se había presentado como un partido tibio, carente de emoción, se cerró con el estallido de la locura, con cuatro goles en apenas un cuarto de hora. Espectacular.
El partido se vuelve a descontrolar
La segunda mitad cobró temperatura. Cuando aún se desperezaba el acto, Vinicius buscó hacer diana. El brasileño era el objetivo de todos los ataques del cuadro blanco. El faro.
El duelo empezó a atascarse, con detenciones del juego producto de faltas que buscaban poner paz. El Barça perdió cierto control. Le costaba amasar posesión como lo venía haciendo. Pedri y De Jong perdían el timón. Los errores se multiplicaban en las zonas de los tres cuartos. Rodrygo pudo desatascar la cita, pero falló. Fue el prolegómeno de un nuevo estallido. El partido se rompió. Se volvió intenso, vibrante. Con idas y vueltas. El desgaste físico pasaba factura. Los espacios aparecían de la nada. La contienda estaba igualada, pero a la vez desatada. Trepidante. Con ambos protagonistas adoptando la verticalidad como camino hacia las ofensivas.
Courtois bloqueó un chut a bocajarro de Yamal, que hacía diabluras a campo abierto. Acto seguido, cuando el minutero marcaba el 73, Raphinha firmó su segundo tanto y la sentencia para el Real Madrid. El brasileño golpeó el esférico mientras se resbalaba. Asencio desvió el golpeo y Courtois quedó vencido, como una estatua, para observar cómo el balón besaba con fortuna la red.
Toque de corneta
El Madrid tocó la corneta. Mbappé saltó al césped. Zafarrancho de combate. El Barça se fue acostando sobre su área. La expulsión de De Jong en el 91 hundió a su equipo. Los pupilos de Alonso buscaron poner balones en el área. Rashford perdonó un mano a mano contra Courtois. Y en el último suspiro, de nuevo fuera del tiempo que concedió Munuera Montero como añadido, primero Carreras y después Asencio tuvieron el empate. Pero fallaron. El Barça reeditó el título de la Supercopa. Y está por ver qué sucede ahora, porque en los cinco Clásicos previos disputados en Arabia Saudí, el ganador conquistó la liga.