Por cuarto año consecutivo, la Supercopa de España se decidirá con un Clásico. La final entre el Barcelona y el Real Madrid se presenta como un examen de madurez en el ecuador de la temporada. A juzgar por los acontecimientos previos, no se trata exclusivamente de un partido que decidirá al campeón, sino de un encuentro que puede marcar el destino: en las cinco ocasiones anteriores en las ambos equipos se han enfrentado desde que el torneo se celebra en Arabia Saudí, el vencedor del Clásico se ha proclamado a la postre campeón de liga. Esto invita a pensar que se trata de un duelo con efectos secundarios de consecuencias determinantes.
Tras las semifinales de Jeddah, donde el Barcelona doblegó con contundencia al Athletic (5-0) y el Real Madrid apeó al Atlético de Madrid haciendo gala de su pegada (2-1), esta final se presenta con sensaciones enfrentadas pero con la voluntad de marcar territorio en la disputa del primer título de la temporada. Una cita en la que sin embargo los dos actores desestiman la atribución de un rol de favorito.
El Barcelona, en su pico de forma
El cuadro catalán asiste con el que puede catalogarse como su mejor pico de forma del curso. Es líder destacado de LaLiga y parece haber encontrado la tan ansiada regularidad. En la semifinal transmitió la imagen de un plantel imponente, una apisonadora. No solo compite, sino que lo hace con autoridad. Parece haber recuperado la identidad y transmite convicción. Acude a esta final sin urgencias, con la ambición propia de un club obligado a ganar, pero sin la ansiedad de sentirse cuestionado tras el crédito ganado en las últimas semanas.
Atesora además un dato que no resulta decisivo, pero que ejerce como pilar para la confianza: Hansi Flick ha ganado las siete finales que ha disputado como entrenador, en el Bayern Múnich y en el Barça. “Es un partido importante, queremos mostrar nuestra mejor versión. Tengo buenas sensaciones. Tenemos confianza y creemos que podemos ganar”, expresó el entrenador alemán, que desecha la condición de favorito: “No hay favoritos; una final es una final”.
El Real Madrid, a liquidar dudas
El plantel madridista, por su parte, encuentra en esta cita la oportunidad de sacudir las dudas que arrastra el proyecto de Xabi Alonso. El talento de la plantilla resulta incuestionable, pero el rendimiento colectivo pone en cuestión las aspiraciones. El juego no termina de fluir y los resultados parecen dependientes de individualidades. El equipo ofrece muestras de sentirse cómodo con balón y sin él, con tramos de desconexión durante los partidos que transmiten sensación de fragilidad en un conjunto acostumbrado a la estabilidad.
Si bien, los blancos llegan con el estímulo del éxito en el Clásico más reciente, el de liga, donde se impusieron por 2-1 el pasado octubre, en el marco de la décima jornada. No obstante, para Alonso en este nuevo capítulo de rivalidad en el marco de una final no existe un principal candidato. “Es un partido de fútbol. Una final. Todo puede pasar y estamos centrados en lo que tenemos que hacer y en cómo jugar el partido. Será un partido con momentos para todo. Tenemos que tener la energía necesaria”, manifestó el guipuzcoano, para quien una derrota podría ser crucial en su devenir en el banquillo madridista.
Mbappé se apunta al partido
Las noticias de última hora son positivas para el Real Madrid, que podrá contar con Mbappé después de su ausencia en la semifinal por molestias en una rodilla, una inyección de energía y esperanza. Se trata de un detalle nada desdeñable, como admite el propio Flick: “Actualmente, Mbappé es el mejor delantero”. La sola presencia del atacante francés podría motivar al Barça a replantear aspectos tácticos, como admitió el técnico culé: “Adaptaremos algunas cosas, como siempre hacemos”. Aunque Alonso advirtió de que “no somos kamikazes” y el riesgo será “controlado”. Es decir, Mbappé podrá gozar de minutos en cualquier caso, pero las últimas horas antes del cruce serán decisivas respecto a su concurso.
El Barça, mientras, dispondrá de un Lamine Yamal recuperado de los problemas estomacales que le condenaron a la suplencia contra el Athletic. “No lo voy a descubrir yo, a la edad que tiene y el nivel que ha dado... es fantástico. Es un jugador diferente pero no condiciona el planteamiento”, comentó Alonso sobre el extremo catalán.
Un escenario partidista
El escenario ofrecerá unas gradas en las que prevalecerán los seguidores del Madrid, lo que siempre representa un acicate. “Lo notamos. Lo sentimos. Pasa así por todo el mundo. Este es el club más grande. Estamos agradecidos. Nos encantaría sentirlo otra vez”, valoró Alonso. Por otro lado, Flick no concedió gran trascendencia al ambiente que se espera: “Aprecié mucho la temperatura frente al Athletic, el césped, el estadio es increíble. Está todo bien, fantástico”.
El contexto dibuja un choque entre un Barça que avanza con paso firme y un Real Madrid que camina sobre terreno inestable. La fotografía es clara: uno se presenta desde la convicción y otro apela a la necesidad. Pero en el fútbol nada está escrito. Caprichoso como es, la final permitirá invertir los papeles. La Supercopa decidirá al campeón y podrá marcar tendencias. El equipo culé estará en condición de consolidar su dinámica positiva y reforzar su confianza, mientras que el madrileño podría silenciar las dudas con un trofeo que además haría olvidar el desenlace de la anterior final, en la que el Barça firmó un histórico 2-5. El Clásico podrá marcar el destino.