“Cuando el trabajo acapara casi toda la identidad, existe un mayor riesgo de desgaste”
Pedir ayuda a tiempo, marcar límites y cultivar un “yo” más allá de los laboral son algunas de las pautas clave para proteger el equilibrio emocional
En un contexto de transformación constante del mercado laboral, la salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos dentro de las organizaciones. El aumento del estrés crónico y la dificultad para desconectar están dejando una huella cada vez más visible. Víctor Viciana, director del centro y responsable del área laboral analiza esta realidad.
A grandes rasgos, ¿cuál es la situación de la salud mental en el entorno laboral?
En mi experiencia clínica, la definiría como preocupante. Estamos ante un aumento notorio de ansiedad, agotamiento emocional y sensación de desbordamiento, especialmente en perfiles con alta autoexigencia y en contextos de gran incertidumbre. Cada vez más personas no vienen a consulta por un problema puntual, sino por una sensación sostenida de desgaste acumulado.
¿Qué factores considera que incrementan el nivel de estrés ?
Destacaría tres motivos principales. El primero es la incertidumbre estructural: cambios constantes en objetivos, reorganizaciones, inestabilidad y expectativas difusas. El segundo es el choque de modelos organizativos. Se habla de flexibilidad, autonomía y meritocracia, pero se sigue midiendo por disponibilidad constante y presencia implícita. Esa incoherencia genera una presión invisible. Y en tercer lugar, la autoexigencia y la cultura del rendimiento.
“El cansancio persistente que no mejora con el descanso es una de las señales más claras a las que se debe prestar atención”
¿Influye en la percepción que tenemos de nosotros mismos?
Sí. La identidad profesional ocupa cada vez más espacio en el autoconcepto, lo que hace que cualquier dificultad laboral tenga más impacto emocional. No es solo que trabajemos más, es que vivimos el trabajo con más carga psicológica.
¿Qué diferencia el ‘burnout’ del estrés laboral puntual?
El estrés puntual es una reacción adaptativa ante una demanda concreta , como un pico de trabajo o un proyecto exigente, y suele remitir cuando la situación se resuelve. El ‘burnout’, en cambio, es un proceso progresivo de desgaste crónico. Aparece en personas muy implicadas que han mantenido una sobreinversión emocional durante mucho tiempo sin los recursos suficientes. El cansancio profundo, el cinismo o la desconexión no son apatía, sino una respuesta defensiva ante un exceso de implicación sostenido.
¿Qué impacto tiene el liderazgo y la cultura empresarial?
El impacto es determinante. Cuando no hay encaje entre los valores de la persona y la cultura de la empresa aparece un desgaste interno constante. Un buen líder organiza y contiene la presión, mientras que uno mal preparado la transmite sin filtro. Muchas veces no nos enferman las tareas en sí, sino la forma en que se gestionan y el clima emocional en el que se exige que la cumplamos.
¿Qué señales de alerta deberían identificarse?
A escala individual, el cansancio persistente que no mejora con el descanso es una de las señales más claras. Se suman la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, la desconexión emocional y las dudas constantes sobre uno mismo. A nivel organizativo, la alerta se dispara cuando las demandas son crónicamente inasumibles y la presión se convierte en la norma, sin ofrecer espacios reales para la recuperación.
“El ‘burnout’ aparece en personas que llevan mucho tiempo haciendo una sobreinversión emocional sin los recursos suficientes”
¿En qué aspectos se perciben los efectos de la falta de conciliación?
La conciliación solo protege cuando es real y ejecutable. Va más allá de los horarios: se trata de poder desconectar mentalmente. Cuando el trabajo ocupa casi toda nuestra identidad, sube el riesgo de sufrir desgaste. Por esta razón, desarrollar distintos roles personales más allá del profesional funciona como barrera de protección frente al ‘burnout’.
¿El teletrabajo mejora o empeora el bienestar?
Depende de los límites y de la cultura que lo acompañe. Puede mejorar la calidad de vida si reduce desplazamientos y aumenta la autonomía. No obstante, si diluye los horarios y convierte la jornada en disponibilidad permanente, aumenta el riesgo de sobreimplicación y desgaste. El problema no es trabajar desde casa, sino no poder desconectar.
¿Qué medidas deberían implementar las empresas?
No existe una fórmula única, pero sí pilares como la formación real en liderazgo, la evaluación periódica y anónima del clima laboral y las políticas efectivas de desconexión digital respaldadas por la cultura interna. Cuidar la salud mental protege la productividad y evita el desgaste que la deteriora a medio plazo.
¿Qué aconsejaría a un trabajador que tiene miedo de expresar que se encuentra al límite?
Que no tome decisiones basadas solo en interpretaciones. Al estar agotados es fácil asumir que comunicarlo tendrá consecuencias negativas. A veces, la empresa no es del todo consciente del nivel de desgaste. Comunicar a tiempo permite activar recursos y previene consecuencias más graves. Levantar la mano no es debilidad, es prevención.