Quousque tandem...!

Tiempos de cambio

24.01.2021 | 00:58
Tiempos de cambio

las empresas guipuzcoanas se están preparando ya para afrontar de la mejor manera posible la nueva etapa de recuperación económica postCOVID-19, que va a estar ligada a la evolución de la pandemia, tanto en lo que se refiere a la consolidación y fortaleza de su actual actividad como a la creación de nuevas unidades de negocio para seguir manteniendo el alto nivel de competitividad que tenían con anterioridad a la epidemia.

La crisis económica, -que ha cortado de raíz el crecimiento de los últimos diez años que registraba nuestra economía-, ha provocado una recesión jamás conocida por su virulencia y las graves consecuencias que está ocasionando, lo que ha dado lugar a que en el seno de las empresas se haya producido una reflexión sobre su futuro y la necesidad de realizar cambios para preservar su actividad y garantizar su competitividad.

Esta búsqueda de nuevas soluciones para afrontar de la mejor manera posible el nuevo escenario económico está provocando, en algunos casos, discrepancias entre los órganos de gobierno de las empresas y sus equipos directivos, anclados en el entorno hasta ahora conocido y acostumbrados a una forma de hacer que las circunstancias actuales indican no son las mejores para afrontar la nueva realidad. Es un cambio de paradigma y de modelo en el seno de las empresas que requiere de nuevos perfiles profesionales.

Esta situación está provocando en empresas de capital la salida de directivos que parecen no encajar con las nuevas directrices planteadas por sus respectivos consejos de administración. Circunstancias parecidas también se producen en el mundo cooperativo, tanto en empresas pertenecientes a la Corporación Mondragon, como fuera de ella.

Como consecuencia de ello, se está produciendo un fenómeno inédito hasta ahora en Gipuzkoa por su volumen e intensidad en el que un gran número de directivos no solo de primer nivel, sino aguas abajo en la estructura de dirección de las empresas, están en situación de disponibilidad y con un ojo puesto en el mercado profesional para dar el salto a otra empresa en el momento en que la oportunidad se produzca. Aunque es muy difícil de cuantificar, el número de directivos de todos los niveles que podrían encontrarse en esta situación podría alcanzar el centenar.

Aunque esta situación en la que viven algunas de nuestras empresas pueda parecer a simple vista inestable e incierta, sin embargo no es en absoluto extraña porque responde al momento tan excepcional en el que vivimos, ya que en períodos económicos convulsos la consecuencia es que se produzcan cambios directos en los equipos directivos. Una situación que no solo se da aquí, sino también en otros países del mundo.

Por eso, el reto que tenemos como país en este momento de cambio que vivimos es encontrar a las personas adecuadas para garantizar la pervivencia de nuestras empresas y su capacidad competitiva porque de ello depende también nuestro futuro.

Es necesario un cambio de cultura entre los profesionales, en donde la cualificación, por muy alta que sea, no debe ser el único valor a tener en cuenta, sino que hay que sumar otros como la atención permanente a los cambios de todo tipo que se están produciendo en el mundo, la capacidad de innovación que permita abordar nuevas inversiones y poner en marcha nuevos modelos de negocio, contar con una visión global de la actividad, la internacionalización como único escenario de mercado, etc.

Estamos en un mundo totalmente cambiante donde los plazos de transformación se están reduciendo cada vez más. Si antes los ciclos económicos se daban en 10 años, ahora hemos pasado a periodos de cinco o seis años y en el futuro ese tiempo puede reducirse a tres años. Esa situación de cambio permanente hace que las empresas deban estar continuamente innovando y ejercitando el intraemprendimiento con la creación de nuevas líneas de negocio y la puesta en marcha de start-ups con lo que se genera un modelo de compañías tractoras que dinamizan y engrasan todo el tejido productivo de un país.

En ese escenario contamos con un hándicap importante como es, al igual que ocurre en el terreno de los profesionales técnicos, el déficit de talento que cuenta Euskadi de directivos capaces de asumir el nuevo reto postCOVID-19 al que deben enfrentarse nuestras empresas desde un planteamiento global para mantener y reforzar su competitividad. La actual coyuntura puede ser una magnífica oportunidad para atraer a profesionales que posean ese perfil requerido y que estén trabajando fuera de Euskadi. El problema, nuevamente, es el nivel salarial que percibe un directivo en el extranjero y el que puede tener aquí. Sin embargo, al igual que ocurre con los técnicos, este país ofrece una serie de aspectos que le hacen atractivo y que pueden compensar la pérdida de nivel salarial que pudiera existir.

Con todo, debemos decir que nuestras empresas industriales, en general, salvo sectores muy específicos, van a salir de la crisis del COVID-19 sin perder tanto su nivel de competitividad como ha podido ocurrir en el Estado o algunas regiones de Europa, lo que da una gran solidez para afrontar con ciertas garantías el futuro.

En este sentido, BBVA Research, en su último análisis sobre la situación de las regiones hecho público el pasado viernes, señala que la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) liderará el crecimiento económico en el Estado en el año 2022 con un aumento del 7,5% de su PIB, gracias al impulso que los fondos europeos "Next Generation" van a suponer a su industria en términos de inversión. La CAV es la única región que lidera el crecimiento en el Estado en el sector industrial por detrás de Baleares con una subida del 11% y Canarias con un aumento del 9,6% provocados por la recuperación del turismo que es su principal fuente económica.

Nuevamente, la apuesta histórica que se ha hecho en este país por la industria, haciendo caso omiso a otros modelos económicos y que supone en la CAV el 25% de su PIB frente al 16% de la media del Estado español, está demostrando una mayor capacidad de resiliencia ante las crisis y una mejor disposición para afrontar los nuevos retos que nos esperan. El futuro nos aguarda.