Revoluciones industriales, valles de la muerte y nanotecnologías
de acuerdo con bastantes economistas, las grandes fases de crecimiento y de crisis que ha ido atravesando el capitalismo están ligadas a la aparición y despliegue de unas grandes tecnologías de utilidad general: la máquina de vapor, la electricidad? Asimismo se sostiene que cada vez más los grandes avances tecnológicos tienen una base científica detrás. Y entre las últimas grandes tecnologías de utilidad general, con una gran base científica, que revolucionarán la economía y darán lugar a una larga fase de expansión, se citan las tecnologías de la información y comunicación (TIC), las biotecnologías y las nanotecnologías.
No obstante, desde el momento en que se empieza a invertir fuertemente en el desarrollo de estas tecnologías (años 70 en las TIC, años 90 en las bio y primera década de este siglo en las nanotecnologías) hasta que se despliegan realmente por la sociedad y, superando un cierto “Valle de la Muerte”, dan lugar a una revolución industrial transcurre un cierto tiempo. La estrategia Industria 4.0 lanzada por Alemania esta década y que muchos otros lugares, entre ellos el País Vasco, tratan de replicar es un esfuerzo en acelerar el despliegue de las TIC en la industria, para que tenga lugar la llamada “cuarta revolución industrial”. Pero similares revoluciones pueden acontecer en las biotecnologías y, sobre todo, en las nanotecnologías, si se logran transferir a la economía las revoluciones que se están dando en el ámbito científico y tecnológico.
Consciente de esas tendencias y de lo que supondrían en el futuro, el País Vasco apostó, desde comienzos del cambio del milenio, por las biociencias y las nanotecnologías. La inversión en ellas realizadas cabe calificar de muy exitosa en lo que se refiere a generación de capacidades científico-tecnológicas (además de en la atracción de talento, cambio de cultura científica, disponibilidad de grandes equipamientos científicos?). Pero, junto a eso, todos los análisis muestran que su introducción en el mundo empresarial es todavía muy baja. Hay un gran problema de transferencia del conocimiento así generado en los centros científico-tecnológicos hacia las empresas, en buena medida porque éstas no tienen capacidad de absorción de tal conocimiento.
Esto hace que algunos cuestionen qué interés tiene realizar o mantener tales inversiones, más aún en tiempos de crisis, si estas no tienen reflejo en empleos o actividad económica más allá de los correspondientes a los investigadores de tales centros. Y ciertamente, si estuviéramos ahora en el momento cero de lanzar tales estrategias, quizá debería haberse puesto algo menos énfasis en la creación de esa capacidad en los centros de investigación (lado de la oferta), y algo más en la generación de esas capacidades de absorción en las empresas (lado de la demanda). Pero en el día de hoy eso solo se puede plantear como lección aprendida para el futuro: de no disociar tanto las políticas de oferta y las de demanda. Puesto que, cara a qué hacer en el presente, lo más rentable que resulta es ver cómo lograr rentabilizar al máximo las inversiones realizadas y que tenga realmente lugar esa transferencia de conocimiento de los centros de investigación a las empresas. Es de eso, precisamente, de lo que se ha ocupado el proyecto Nanotransfer, desarrollado dentro de un programa Etortek, cuyos resultados se han presentado recientemente.
En la última reordenación de la red vasca de ciencia y tecnología ya se ha adoptado alguna medida a ese respecto, como puede ser la de establecer que para el año 2020, para ser acreditados, los Centros de Investigación Cooperativa (CIC) deberán obtener un 30% o más de sus ingresos futuros de fuentes privadas (esto es, básicamente de proyectos de investigación que concierten las empresas con ellos). Ciertamente, es una medida que ha impulsado a los CIC a prestar mucha más atención a la aplicabilidad y comercialización de sus investigaciones que hasta ahora. Pero visto el actual grado de desarrollo de las capacidades empresariales en los ámbitos de biociencias y nanotecnologías, dicho objetivo es prácticamente imposible que pueda ser alcanzado; y precisamente por esa sensación de ser imposible de alcanzar, puede provocar en tales centros más una respuesta de paralización que de movilización.
En el proyecto Nanotransfer al que antes se ha hecho referencia se muestra que el conocimiento puede fluir de los centros de investigación a las empresas por muchos más canales, no solo formales sino también informales, que por la mera contratación de proyectos de I+D (por ejemplo, por la movilidad de los investigadores). Por otra parte, radicando el principal problema en la capacidad de absorción de las empresas, habría que tratar de incidir más en aquellos otros mecanismos que posibilitan la generación de tales capacidades, así como en el estudio de los diferentes factores que, dentro de cada mecanismo, actúan como barreras a dicha transferencia o como incentivadores o facilitadores de la misma.
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